MIGUEL HERNÁNDEZ o del moverse con soltura en la poesía

 

Daniel Céspedes Góngora

 

No es noticia —la historia del arte y la literatura se ha encargado de demostrarlo— que todas las grandes transformaciones sociales y políticas, desde la antigüedad, han traído aparejados movimientos poéticos laudatorios en los que se mezclan, en dosis difíciles de precisar, la euforia y/o el oportunismo de los autores con la necesidad de los propios procesos de sentirse respaldados por el canto coral de sus bardos.1

Jesús David Curbelo

Si bien la obra poética del español Miguel Hernández (1910-1942) ha sido objeto de alguna que otra mención o algún que otro estudio, hay que reconocer que en Cuba se le conoce más por nombre que por su escritura, variada en formas y temáticas. A un lado el asombro, pues no es la primera vez que de una figura se habla sobremanera por cuanto se ha escrito que por lo encontrado por la propia experiencia lectiva. Y si a ello le sumamos toda la temática sociopolítica, vinculada mayormente a la muerte y a la guerra cuando no a la pura e innegable militancia de izquierda, uno como que se asoma con miedo y dudas ante el testimonio poético de este autor, constante en sus ideas políticas y en su cosmovisión de una realidad latente y personal, al tiempo que razonada y sentida como la del diario vivir, no sin desdeñar la construida con las posibilidades de la escritura.

A estas alturas, con tanta poesía escrita por Occidente y el orbe todo, no son admisibles los titubeos cuando de reconocer la singularidad y hasta la pluralidad de un escritor como el alicantino Miguel Hernández se trata; en su obra, que figura entre lo mejor de la lírica hispanoamericana, ha sabido servirse de la rica tradición heredada y de los aportes del presente, en cuanto a la sintaxis del poema, en cuanto a sus constantes ideoestéticas y temáticas.

El escritor Jesús David Curbelo, en su libro Miguel Hernández. Dos relecturas, nospropone dos recorridos por su poética a través de dos ponencias profundas en los análisis y elegantes en la escritura , que fueron preparadas en diferentes años para eventos en homenaje al poeta de Orihuela.. «Vaivenes de metro y rima: Tradición y ruptura en al poesía de Miguel Hernández» y «Versiones para considerar la influencias (o no) de Miguel Hernández en los últimos cincuenta años de poesía cubana».

Hernández, escritor de la muerte y comprometido en lo social, es poeta asimismo del amor, como muchos ya conocemos, aunque en este libro Curbelo nos ofrece otros rumbos de su poesía, propensos a las insospechadas y nada complacientes paradas de lo erótico. Y ello nos asombra en un creador como Hernández, ciudadano del mundo, enfrentado continuamente a circunstancias difíciles, las cuales influyeron de modo ambivalente, tanto en su vida como en su obra. ¡Y qué oportuna manera sino la del ensayo a la hora de analizarla y valorarla, cuando sobre la cual todavía han escrito poco los especialistas cubanos. Curbelo, el autor de Miguel Hernández… está a sus anchas por los predios del ensayo y no precisamente por ser poeta. Aunque su saber sobre el acto poético y la hechura del mismo han motivado de manera improvisada (entiéndase aquí como lo contrario a lo ingenuamente espontáneo) y con total manejo del género ensayo, estas dos relecturas.

Amén de los variadísimos análisis que Jesús David Curbelo emprende y desarrolla en torno al material poético del alicantino, sorprende el proceder aglomerante del ensayista, donde aflora, casi siempre a partir de las sugerencias, el estudio de numerosas fuentes y la exposición vertiginosa de sus criterios personales. De ahí que en el texto «Vaivenes de metro y rima: Tradición y ruptura en al poesía de Miguel Hernández» uno pueda encontrar no solo un planteamiento donde queda sugerido el porqué del cambio en la poesía del español a contracorriente de lo que muchos pensaron y escribieron, sino la agudeza de quien se arriesga a considerar otro punto de vista.

Hay acercamientos críticos que advierten con asombro la fulminante mudanza que sufre la poesía de Hernández al ponerse al servicio del testimonio sobre los acontecimientos de la recién comenzada contienda bélica, en la que se apresuró a alistarse voluntario en el Quinto Regimiento. Otros comentan que en la misma halla un sentido nuevo a su poesía cuando intenta erigirse en voz de la conciencia popular. Tengo una opinión menos tajante, esbozada en anotaciones anteriores. Con la entrada en guerra de la persona y la poesía de Miguel Hernández, las claves ideopolíticas y cívicas que se avizoraban en sus poemas de tránsito, cristalizan y se consolidan en un discurso coherente con su progresiva incorporación a la ideología marxista y a sus valoraciones acerca de la función de la literatura y el arte como instrumentos de propaganda en la lucha por el poder y como vehículos para la educación de las masas.2

Pero, ¿qué justifica, más allá del mero capricho, el cambio de una poesía que fue más allá del compromiso sociopolítico? Curbelo se muestra más arriesgado y firme al establecer la siguiente hipótesis:

Esto me parece el punto capital: muda el aliento porque se desplaza el género; y el género se desplaza porque las preocupaciones íntimas (las pelanas de amor por la amada imposible, la angustia de existir, las consideraciones estéticas) sucumben ante el empuje de un problema histórico de importancia nacional y universal. Y ante una realidad distinta (…), nos anticipa que va a hablar (cantar), a través suyo, de otros y por otros, que el yo ha de abrirse a una continuidad de la poesía popular, sobre todo española, que consiste en irse fundiendo con la voz colectiva para generar ciclos épicos que pasen de una generación a otra y salvaguarden la memoria del pueblo.3

 

¿Y dónde radica la validez de una poesía como la de Miguel Hernández? Curbelo la sitúa en ese diálogo constante y renovador con la tradición hispana que el autor de Perito en lunas y tantas creaciones maravillosas legó a otros bardos y ante todo al lector de la sobresaliente lírica de siempre.

Hoy, cuando se lee poca poesía y se conocen más nombres que obras, el libro Miguel Hernández. Dos relecturas, de Jesús David Curbelo, establece un verdadero puente comunicativo entre la poesía viva y los lectores en potencia. Acaso porque los de vocación nunca han abandonado la expresión generosa de Miguel Hernández.

 

1 Jesús David Curbelo. Miguel Hernández. Dos relecturas. Ediciones Matanzas, 2014, p.89.

2 Ibídem, pp. 51-52.

3 Ibídem, p. 59.

 

 

PREMIO DE POESÍA NICOLÁS GUILLÉN

Las tentativas de Alberto Marrero

 

Leyla Leyva

 

Cuando el libro Las tentativas llegó a las manos del jurado, que desde la creación del Premio Guillén, por primera vez evaluaba originales bajo seudónimo, tanto Basilia Papastamatíu, Arístides Vega Chapú, como quien escribe estas líneas, reparamos en el cuaderno sin tener noticias, o sospechas, de quién sería su autor. Por lo menos nunca fue un conocimiento compartido, aunque la brisa murmurante de la tropa literaria, en estos casos, no deje de soplar con suspicacia.

El libro ganador en cuestión aparecía en las listas de los tres, entre unos cinco, que viene siendo el número aproximado de cuadernos con los se comienza a avanzar en las labores del jurado. En el proceso se encontró por momentos coincidencia de dos, pero no de tres. Como sería de esperar, cada quien retuvo uno o dos cuadernos que los otros no contemplaban. También hubo significativos descartes por incumplimiento de las bases.

Pero ahí seguía el original de Las tentativas, siempre en la mesa (hipotética mesa), y al final resultó ser el premio.

Me gustaría insistir (porque de otra forma ya lo he dejado ver en la nota de contracubierta del libro) en que si alguna verdad se deja ver clara en el cuaderno ganador del Premio Guillén, sería aquella que supone la imposibilidad de anhelar, de pretender, como término o destino humano. El drama de tal convencimiento recorre el libro de Alberto Marrero, ganador del Guillén.

Aparecen en este cuaderno, de vocación confesional, las historias y conflictos comunes del hombre en su entorno cotidiano. El poeta testimonia el presente y flashea el pasado, su melancolía, zonas de la cultura, de la poesía de otros poetas y artistas.

El cronista, observador participativo, deviene traductor que retiene retazos de vida en poemas de estilo mayormente coloquial, aunque de consciente alcance simbólico. Un acierto que sostiene la estructura proporcionada del cuaderno, dispuesto en cinco partes, a las que anteceden citas literarias alusivas a la naturaleza de cada uno de los ciclos de diálogos del poeta con su biografía, el día a día y el contexto desafiante.

En un intento de asir lo que es humo, el libro Las tentativas «trabaja» con la falta de certezas. «La verdad como un himno de flautas lejanas / como un zumbido que no muere, / como las alternancias de la Rueda de la Fortuna», nos dice Marrero en el poema «Lo extraordinario» (p. 19): «La noche como verdad a medias, / como el consuelo de vivir en espera de lo / extraordinario», remata en ese mimo poema el autor.

«Acaso hay algo que podamos probar?», pregunta en «Bote rojo» (p. 16).

En este punto del comentario se impone decir que Las tentativas es, además, un libro angustiado. Espero con esta aseveración tan sentenciosa no predisponer al lector, aunque sabemos que en materia de creación, de poesía, la angustia supone, generalmente, una condición «productiva».

Podría acudir a unos versos del poema «Estación» (p. 12), donde el poeta reclama: «No te me acerques, deja que pase mi melancolía », pero prefiero hacer comunicar la idea con la de otro fragmento del poema «El otro» (p. 18): «Por eso no me quejo (o mejor, no hago aspavientos) / de la existencia que he soportado. / La condición del otro me aproxima a su vacío, / al peligro de ser todas las noches y los días / del otro».

Prefiero dejarlos con esa superposición, explico, porque aún cuando hay en este cuaderno un sustrato melancólico, por ratos de salidas neorrománticas en algunos poemas; en Las tentativas prima la aprehensión ante situaciones y escenarios. Una angustia acumulativa, no de golpe de efecto, que resulta muy turbadora, también por la eficacia del tono.

Dice el autor en «Frutas, rebaños, colinas » (p. 89): «No sé si al final alcanzaré a ver las frutas milagrosas, / y los retoños, / y las colinas disimuladas. / Las colinas despuntaron tras el caos inaugural / y son como el deseo de elevarnos, / como la medida que siempre hemos añorado».

Y en «Dilemas» (p. 57) confiesa: «No alcancé a ser un hombre nuevo, y ya es tarde para intentarlo / Tal vez me faltó valor para derramar el agua / antes de entrar al desierto (como en el poema / de Borges, / o me casé varias veces y me divorcié otras tantas, / y fui infiel a todas las mujeres que amé…».

O en «Signos» (p. 20): «¿qué puede ser más hondo que el café que te ofrecen / en un jarro que arde? Al amanecer lavo mi cara en un charco / removiendo el limo y las pequeñas criaturas/ del fondo. / Y el hombre que vigilaba las llamas ahora se yergue / en un zócalo de silencio. / Los testimonios quedan como signos vitales / de claridad, / o como la certidumbre de que cualquier ensayo / de purificación es una farsa».

Me satisface pensar que hemos distinguido un libro con una marcada identidad; provocativo y armónico al mismo tiempo, cuya fluidez discursiva alterna con la ganancia de lo figurativo: una visible densidad tropológica que tensa los hilos de la trama hacia un núcleo movilizador y torna reveladora la lectura del libro total, por el valor humano de las confidencias y su apetencia de conocimiento.

Tanteos, «quereres» traspasados por una avidez que emerge como una latencia condenada a la no resolución, a un tipo de desasosiego, diríamos, sobrecogedor, difícil de que el lector olvide.

Les dejo con el poema «Mala copia» (p. 56), de libro Las tentativas, de Alberto Marrero. Leo: «Mi vida se parece a la de mucha gente. / Pero mi vida no es con exactitud la vida de la gente / sino una mala copia con manchas amarillas. / Mi verdadera historia es una sucesión/ de pequeñísimas pasiones que a la larga / terminaron en un pozo de neurosis cartesiana. / Esta extraña dualidad me hace mirar / con insistencia al otro lado de la calle, / por donde pasa en fila interminable / la gente que vive sin importarle siquiera / si yo existo fuera de esa mala copia de mi vida».

 

Nuevamente abre sus puertas la Feria Internacional del Libro

Como es habitual ya, bajo el lema Leer es crecer, la edición 25 de la Feria Internacional del Libro se celebra, a partir de febrero en La Habana, en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, y continuará su periplo por las demás provincias del país en los meses subsiguientes. Este tan importante evento cultural y de tan popular convocatoria, esta vez tendrá como País Invitado de Honor, a la República Oriental del Uruguay; los autores cubanos homenajeados serán Rogelio Martínez Furé, Premio Nacional de Literatura 2015, y Lina de Feria. Y durante su transcurso se rendirán homenajes y se celebrarán coloquios por el Centenario del Natalicio de José Soler Puig, el 60 aniversario del desembarco del yate Granma y el 130 Aniversario de la Abolición de la Esclavitud en Cuba. En esta oportunidad las actividades literarias, artísticas y académicas, premiaciones y presentaciones de libros tendrán igualmente como escenarios otras sedes, como la Casa de las Américas, el Pabellón Cuba, la Casa del Alba Cultural, el Centro Cultural Dulce María Loynaz, la Universidad de La Habana y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. La Feria nos permitirá otra vez confirmar que se trata de un marco ideal para que autores, lectores, editores, promotores y los medios de difusión se comuniquen e intercambien sus criterios sobre el estado de la creación literaria cubana y universal, y sobre la producción y difusión del libro, como su vehículo todavía más privilegiado.

Lina de Feria Barrios (Santiago de Cuba, 1945)

Poeta, periodista y crítica literaria. Ha publicado, entre otros libros: Casa que no existía (1968), A Mansalva de los años (1990), Espiral en tierra (1991), El ojo milenario (1995), A la llegada del delfín (1998), El mar de las invenciones (1999), País sin abedules (2003), Absolución del amor (2005), Los fuegos concéntricos (2009), Ante la pérdida del safari a la jungla, Premio de Poesía Nicolás Guillén 2009, En la oquedad del tiempo (2012), Los poemas de la alquimia (2013), Jaque a la muerte (2015) y Las nuevas soledades. Ha publicado además poesía infantil como Musiquito, en 2012. Muchos de sus textos poéticos, como de sus trabajos críticos, han sido publicados en antologías y en revistas cubanas y extranjeras. Ha participado en eventos literarios con ponencias y lecturas de poesía. Se le ha otorgado, entre otros reconocimientos, la Distinción por la Cultura Nacional. Bailar.

Rogelio Martínez Furé (Matanzas, 1937)

Folklorista, etnólogo e investigador, ha desarrollado una amplia labor docente y científica. Ha contribuido a la preservación y difusión de las tradiciones culturales de origen africano. Fundador del Conjunto Folklórico Nacional. Entre sus numerosas obras publicadas en Cuba y en el extranjero figuran: Conjunto Folklórico Nacional (1963), Diálogos imaginarios (1979), Poesía anónima africana (1885), Diwán africano. Poetas de expresión francesa (1988), Diwán. Poetas de lenguas africanas (1996), Diwán africano. Poetas de expresión portuguesa (2000), Pequeño Tarikh (2014). Ha impartido conferencias y seminarios en varios países de América, África y Europa. En 1985 fue vicepresidente del Congreso sobre religiones afrocubanas organizado por la UNESCO en Brasil y en 1987 participó en el Congreso Los escritores africanos contra el Apartheid (Congo). Doctor Honoris Causa del Instituto Superior de Arte de La Habana. Experto de la UNESCO. Ha recibido entre otros reconocimientos la Distinción por la Cultura Nacional y la Medalla Alejo Carpentier.