Raúl Gómez Jattin

Autor excepcional en la poesía colombiana del siglo xx, Jattin publicó en vida los cuadernos Poemas (1980), Tríptico cereteano (1988), Hijos del tiempo (1989) y Esplendor de la mariposa (1993). Póstumamente vio la luz Poemas de la locura (1998). Su obra ha sido reunida en dos antologías personales: Poemas 1980-1989 (Editorial Norma, 1995) y Amanecer en el valle del Sinú (Fondo de Cultura Económica, 2004). Raúl Gómez Jattin nació en Cartagena de Indias, Colombia, en mayo de 1945. Hijo de padre colombiano y madre libanesa, su infancia transcurrió en Cereté y otros pueblos del norte de Colombia. Al terminar los estudios básicos fue enviado a Bogotá para iniciar la carrera de Derecho, suspendida después de incursionar en el teatro y el estudio de la cultura griega. Luego de algunos años regresó a Cereté donde inició la carrera poética, publicando su primer libro a la edad de 35 años. Los últimos diez años de su vida transcurrieron en Cartagena, en medio de graves episodios de locura, consumo de sustancias alucinógenas y vida licenciosa, alternados con talleres de teatro y poesía que dictaba en el Museo de Arte Moderno y en la Universidad de Cartagena. Sumido en la indigencia total, falleció en mayo de 1997.

El dios que adora
Soy un dios en mi pueblo y mi valle
No porque me adoren sino porque yo lo hago
Porque me inclino ante quien me regala
unas granadillas o una sonrisa de su heredad
O porque voy donde sus habitantes recios
a mendigar una moneda o una camisa y me la dan
Porque vigilo el cielo con ojos de gavilán
y lo nombro en mis versos Porque soy solo
Porque dormí siete meses en una mecedora
y cinco en las aceras de una ciudad
Porque a la riqueza miro de perfil
mas no con odio Porque amo a quien ama
Porque sé cultivar naranjos y vegetales
aun en la canícula Porque tengo un compadre
a quien le bauticé todos los hijos y el matrimonio
Porque no soy bueno de una manera conocida
Porque no defendí al capital siendo abogado
Porque amo los pájaros y la lluvia y su intemperie
que me lava el alma Porque nací en mayo
Porque sé dar una trompada al amigo ladrón
Porque mi madre me abandonó cuando
precisamente
más la necesitaba. Porque cuando estoy enfermo
voy al hospital de caridad. Porque sobre todo
respeto solo al que lo hace conmigo. Al que trabaja
cada día un pan amargo y solitario y disputado
como estos versos míos que le robo a la muerte.

Pueblerinos
Frente al mar olvidaba aquellos hombres rudos
mensajeros de un mal que hoy me parece triste
Autoridades fieras del poder de los otros
Agresores gratuitos del niño que yo era


Ante el mar encendí mis primeros poemas
defendiendo mi causa de sus asolaciones
Altanera multitud que quería imponerme
una verdad no hecha a mi ser ni medida


Hoy los veo deambular por el mar de la vida
con la cabeza oculta bajo la sombra grave
de sus mediocridades adornadas de oro
Y sus hijos son sombras de sus sombras marchitas
debilidades ciegas que esa edad germinó
Y yo mismo me apeno ante ese tiempo amargo


Junto al mar me consuelo y recuerdo sus ojos
Padres e hijos son calcomanías oscuras
de ese mal que no cura pero tampoco mata
de ser hombres de río con el alma negada.

Siento que la muerte me ama
y me busca para llevarme a su inframundo
Siento que tiende trampas a mi alrededor
y me llama luctuosa a festejar mi entierro
La muerte intenta enloquecerme de terror
trastoca los caminos de mi sueño
y me dicta implacable estos versos
Pero la muerte no sabe que el poema
es un escudo —una espada— una armadura
en la guerra de los días
y que en cada verso me entrego a la vida
y esta se me devuelve multiplicada.

Pequeña elegía
Ya para qué seguir siendo árbol
Si el verano de los años
Me arrancó las hojas y las flores
Ya para qué seguir siendo árbol
Si el viento no canta en mi follaje
Si mis pájaros migraron a otros lugares
Ya para qué seguir siendo árbol
Sin habitantes
A no ser esos ahorcados que penden
De mis ramas
Como frutas podridas en otoño.

Li-Po
Las flores del duraznero han caído a la grama
Tienen algo de caracola o de piel sonrosada
El viejo poeta chino se levantó muy temprano
y triste ha sorprendido el desastre del viento
Anoche se embriagó con unos nuevos amigos
que anduvieron muchos días para conocerlo
Todavía conserva en el bolsillo el poema
escrito con afecto por uno de ellos
en la mano una copa de vino
y bebe emocionado mientras mira las flores
Ha escrito tantos versos como ha podido
y siente a la muerte vigilándole los pasos
Beberá todo el día y al anochecer la luna
lo llamará en silencio a mirarla borracho
a perseguir su brillo entre las hojas húmedas
en el reflejo sobre los montes lejanos
y en el agua del río Amarillo la mirará
más hermosa que en lo alto del cielo
y borracho creerá realizado el milagro
de tocarla y mirarla de cerca y besarla.

Me defiendo
Antes de devorarle su entraña pensativa
Antes de ofenderlo de gesto y de palabra
Antes de derribarlo
Valorad al loco su indiscutible propensión a la poesía
Su árbol que le crece por la boca
Con raíces enredadas en el cielo
Él nos representa ante el mundo
Con su sensibilidad dolorosa como un parto

Conjuro
Los habitantes de mi aldea
Dicen que soy un hombre
Despreciable y peligroso
Y no andan muy equivocados
Despreciable y Peligroso
Eso han hecho de mí la poesía y el amor
Señores habitantes
Tranquilos
que solo a mí
suelo hacer daño.