En territorio de cronopios: la biografía de Cortázar por Mario Goloboff

Margarita Mateo Palmer

 

 

 

 

 

 

 

Pueden llegar a ser muy caprichosas las figuras conformadas por el azar cuando alguien penetra inadvertidamente en el imprevisible territorio de los cronopios. Hace muchos años —en 1989, para ser más exacta— formulé una pregunta sobre la obra de Roberto Arlt a mis estudiantes de cuarto año de Letras de la Universidad de La Habana, un grupo que por su mirada apasionada y transgresora de la literatura, recuerdo aún con bastante nitidez. La pregunta en cuestión decía así:

Según Mario Goloboff en El juguete rabioso el motivo del invento deviene metáfora de lo imaginario, de la creación artística. A partir de este juicio, el crítico argentino expresa: «lo que se quiere inventar es una literatura, una máquina literaria mortífera con su efectividad: destruir, fijar. De este modo la literatura, instrumento rabioso y colérico, se convierte en un juguete en las manos de Roberto Arlt». Analice esta opinión a partir del texto estudiado en clase.

Las respuestas fueron muy interesantes, pero en particular llamó mi atención el análisis de un alumno, Modesto Milanés —hoy autor de un pequeño y enjundioso volumen, Escala crítica—, hasta el punto de que conservé su examen entre mis papeles sobre Arlt. Ello me ha permitido recuperar ahora literalmente un cuestionario que de alguna manera —a través de esas extrañas figuras que teje lo contingente— establece un diálogo sutil con la biografía de Julio Cortázar realizada por Mario Goloboff. No solo porque el autor de Rayuela admiró mucho «la enorme fuerza creadora» de Arlt, más allá de los descuidos estilísticos de su prosa, y consideró que «la ciudad que hay en Bestiario » debe mucho a ese «fondo de calles porteñas […] iluminadas o enternecidas por Remo Erdosain, guía mayor de esta visión abismal de un Buenos Aires que otros escritores argentinos de ese tiempo no habían sabido darme», sino porque, al igual que el autor de Los siete locos —aunque utilizando una metáfora muy diferente, la del túnel, que «destruye para construir»—, su escritura obedece a un impulso creador que juega gozosamente con esa máquina de invenciones que es la literatura para lograr una renovación constante. Es este uno de los rasgos de la poética de Cortázar subrayado por Mario Goloboff en su profundo y abarcador acercamiento a la vida y la obra de este autor. En su breve introducción al libro, el estudioso argentino apunta:

Comprendí, al repasar su obra entera, que siempre se trató de un verdadero perseguidor: de nuevas formas, de nuevas aventuras, de nuevas posibilidades para la literatura. Un escritor que, una vez alcanzado el éxito con alguna obra, con alguna nueva experiencia, no repetía la receta, buscaba otros caminos, se arriesgaba nuevamente, y ello hasta el final. Esta es una virtud poco común, aun entre grandes artistas.

Publicada inicialmente en 1998 por Seix Barral aparece ahora bajo el sello de Arte y Literatura Julio Cortázar: la biografía, un abarcador acercamiento a uno de los principales escritores latinoamericanos, y también, uno de los intelectuales más polémicos y controvertidos del pasado siglo xx. Entre las muchas posibilidades de indagación que ofrece una figura tan compleja y diversa como Cortázar, Goloboff delimita claramente desde los inicios un horizonte fundamental para su estudio. Como advierte en el breve prólogo «Julio Cortázar en el siglo XXI »: «ante la personalidad polifacética, social, política, mundana de Cortázar, yo iba a elegir el eje que consideraba esencial, iba a escribir la biografía de un hombre de letras». Es así que este recuento biográfico tiene una coordenada privilegiada, aquella que lo vincula con su obra y su quehacer intelectual.

Una de las mayores virtudes de este libro es el modo en que va estableciendo las relaciones entre la vida y la obra del autor. No se trata, desde luego, de vínculos directos entre las experiencias vitales del creador y su escritura, sino de atisbos muy sutiles, mediados por complejas y tenues urdimbres. Así, por ejemplo, en cuentos como «Las ménades» o «La banda » se ofrece una lectura que toma en cuenta el panorama musical argentino bajo la política cultural del peronismo que contempló, entre otros muchos eventos, las funciones especiales y gratuitas para los gremios en el teatro Colón. Otros relatos como «El perseguidor» o «Alguien que anda por ahí» son iluminados por la información que sobre ellos brinda Goloboff. Del mismo modo, se analizan con particular lucidez y objetividad las muchas polémicas en las que se vio envuelto Cortázar a partir de sus opiniones sobre la literatura y las funciones del intelectual latinoamericano, así como las diversas disyuntivas en que lo situaron las vertiginosas encrucijadas políticas de una época de particular densidad ideológica. Ejemplo de ello son los intercambios sostenidos con Oscar Collazos o José María Arguedas, los debates suscitados a partir del denominado caso Padilla, y más adelante, a raíz de la publicación de Libro de Manuel, los reparos expresados por parte de la intelectualidad argentina, a los que respondió sucinta y terminantemente el escritor. Es de agradecer la inclusión, como apéndice, de las opiniones vertidas entonces por autores como María Rosa Oliver, Ricardo Piglia, Jorge Abelardo Ramos o Haroldo Conti. Aunque, como ya se ha dicho, no es interés de esta biografía penetrar zonas de la intimidad del autor —mantenidas sobriamente al margen del discurso esencial—, ni hacerse eco de los cotilleos y especulaciones sobre su vida amorosa, sí aparecen algunos datos y comentarios importantes sobre las tres mujeres fundamentales de su vida: Aurora Bernárdez, a quien conoció en Buenos Aires, a través de algunos amigos, en 1948; Ugné Karvelis, que había revisado las pruebas de una selección de sus cuentos editada por Gallimard y con la que entabló una relación más estrecha en Cuba en 1967; y el gran amor aparecido al final de su vida, Carol Dunlop. Sobre una cuarta figura femenina, la enigmática Esther, conocida durante la travesía en el barco que lo llevó a París en su viaje inicial de 1950 y de la cual surgirá el personaje de La Maga, también se ofrecen interesantes informaciones.

Puede apreciarse, a través de los diversos capítulos que integran este libro, la minuciosa labor de búsqueda realizada por Mario Goloboff, quien incluye disímiles testimonios, entre los que sobresalen aquellos de la época en que Cortázar fue un solitario maestro de provincias o un fugaz profesor de la Universidad de Cuyo. Ha logrado, entonces, el autor de este recorrido por la vida y obra del gran escritor, la muy difícil tarea de conjugar, como se había propuesto, la labor del biógrafo con la de crítico literario. Es en este difícil equilibrio, expresado amenamente a la vez que con rigor, objetividad e inteligencia, que encuentro uno de los principales valores de su libro.