William Butler Yeats: un irlandés mágico

(Evocación en el sesquicentenario del autor)

Mayerín Bello

 

Poeta, dramaturgo, ensayista; visionario, patriota, apasionado del folclor irlandés: he aquí dos tríadas que pudieran multiplicarse —y también subdividirse— para diseñar con más propiedad la personalidad intelectual y humana de William Butler Yeats (Sandymount, Dublín, 1865 - Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1939). Un hermoso libro de Eliseo Diego, Conversación con los difuntos, lo dio a conocer fugazmente al público cubano en 2005, al verter al castellano tres de sus poemas. En la brevísima semblanza que hace de Yeats, con certeras pinceladas quedan esbozados el poeta, el dramaturgo, y su «mágica» presencia:

El inglés Max Beerbohm […] nos cuenta en un breve ensayo cómo conoció por primera vez a Yeats. Beerbohm y Aubrey Beardsley —quizás el mejor dibujante del ocaso victoriano— asistieron una noche del año de 1893 al estreno de cierta obra dramática a la que debía preceder, como entrante o entremés, una pequeña pieza de Yeats titulada La tierra que el corazón anhela. Parece que los actores no tomaron muy a pecho su trabajo, pues la obra resultó tan confusa como inaudible. Pero en el público había no pocos irlandeses, y Yeats era ya uno de los más ardientes partidarios y renovadores de la cultura de su misteriosa Isla. De modo que hubo aplausos y algunos gritos pidiendo la presencia del Autor en el escenario. «Percibí un leve temblor donde se juntaban una a otra las cortinas —dice Beerbohm— y vi entonces una fisura que nos revelaba (según supuse por un momento) una tiniebla no iluminada detrás de las cortinas —el desgarro blanco de una camisa de etiqueta, y encima el desgarro blanco de un rostro humano—; y comprendí que mi tiniebla insustancial era en realidad un frac, con el Autor adentro. Y el desgarrón blanco de la cara del Autor estaba cortado al medio por un desgarro menos negro que la tiniebla, y era un mechón del pelo color cuervo del Autor… Todo resultaba bien embrujado y memorable».

A Yeats le fascinaban oír los mitos y leyendas que al caer la tarde se contaban entre sí los campesinos. Siempre creyó que la poesía era mejor para hablada que para leída. Dejémosle así en la semipenumbra en que Beerbohm por primera vez lo viera. Cierta veladura no le va mal a este irlandés mágico.1

Si pasamos revista a algunas circunstancias de su vida que van a incidir en su credo estético y en su visión trascendentalista de la vida, así como en su actuar cívico y político, lo primero a señalar sería el apego a su Irlanda natal, en particular al Condado de Sligo, sitio en el que transcurre su niñez y al que vuelve con frecuencia, una vez que sus padres se han establecido en Londres. La cultura céltica, legado que lo apasiona, es estímulo para su poderosa imaginación.

El padre de Yeats era un pintor prerrafaelista y un amante del arte teatral, y estimulará el temperamento artístico del hijo. Al no prosperar en Londres la familia regresa a Irlanda, donde el joven intentará completar una educación académica (por ejemplo, estudia pintura en Escuela Metropolitana de Arte de Dublín). Pero sus entusiasmos van en otras direcciones: la poesía, en primer lugar; y el ocultismo… también en primer lugar. Su adhesión a las sociedades herméticas en Dublín, luego al Grupo teosófico de Londres, su asistencia a sesiones espiritistas, lo muestran ya por un rumbo que no abandonará y lo llevará a conformar su propio mundo visionario, una espiritualidad que se aparta de las rutas habituales de las religiones establecidas. Estamos en la década del ochenta del siglo XIX, que ve también el nacimiento del poeta.

La impronta romántica y el aliento simbolista. El renacimiento céltico.

No es casual que el primer libro de poemas de Yeats lleve por título Las errancias de Oisin (o de Ossián, como suele también conocérsele al bardo y héroe celta), publicado en 1889, y que sea el guerrero Cuchulain un personaje recurrente en su producción poética y dramática. Dos ricos ciclos de leyendas exhibe el folclor céltico, el llamado Ciclo de Ulster y el Ciclo feniano u ossiánico. La vida y las hazañas de Cuchulain conforman el primero. 2 El héroe es hijo del dios Lug. La herencia divina potencia su arrojo pero no le confiere la inmortalidad. Grandeza y humanidad son atributos que enriquecen la figura y la dotan de dramatismo. El otro ciclo épico se centra en Finn Mac Cumhail o MacCool, un bardo legendario de los siglos II y III. Sabiduría, cultivo de la poesía y valentía son sus dotes principales. Fenianos —derivación del nombre de Finn— se llaman los guerreros-poetas que lidera, y Oisin-Ossián es su descendiente.3

He aquí, por ejemplo, un famoso poema de este período romántico-simbolista:

A la rosa que está sobre la cruz del tiempo
¡Rosa roja, orgullosa Rosa, triste Rosa
de mis días!
Acércate mientras canto antiguas
tradiciones:
Cuchulain combatiendo con la fiera
marea,
el canoso Druida, criado en el bosque,
de ojos calmos,
que sumió en sueños a Fergus, y en la
ruina,
y tu propia tristeza, de la que las
estrellas, envejecidas
de bailar con sandalias de plata sobre
el mar,
cantan con su alta y solitaria melodía.
Acércate: que, no cegado ya por el
destino humano,
bajo las ramas del amor y del odio hallo
en cuantas cosas necias viven un solo día,
la belleza eterna, errante en su camino.

¡Acércate, acércate mas deja
un hueco con que llenar tu aliento!
Para no oír más cosas vulgares que
imploran,
la larva que se oculta en su agujero,
el ratón que junto a mí cruza la hierba
y esperanzas mortales que se afanan y
pasan;
sino que solo busque las extrañas cosas
dichas
por Dios a los que han muerto ya hace
mucho
y aprenda a cantar con una lengua
ignota.
Acércate; quiero, antes que mi tiempo
acabe,
cantar a la vieja Eire y sus leyendas.
¡Rosa roja, orgullosa Rosa, triste Rosa de
mis días!4

Se ha interpretado esta mirada al pasado nacional como una nueva estación romántica que gravita en torno al llamado renacimiento céltico. Esta empresa se benefició del liderazgo de la amiga y entusiasta colaboradora de Yeats, Isabella Augusta Lady Gregory (1852- 1932), con quien fundó aquel la National Literary Society en 1891, y en 1899 el Irish National Theater Society, que tendrá su sede en el Abbey Theatre de Dublín. La casa de Lady Gregory, en Coole Park, Condado de Galway, va a ser una especie de sede del renacimiento cultural irlandés, y también refugio de Yeats. Lady Gregory se destacó ella misma como dramaturga y recopiladora del folclor de su país. La revitalización y difusión de la mitología irlandesa, si bien entronca con el rescate del pasado nacional tan caro al romanticismo, no refleja una mirada nostálgica —al menos, no solo— sino la proyección hacia el presente de un pasado fecundo, sustento de la afirmación de una identidad cultural y política por la que luchaban tantos patriotas.

Las obras líricas de este primer período —la ya mencionada Las errancias de Oisin, La rosa (1893), El viento entre los juncos (1899), En los siete bosques (1904)—, así como el teatro que entonces escribe —La condesa Cathleen (1892), La tierra que el corazón anhela (1894), Cathleen de Houlihan (1902, en prosa), Deirdre (1907), entre otras— acusan varios influjos, entre ellos, de los prerrafaelistas, del simbolismo y del decadentismo. En ellas vibra esa atmósfera genuinamente irlandesa que caracterizará siempre la poesía de Yeats, presente, asimismo, en las leyendas célticas que compila en volúmenes como El crepúsculo céltico (1893) y La rosa secreta (1897).

Otros influjos y afectos determinantes

Entre los varios autores que se pudieran citar como decisivos para la formación de Yeats (los románticos Samuel T. Coleridge y Percy Shelley, los decadentistas Joris Karl Huysmans y Oscar Wilde, los simbolistas Auguste Villiers de L’Isle-Adam o Stefane Mallarmé), merece mención especial el poeta, pintor y grabador William Blake (1757-1827), cuya obra ayuda Yeats a editar y difundir. El mundo visionario de Blake, desplegado con especial fuerza en los Libros proféticos y en el Matrimonio entre Cielo e Infierno, va a constituir una de las principales referencias de la espiritualidad del irlandés. Para Blake como para Yeats, la facultad trascendental que hay en el hombre se manifiesta en su imaginación, en el genio poético, en el poder visionario que atraviesa la prisión de los sentidos y las apariencias para acceder a una dimensión infinita y redentora. En aquellos textos de ambos en que se exaspera la actitud visionaria, aparece una cosmogonía espiritual con sus propios signos oscuros, mientras que el sentimiento religioso adquiere la libertad de la blasfemia:

El segundo advenimiento
Dando vueltas y vueltas en la espiral creciente
no puede ya el halcón oír al halconero;
todo se desmorona; el centro cede;
la anarquía se abate sobre el mundo, y por doquier
se anega el ritual de la inocencia;
los mejores están sin convicción, y los peores
llenos de apasionada intensidad.
Alguna revelación se aproxima;
se aproxima el Segundo Advenimiento.
¡El Segundo Advenimiento! Lo digo,
y ya una vasta imagen del Spiritus Mundi
turba mi vista; allá en las arenas del desierto
una figura con cuerpo de león y cabeza de hombre,
una mirada en blanco y despiadada como el sol,
mueve sus lentos muslos, y en rededor planean
sombras de airadas aves del desierto.
Cae la oscuridad de nuevo, mas ahora sé
que a veinte siglos de obstinado sueño
meció en su cuna una pesadilla,
¿y qué escabrosa bestia, llegada al fin su hora,
se arrastra a Belén para nacer?5

Fragmentos como los siguientes resumen muy bien su visión del mundo y su relación con la creación literaria. Se trata de una estética donde, por una parte, la palabra poética es la concreción alusiva y elusiva a la vez —simbólica— de una memoria común de la especie y de su espiritualidad compartida. Así, se lee en su texto Magia, de 1901:

[…] las fronteras de nuestro espíritu son siempre movedizas,
muchos espíritus pueden, por así decirlo, interpenetrarse
para crear o revelar un espíritu único, una
energía única; [y] los contornos de nuestras remembranzas
son, asimismo, tan movedizos, que conforman una
sola gran memoria, la memoria de la propia Naturaleza;
este gran espíritu y esta gran memoria pueden ser evocados
por símbolos.6

Por otra parte, nada diferencia ese acto de creación poética de una religión y de una filosofía, en su más íntima unidad, como queda declarado más adelante en El temblor del velo, de 1922:

[…] me fabriqué una religión nueva, casi una iglesia infalible basada en la tradición poética, en un nuevo conjunto de leyendas, personajes y emociones, inseparables de su expresión primitiva, pasadas de generación en generación por poetas y pintores, con una pequeña colaboración de los filósofos y de los teólogos.7

Puestos en el terreno del mundo visionario del irlandés, no puede menos que traerse a colación la atracción y el magisterio que en el joven Yeats ejerciera Mme. Helena Blavatsky (1831-1891), quien, mediante sus estudios sobre teosofía —un intento de entender y explicar las relaciones de la divinidad con el universo, con el ser humano y sus diferentes avatares, mediante las vías de la intuición mística o de la filosofía— y sus constantes búsquedas de experiencias en ese terreno, se constituyó en una ineludible referencia para los que transitaban por esos derroteros. Fundadora de la Sociedad Teosófica, fue una mujer con una vida llena de peripecias, de experiencias espirituales, de viajes por todo el mundo, en particular por la India y Nepal, y objeto de polémicas que, ya la elevan a las cumbres del misticismo, ya la convierten en impostora. En torno a 1887 Mme. Blavatsky está en Londres, donde tiene un salón muy animado por sus seguidores entre los que se contará Yeats. Allí alimentará el poeta su atracción apasionada hacia las ciencias ocultas que lo conducirá, por ejemplo, a formar parte de la Orden Hermética del Amanecer Dorado, entre 1890 y 1900, y a escribir cuentos muy marcados por ese tipo de experiencia espiritual —así como por el influjo de figuras como Huysmans y Villiers de L’Isle-Adam: Rosa Alquímica, Las tablas de la ley, La adoración de los magos.

Hay que evocar, asimismo, a otra figura que desde el punto de vista biográfico, dejó huella significativa en la obra de Yeats: la actriz y activista política Maud Gonne (1866-1953), a la que conoció en 1889. Su amor por ella fue profundo y duradero, y numerosas las propuestas de matrimonio, siempre rechazadas. Maud Gonne terminaría casándose con el patriota irlandés John MacBride, ejecutado tras los hechos ocurridos en la Pascua de 1916, en los que los nacionalistas intentaron proclamar la república de Irlanda. La lucha de la dama por la independencia encontró en Yeats un adepto moderado pero no menos auténtico. En Maud Gonne se inspira el dramaturgo para escribir su obra teatral Cathleen de Houlihan, y ella sería su actriz principal. Otros poemas y piezas teatrales la celebran veladamente, así como al amor frustrado del poeta —se dice, por ejemplo, que el poemario La rosa es emblema o símbolo de la Gonne y, por su mediación, de Irlanda.8 Las cosas llegaron a tal extremo que en su edad madura quiso casarse Yeats con la hija que Maud Gonne había tenido de su primera unión, sin lograrlo tampoco. Finalmente, contrajo matrimonio con Georgie Hyde-Lees en 1918. La joven se consideraba médium y estimuló la faceta trascendentalista de su esposo. Un libro como Una visión le deberá mucho a su apoyo espiritual y a su unión.

Poesía y teatro de madurez

La que, con criterio muy amplio, podríamos denominar la segunda fase de su creación, denota una transición hacia modos más personales, en los que las diferentes herencias formativas se van transmutando en inequívoco sello autoral:

[…] mi estilo se había forjado en la corriente general de la literatura europea, a la que desembocan aguas de tantas cuencas, y solo poco a poco, muy poco a poco, logré formarme un estilo nuevo. Me costó años desembarazarme de la luminosidad italiana de Shelley, pero creo que hoy mi estilo soy yo mismo.9

Ese sello personal está conformado por algunas de las actitudes que un estudioso como G. S. Fraser sintetiza así:

A medida en que la poesía de Yeats va entrando en sazón, una de las cosas que se advierten es que va poniendo en ella una cantidad cada vez mayor de su propia personalidad […]. Yeats pone en su poesía cosas como la ironía, el humorismo, la irascibilidad arrogante, la simpatía del conversador profesional irlandés, cosas que en la década de 1890 consideraría probablemente antipoéticas; introduce en su poesía una cantidad mayor de detalles prosaicos de la vida, transformados por el asimiento poético de los mismos.10

Los cisnes salvajes de Coole (1919), Michael Robartes y la bailarina (1921), La torre (1928), Luna llena de marzo (1935), Nuevas poesías (1938) son algunos de los títulos de poemarios pertenecientes a la madurez creativa del irlandés, a los que habría que sumar obras teatrales como —entre muchas otras: La fuente del halcón y La pesadilla de los esqueletos (1917), Palabras en el cristal de la ventana (1934), Luna llena de marzo (1935), El rey de la torre del reloj grande (1935), Purgatorio y La muerte de Cuchulain (de 1939).

A Los cisnes salvajes de Coole pertenece el siguiente poema, donde Yeats rinde homenaje a Robert Gregory, el hijo de Lady Gregory, piloto militar que muere en Italia durante la primera Guerra Mundial. La meditación sobre el transcurrir se aúna con la dimensión existencialista y con el desafío a un destino que siempre lleva las de ganar. Este es, precisamente, uno de los tres poemas de Yeats que Eliseo Diego traduce para Conversación con los difuntos —los otros dos son «Cuando seas vieja», de La rosa, y «Caída majestad», de Responsabilidades:

Un aviador irlandés prevé su muerte
Sé que por fin encontraré al destino
en algún sitio entre las altas nubes;
odio no siento por los que destruyo,
amor tampoco por los que protejo;
Kiltartan Cross, esa es mi patria sola,
mis solos compatriotas son sus pobres,
no hay fin imaginable que los dañe
o más felices deje que antes eran.
Ley ni deber me mueven al combate,
discursos ni clamor de muchedumbres;
un solitario impulso de delicia
me lanzó a este tumulto entre las nubes;
todo lo sopesé, traje a la mente,
los años por venir un vano aliento,
un vano aliento aquellos que ya fueron,
en la balanza de esta vida, o muerte.11

Se han señalado La torre y los Nuevos poemas como cimas del arte lírico de Yeats. En los últimos, en particular, se reflexiona poéticamente sobre la Historia, a la que el poeta percibe en clave trágica, y el momento que le es contemporáneo como el reino de la discordia. No faltan, sin embargo, la ironía y cierta desfachatez al aludir a la vejez y al erotismo.12 Se ha indicado, asimismo, como rasgo notable el empleo de un registro más coloquial, en relación con el más solemne que había dominado su primera poesía. La mezcla de figuras de diferentes épocas y la utilización de símbolos alusivos a Irlanda y a su propio universo poético, los hacen enigmáticos, sorprendentes y poseedores de gran variedad temática. He aquí un par de botones de muestra, tomados de los Nuevos poemas, donde se sintetizan algunos de esos motivos dominantes en su producción madura:

El gran día
¡Vivan los cañonazos y la revolución!
El mendigo a caballo fustiga al que va a pie.
¡De nuevo cañonazos y revolución! ¡Viva!
Se cambian los mendigos, mas la fusta
prosigue.13


Lo que se perdió
Canto lo que se perdió y temo lo ganado,
camino en una batalla que se vuelve a
librar,
y aunque los pies corran al Alba y al Ocaso,
siempre caen sobre la misma piedrecita.14

Yeats es, asimismo, autor de ensayos (por ejemplo, su autobiografía, sus estudios sobre el teatro o acerca de diversos autores estimados), así como de textos de corte filosófico o trascendental: es el caso de sus libros sobre mística hindú, o de Una Visión (iniciado en el 1925 y con versión definitiva de 1937), cosmogonía sobre los ciclos de la historia y de la evolución del espíritu. Texto hermético, lleno de símbolos, que pretende dar cuenta del anima mundi, del alma universal.

Constantes de su producción literaria

Se pudiera decir que en la obra de Yeats se establecen desde muy pronto una serie de intereses y de rutas que permanecerán a lo largo de toda su producción, sin que ello contradiga los cambios y la maduración inherentes a un auténtico crecimiento espiritual y creativo. Estas constantes podrían resumirse en el apego a las tradiciones culturales irlandesas («Pero aquí, en Irlanda, donde las artes se han desarrollado con humildad, encontrarán los artistas a mano dos pasiones: la de la Vida Invisible y la del amor al país»);15 el simbolismo de aliento visionario; la devoción por la palabra poética, cifra de su personal cosmovisión; la tensión entre sus convicciones de corte trascendentalista y el escepticismo nacido del devenir propio y colectivo; el diálogo creativo permanente con disímiles referentes culturales que termina asimilando y que le consienten la renovación de los modos propios. Pensemos, por ejemplo, en su descubrimiento del teatro No japonés. Confiesa que le seduce porque es «aristocrático, indirecto y simbólico», porque el decorado está casi ausente y lo trágico se agudiza en una especie de inmovilidad, amén de por la importancia dada a la danza y al canto en la potenciación del drama. Dice en su ensayo «Algunas magníficas obras teatrales del Japón », de 1906:

[…] serán la música, la belleza de la forma y la voz las que lleguen al clímax en una danza pantomímica; […] he inventado, con la ayuda de ciertas obras japonesas vertidas al inglés por Ernesto Fenollosa y retocadas por Ezra Pound una forma de drama distinguido, indirecto y simbólico, y que no necesita del populacho ni de la prensa para cubrir sus gastos: una nueva forma aristocrática.16

Vida social y política.El Premio Nobel

Contrario a lo que podría creerse, para Yeats es importante la relación arte-vida, también en sus dimensiones social y política. En 1930 escribía en su Diario: «Yo no amaba el aislamiento de la obra de arte. Lo que yo hubiera querido, mediante el drama, a través de la reunión de poesía y danza, mediante un canto que fuese también una palabra […] era volver a sumergir la obra de arte en el seno de la vida social».17 En efecto, pendiente de ella estuvo siempre el dramaturgo y poeta, como lo demuestran sus amistades y sus gestiones culturales y políticas: ya hemos mencionado la creación del Abbey Theatre; la presencia dominante en su obra de la historia de Irlanda, de sus luchas nacionalistas, de su cultura. Su desempeño como senador de 1925 a 1928 es indicador de su compromiso con la gestión política de Irlanda.

En 1923 recibe Yeats el Premio Nobel. En carta a un amigo expresa, refiriéndose al galardón:

Sí, me será de gran ayuda de distintas maneras. Aquí sobre todo. Me resultará más fácil conseguir que el Gobierno me haga caso en cuestiones de arte. Yo considero este premio algo así como un reconocimiento del Estado Libre de Irlanda y de la literatura irlandesa, y eso es una gran ayuda. Aquí, en Irlanda, la gente me agradece que les haya conseguido ese reconocimiento, y esa es la distinción a que yo aspiro. Yo soy hombre de mucha conciencia social, y habría quedado menos satisfecho si hubiese creído que era tan solo un tributo a mis talentos personales.18

Conciencia social que convive con la intimidad visionaria; remembranza del mítico pasado al que la experiencia del hoy le impone su sello, arrastrados, ese ayer y este hoy hacia la ansiada trascendencia del espíritu: todas cifras propicias para su permanencia entre sus siempre deslumbrados lectores:

Oh, sabios, los que estáis en el fuego
santo de Dios
como en el mosaico de oro de un muro,
venid del fuego santo, bajad en espiral,
sed los maestros cantores de mi alma.
Consumid mi corazón; enfermo
de deseo, y atado a un animal que muere,
desconoce lo que es; y haced que me una
al artificio de la eternidad.
[…]
Ya abandonada la naturaleza,
nunca tomaré mi forma corpórea
de nada natural, mas de esa forma que
hacen
orfebres griegos trabajando el oro
para que no se duerma su soñoliento
Emperador;
o subiré a una rama dorada a pregonar
para todos los nobles de Bizancio
el pasado, el presente y el porvenir.19

 

1 Eliseo Diego: «William Butler Yeats», Conversación con los difuntos, Editorial Arte y Literatura, 2005, pp. 96, 97.

2 Siendo niño Cuchulain, se enfrenta por accidente con el fiero perro del guerrero Culann, animal con poderes sobrenaturales capaz de vencer a cien guerreros a la vez. Cuchulain lo mata, para sorpresa de todos, pero para no contrariar al herrero se ofrece como su perro guardián hasta que este logre encontrar otro con los mismos poderes. El joven será llamado desde ese día Cu (perro) Chulain (de Culann). Convertido en un fiero guerrero, combatió siete días con sus noches contra las olas del mar. Recibe de los dioses la lanza llamada Gae bulga. Ya rey de Ulster, cuando combatía le surgían siete dedos en la mano. Se dice que vivió en la primera centuria antes de nuestra era, y las historias que narran sus gestas comienzan a componerse en el siglo VIII de nuestra era, y se insertan en el llamado ciclo de Ulster, el más antiguo.

3 Otras figuras de la mitología gaélica que adquieren relevancia en la obra de Yeats son Deirdre, Emer, Fergus, entre otros. Deirdre era una doncella famosa por su belleza. Se crió con Concobar, el rey del Ulster, que planeaba casarse con ella, pero Deirdre se enamoró de Noíse, un sobrino del rey, y ambos huyeron a Escocia en compañía de dos hermanos de él. Más tarde, unos emisarios del rey les piden que regresen a Irlanda y en el camino matan a los tres hermanos a traición. Desconsolada, Deirdre muere. Emer y Fergus se inscriben también en el ciclo de Ulster.

4 William Butler Yeats: Poesía reunida, traducción de Antonio Rivero Taravillo, Editorial Pre-Textos, Biblioteca de Clásicos Contemporáneos, Valencia, 2010, p. 137. Es de 1893 y pertenece a su libro La rosa.

5 William Butler Yeats: Poesía reunida, traducción de Antonio Rivero Taravillo, ob. cit., p. 143.

6 Citado por: Diane de Margerie: «William Butler Yeats», en: Encyclopædia Universalis, 2004. (Traducción nuestra).

7 Citado por G. S. Fraser en el «Prólogo» a: William Butler Yeats, Teatro completo y otras obras, Aguilar, Biblioteca Premios Nobel, p. XXVI.

8 Cfr. Antonio Rivero Taravillo: «Prólogo» a: William Butler Yeats, Poesía reunida, traducción de Antonio Rivero Taravillo, ob. cit., p. 12.

9 William Butler Yeats: «Irlanda y las artes» (1901) en: Teatro completo y otras obras, ob. cit., p. 1274.

10 G. S. Fraser, ob. cit., p. XLV.

11 Eliseo Diego, ob. cit., p. 99.

12 Cfr. Claude-Henry du Bord: «Nouveaux poemes. William Butler Yeats», en: Encyclopedia Universalis, 2004.

13 William Butler Yeats: Poesía reunida, ob. cit., p. 7

14 Ibídem.

15 William Butler Yeats: «Irlanda y las artes» (1901), ob. cit., p. 1270.

16 William Butler Yeats: «Algunas magníficas obras teatrales del Japón», en: Teatro completo y otras obras, ob. cit., p. 1285.

17 Citado por: Diane de Margerie: «William Butler Yeats», en: Encyclopædia Universalis, 2004. (Traducción del francés M. B.).

18 Citado por: G. S. Fraser, ob. cit., p. LII.

19 William Butler Yeats: Versos de «Rumbo a Bizancio », La torre, traducción de Antonio Rivero Taravillo Poesía reunida, ob. cit., pp. 459-461.