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Ciencia y comunidad, una pareja por explorar
Rafael Acosta de Arriba

La humanidad ha evolucionado desde su acceso a la modernidad a un ritmo galopante. Una evolución que, no es ocioso decir, ha estado refrendada por la experiencia convertida en conocimiento, en particular por el desarrollo tecnológico y científico y su impresionante impacto sobre el confort y la calidad de vida de las zonas más desarrolladas del orbe. Sin embargo, se ha producido una paralela involución o estancamiento, expresada en que, a medida que la humanidad se superaba a sí misma, las sociedades se han hecho más propensas a la incomunicación, las guerras se hicieron más devastadoras y letales, y el hombre aumentó a grados superlativos su capacidad de odiarse y negarse como especie. Los deseos de doblegar al semejante solo cambiaron de modos, pero no en sus esencias. Aunque parezca lo contrario, el hombre sigue siendo el mismo de siempre.
En todo momento a lo largo de dicho decurso, la vida social del hombre partió de la comunidad y regresó inexorablemente a ella. Ha sido y es su punto de partida y de regreso inexorable en un movimiento centrífugo y centrípeto a la vez que atraviesa los tiempos, las edades y las eras. En pleno siglo xxi, era de globalizaciones y universalizaciones como ninguna otra, la comunidad sigue siendo el núcleo duro de la vida humana, se trate de Nueva York o de Centro Habana, y que nadie diga que no existen criterios comunitarios en diversas zonas de la gran ciudad norteña.
La comunidad, y ya entramos en el caso cubano, se mantiene siendo ese escenario donde lo identitario y lo sociológico adquieren mayor fuerza y expresividad. Investigar sus estructuras, dinámicas e interrelaciones, así como sus debilidades y fortalezas, sigue siendo un imperativo de las ciencias sociales del presente. Y seguirá manifestándose de esa forma a pesar de que lo global, expresado en múltiples formas, atraiga a muchos estudiosos como la materia más propicia para gestar libros best-seller y para arriesgar las tesis más sustanciosas intelectualmente.
Dicho imperativo tiene en el libro del Dr. Avelino Couceiro el centro de su valor y utilidad para la sociología y antropología urbanas. Ciencia y comunidad, díptico fascinante, representa el núcleo fundamental de su propuesta, recogida en 151 páginas.
Con una estructura abierta y de lógica funcional, La ciencia en función del trabajo comunitario, editado por Ciencias Sociales al término del pasado año, es el libro más reciente del autor, el que se suma a los veinticinco publicados con anterioridad y a numerosos ensayos y artículos, que hablan de una notable fertilidad intelectual en el paisaje cultural y científico del país.
En el extenso y enjundioso prólogo, el Dr. Luis Álvarez Álvarez repara con agudeza en lo siguiente, y cito: «…sin investigación de los procesos del presente, no habrá un futuro cognitivo de entera solidez. Me atrevo a decir más aún: si no indagamos la actualidad, nuestras posibilidades de interpretar el pasado serán mucho más limitadas, dado que, si bien no del modo mecanicista que algunos historiadores y sociólogos a veces parecen pensar, cada presente es un resultado dialéctico ―donde la cualidad de dialéctico es por completo decisiva―. Es aquí donde La ciencia en función del trabajo comunitario se presenta como obra de valor directo para la investigación cultural en Cuba. Couceiro no solo se interesa en estas páginas por el presente en curso del trabajo en y desde la comunidad, sino que además hace un aporte invaluable para el desarrollo cubano desde el lado de las ciencias sociales: formaliza su experiencia y nos brinda una eficaz caracterización de métodos para la investigación científica de la comunidad». Coincido con la valoración del Dr. Álvarez Álvarez, quizá uno de nuestros especialistas mejor posicionado para una observación de esa índole, pues este es un libro donde el contenido metodológico tiene un peso considerable y en el que pensar a Cuba en su presente es idea cardinal.
El libro sabe conjugar investigación, conocimientos consolidados e intuición en una combinación activa capaz de gestar nuevos saberes. Hoy, en que el país se debate en una crucial y dramática coyuntura, tanto en el plano interno como en el geopolítico, el debate sobre las comunidades cobra un valor extraordinario. Se está jugando mucho en el presente, y lo relativo a lo comunitario no puede quedar relegado a un segundo o tercer plano, por más que lo nacional, visto como política macro, concentre las mayores atenciones. Desde luego, un grupo (no muy numeroso) de investigadores estudian segmentos de la vida en comunidad desde accesos que provienen de otros motivos artísticos y culturales (como los que, por ejemplo, estudian el impacto de ciertos géneros musicales en los jóvenes de diversas barriadas). Son otras formas de aproximarse desde la sociología y los estudios de consumo cultural a la comunidad y sus intríngulis. Este libro es una apuesta por hacer coincidir activamente las ciencias sociales con la vida en el barrio y en el municipio, en la manzana y la circunscripción, ahí donde la ciencia a veces se desmarca o distancia, donde las percepciones predominantes suelen ser de índole administrativa y acaso políticas. El libro es un reclamo por que las ciencias sociales no abandonen estos escenarios tan decisivos para la suerte del destino nacional.
Cuando hablamos de ciencia, el concepto de verdad brota inmediatamente, pues su búsqueda es el norte común de todas las ramas científicas. Para las ciencias sociales en particular se convierte en un concepto complejo, de difícil concreción, aunque parece inobjetable que se trata de una idea, la verdad, que nunca está totalmente hecha, que siempre está haciéndose, lo que lo convierte en una conquista incesante y permanente, aproximada siempre a una verdad ideal, tal como expresó en su momento el escritor Víctor Serge. El Dr. Avelino Couceiro intenta encontrar verdades en sus indagaciones sobre lo comunitario, atendiendo a que las ciencias sociales están obligadas a apelar a la experimentación y la investigación social, a las exploraciones en el terreno, al contacto directo con las personas, objetos invariables de esos estudios. Pero siempre, pensándolos en tiempo presente, en dinámico movimiento social. Todo ello aparece reflejado en el libro, un volumen de enorme utilidad práctica para los trabajadores sociales, los sociólogos y los antropólogos urbanos.
Las fuentes utilizadas por el autor se nutren lo mismo de firmas clásicas como Carlos Marx, Manuel Castells, Gleitz Clifford, Adolfo Colombres, Jesús Martín Barbero, Néstor García Canclini y Teodor Shanin, en el plano internacional, y de autores de mucho prestigio en Cuba como Jesús Guanche, Roberto Dávalos, Maritza García Alonso, Esther Pérez, Pablo Guadarrama y Juan Valdés Paz. Estos afluentes permiten colegir, unido a la experiencia acumulada por el autor, que las conclusiones del libro están sustentadas en reflexiones de mucha elaboración y mesura.
Por último, quiero hacer una mención personal sobre el autor. Creo que publiqué sus primeros textos hace ya un cuarto de siglo en la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, de la que fui su jefe de redacción por varios años. Ya desde entonces la pasión del autor por las ciencias sociales era más que evidente, y durante todo este tiempo el Dr. Couceiro (entonces apenas un aspirante a las diversas jerarquías científicas del país y a ser autor de una obra) ha demostrado una verdadera pasión por desentrañar los misterios y laberintos de las estructuras sociales de las comunidades citadinas cubanas, entre otros temas. Esa pasión tiene su correlato en sus libros y ensayos, y tal como observa el prologuista, me uno a los deseos de que esa pasión siga dando ulteriores resultados. Enhorabuena pues por este nuevo libro.
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