Lucía Muñoz

LUCÍA MUÑOZ (Bayamo, 1953) ha publicado, entre otros volúmenes de poesía, Calle arriba bajo la lluvia (1982), Amarte sin saber el día (1984), Pongo de este lado los sueños (1989), Sigue el vuelo del ave (1990), Rhapsody in Blue (1992), Sobre hojas que nadie ve (1994), Únicos paraísos (1996), Amargo ejercicio (2000), Arena del tiempo (2003), El llanto de Dios (2005) y Trébol de la suerte (2006); así como la antología personal Una mujer puede andar (2006). Ha sido reconocida con el Premio Bayamo, la Distinción Dama de Las Hespérides, que otorga la ciudad española de Murcia, y la Distinción por la Cultura Cubana.

 

TRES RUEGOS A LA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE

Ruego por mis hijos
Bendícenos en este día,
Virgen amada de la Caridad del Cobre
y deja que en paz
mis hijos lleven el mendrugo a la boca,
el agua prístina a los labios;
la presta mano al desvalido
que clama por la caridad del prójimo,
desprovisto de afecto,
de ternura,
de una palabra que aliente,
que consuele.
Báñalos con tu luz
para que sean
hombres mejores
y en tu nombre
cultiven hoy,
mañana,
siempre
la semilla del bien
sobre la tierra.

Ruego por mi país
Tú salvarás esta isla,
barca que desafía tempestades,
días en que el abismo parece más profundo,
más ciega la noche,
más fuerte el viento fuerte
y el mar brama
elevando las olas espumosas
mientras tus hijos en la orilla
mueven los remos
con la fuerza de Juan Hoyo,
de Juan Indio y Juan Esclavo,
buscando una salida en la tempestad
que al parecer no amaina.
Esta tierra es del agua,
de ella vino
como viniste tú
en medio de la noche
y de las voces naúfragas
que han poblado tus costas
hasta posarse en las profundidades
cuajadas de arrecifes y caracoles.
Te ruego por mi país,
por esta tierra bendita
donde mis padres duermen
su sueño de amapolas
y donde yo he soñado
la belleza de las albas posibles,
las palabras de paz,
las voces de aliento,
la tierra en que comparto
mi pan duro y amargo,
el cansancio y la esperanza.
Salva tu tierra,
Madre amada y generosa,
salva tu isla barca,
tu isla luz
en esta noche profunda del Caribe.

Ruego por el amor
Ruego a la Virgen de la Caridad del Cobre
sea luz de tu camino, agua para tu sed,
aliento en tu corazón. Te muestre cómo
salir del laberinto, te salve de las fieras.
Su manto sea refugio en tempestades, te
guarde del viento, lluvias, fríos.
Convierta el acíbar que guarda tu pecho,
en miel dulcísima sobre tus carnes que
despiertan mi deseo, por tus ojos, toda luz
quise un día sobre mí y su barca te devuelva
a este río, humilde y sombreado como
todos, con la riqueza de su rumor, donde
entre helechos y el musgo de las piedras te
aguardo.

 

UNA MUJER PUEDE ANDAR

Una mujer puede andar por la calle
con el ancho pecho de res abierto,
al aire el corazón, más grande
que sus puños cerrados.
Lleva entre los pulmones
toda la angustia clavada,
toda la distancia.
Cuando pasa,
alguien dice la felicidad no es un invento,
la suerte es un adagio.
Feliz quien tiene viva esa certeza
agonizante.
Una mujer puede andar
con el ancho pecho de res
horriblemente abierto
mientras el aire esparce
toda la oscuridad recogida en su cabeza.

 

LOS ESCRIBAS

No duermen,
en el silencio de la noche
cincelan palabras
entre el frío lunar y el crepitar de velas,
hunden una y otra vez
la pluma en el tintero
que húmeda pasa
sobre la palidez de la hoja
y deja un trazo largo
con la historia del día, de la noche,
del amor y la muerte.
No hay ley que incline sus deseos,
ellos, insomnes,
dibujan palabras
pues saben que son
tan solo barro,
tierra vegetal endurecida
que sueña con ser polvo
disperso en los caminos.
Por eso las cincelan
en la albura de la página
y su abismo,
ellos los fieles,
los reales,
en medio de la noche
y de los siglos.