El sueño
Robert Creeley
De uno de los poetas norteamericanos más representativos y renovadores del período de la posguerra, Robert Creeley (Massachusetts, 1926 - Texas, 2005), publicamos un fragmento de su texto El sueño (1965), muy ilustrativo de los aires transformadores que aportó a la poesía, ajeno a toda norma académica y donde expresa libremente su emotividad con un lenguaje conversacional y directo, y una visible influencia del psicoanálisis, entonces en pleno auge. Pertenecía a un grupo de poetas que incluía a modernistas, como Ezra Pound y Williams Carlos Williams, o a poetas beat como Allen Ginsberg y Jack Kerouac, y blackmountain como Charles Olson. Según la crítica Marjorie Perloff, Creeley era heredero de Williams, del que tomó el estilo vernáculo, su dicción despreocupada y sus ritmos de verso libre que acentuaban lo concreto y los convirtió en algo «nuevo, más en consonancia con nuestra época: nerviosos, inquietos, conmovedores, cargados de erotismo». Incursionó en varios géneros y escribió cerca de sesenta libros. Creeley ganó varios premios importantes, entre ellos el Premio Bollingen y el Premio Lanna.
El sueño
1
Tal perfección
de sueño tendría
primero que dañar, tendría
que arrancar una impresión
de otra impresión
haciendo un tejido
de dolor. Entonces
comenzar de nuevo
su propia insistencia.
En el sueño
veo
dos caras, dadas vuelta
una de las cuales
asumo como mía, una
de las cuales asumo.
Es
la que yo ahora
recompongo, no puedo ver
más que pelo
al principio, un largo
pelo que cae allí
se adapta, caras
hacia mí mientras me
repliego en ella. Entonces
de nuevo, dolor,
por alguna razón, por qué
me hace daño. Pero se trata
de mi sensación,
es lo que
te divierte, entonces
vuélvete hacia ella mientras
el ojo
de la otra
cara me observa
en mi dolor. Yo
no quiero lo que
quiero. Lo sueño
en estas dos cosas
llenas de dolor.
2
Por qué no sería
ella atacada
literalmente. Así
ataco a mi
madre, rompo
lo que puedo lograr,
el pelo,
la cosa de donde
provine.
3
Si todas las mujeres son
madres, qué
son los hombres
erguidos
en los sueños, míos
o suyos,
vacíos de
todo salvo ellos mismos.
Están tan
solos, incomprensibles
allí, lucho
con todo lo que
no sea
ellos, llegar
a esa conclusión
me hace
mi madre odiándome
a mí mismo.
4
Durante el día la
instrucción es apenas,
párese. Una
vieja broma relativa
al genital
masculino ―párese, párese.
De noche
se plantea el problema
ya que todas las cosas
son ellas mismas y
su necesidad,
aún sexual. Así
tanto bollos y pitos
como ojos, narices, bocas,
tienen sus objetos:
hermafroditas, uni-
sexuados, bi-
seccionados en esa lujuria.
5
¿Qué era el sueño?
Ya lo olvidé
si es que lo supe
o lo soñé
más de lo
que lo pensé. Eso
tenía que ocurrir,
ocurrió,
eso pensé,
pensando. Qué
soñar, y qué,
y qué, soñar.
Había pelo,
me dañaba, sentía
el dolor. Lo sentía realmente.
Seguro que
no me convertiré en ninguna
cosa que no
te guste si
te quedas conmigo
como dijiste
que harías. No te
vayas. Lejos.
Si es que estamos aquí.
Traducción: Madela Ezcurra y Eduardo Costa
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