Omar Khayyam

Nacido en la legendaria ciudad de Nishapur, Omar Khayyam (1048-1131) fue un destacado científico y escritor persa. Aportó a las matemáticas un original procedimiento para la solución de ecuaciones cuadráticas y cúbicas con el que influyó sobre el desarrollo posterior de esta ciencia en la Europa renacentista. Realizó también valiosos estudios astronómicos que condujeron a la corrección del antiguo calendario zoroástrico y a la creación del calendario yalalí, más exacto aún que el gregoriano. Su obra poética, escrita hacia el final de su vida y reunida en el volumen Rubaiyat, no es solo un canto al amor y los placeres, sino también una crítica a los dogmas y prejuicios que encadenan al ser humano y una invitación —amarga pero optimista— a reconocer y disfrutar, en lo efímero de la existencia, la posibilidad de ser feliz.

 

2
Somos juguetes
en las manos del Destino.
Juguetes y nada más...
Y el Universo se divierte
a costa nuestra.
Juguetes que giran
al capricho de los vientos.
No se trata de una metáfora,
pueden creerme,
no exagero,
es la simple realidad.
En el pasado,
jugábamos despreocupadamente
en las candilejas de la vida.
Hoy seremos llevados,
unos tras otros,
en el féretro de la Nada

 

7
Si estoy embriagado
según mis detractores,
por haber bebido
el vino de los magos,
lo estoy.
Y si soy ateo,
idólatra y hechicero,
porque así lo proclaman,
sin duda
lo seré...
Los partidarios
de toda clase de sectas y religiones
se contentan con simples presunciones
y me acusan torpemente,
sin que de eso se avergüencen.
Pero yo me levanto
muy por encima de sus estupideces.
La única verdad:
no soy esclavo
y a nadie pertenezco.
Lo que yo soy;
es de mi exclusiva propiedad.
Vivo
y viviré siempre
a mi antojo.

 

11
¡Deseé tanto reposar!
¡Cómo busqué
un rincón escondido,
una simple cueva
donde hubiese paz,
después de tan duros trabajos!
¡Y cómo viví jadeante
esperando
el término de la jornada
tan tormentosa y larga!
Es cierto...
¡Pero, Dios, si nos dieran, al menos,
la esperanza de volver
después de miles
y miles de años!
¡Como la hierba,
que nace y renace,

 

13
Algunos fanáticos
habiendo hecho callar
la voz de la razón,
se someten obtusamente
a la inanidad de las creencias,
a los dogmas de la religión.
Mientras que otros,
perplejos, aturdidos, asendereados,
oscilan
entre clarores y tinieblas,
entre la aceptación y la duda.
De repente,
los despierta la voz poderosa de un fantasma
clamando:
«Insensatos,
eternamente escarnecidos,
¿quieren saber el camino?
No es este el camino...
No es este,
ni aquel tampoco...»

 

22
—¿El día que pasó?
¡Olvídalo!
—¿El día que no ha llegado?
¡No le temas!
Amigo,
no tortures el corazón
en la expectativa del día por nacer,
no quieras vivir
lo que todavía no sucedió,
y no busques lamentar
el día que ya se fue.
Sosiega
y no corrompas la vida
con temores y quimeras.
Entre los pliegues del pasado
y el dintel del porvenir,
en esa maraña de creencias,
en medio de los engaños del mundo
y los terrores del más allá,
mantente libre
y sé feliz.

 

51
Por encima
de la verde alcatifa que cubre la tierra,
veo seres amodorrados,
deshechos en una inercia mortal.
Presiento otros
debajo de sábanas de arcilla,
hundidos en el sueño del olvido.
Cuando medito
en el aniquilamiento definitivo,
anteveo el adiós final
de muchedumbres
que se despiden de la vida,
que parten
sin regreso marcado.
¿Por qué hablar de regreso?
Regresar... ¿de dónde?

 

Traducción: Christovam de Camargo

Tomado de: Omar Khayyam, Las Rubaiatas, Editorial Losada, Buenos Aires, 1967.