El amor alimenta todo lo que hago
Entrevista a Frank Padrón Nodarse
Marilyn Bobes
Frank Padrón es un ser mediático. A pesar de sus incursiones poéticas, ensayísticas y narrativas y una decena de premios que lo ratifican como escritor, es conocido, sobre todo, por el programa de televisión De Nuestra América que escribe y dirige desde su fundación.
Sus intereses son diversos y abarcan casi todas las manifestaciones de la cultura, y en su obra de ficción es posible descubrir sus preferencias por la actualidad, así como sus juegos intertextuales y la creación de heterónimos que le sirven para desarrollar una literatura donde lo culto y lo cotidiano se entremezclan con resultados meritorios.
Nació en Pinar del Río en 1958 y es Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Colaborador en los medios de difusión de Cuba, es muy frecuente encontrar su firma en las excelentes críticas que realiza, tanto cinematográficas como teatrales y musicales.
Con él conversa hoy La Letra del Escriba, para que quienes aún no lo conocen sepan de sus inquietudes y sus proyectos, que no son pocos, puesto que nuestro entrevistado es un trabajador infatigable y quizás sea su sed de conocimientos lo que lo defina mejor.

¿Son conocidas tus aproximaciones al cine, a la música, a las artes escénicas y a la literatura. ¿Por qué ese interés por tan diversas expresiones de la cultura cubana?
Me alimento del arte todo. Desde niño sentí más que curiosidad, una voracidad insaciable por las manifestaciones más diversas. En la adolescencia comencé a perfilar intereses y a escribir. No sabía a derechas qué me reportaba más placer, si mis intensas jornadas de lectura o cuando me ponía a «emborronar cuartillas», mas lo cierto es que combinar ambas aficiones me hacía muy feliz, constituían un escudo contra las colisiones que ya empezaba a sentir con el mundo exterior. A medida que fui sumergiéndome no solo en las ficciones sino en la teorización sobre el arte, comencé a sentir inclinaciones sobre lo que más me motivaba como para reflexionar acerca de ello, y a iniciarme en el ejercicio del criterio, que tan acertadamente le llamara Martí. Luego estudié Filología en la Universidad de La Habana, que en realidad, aun cuando como es sabido se perfila por las letras, te ofrece un formidable método de análisis para el resto de las manifestaciones artísticas, aunque el conocimiento sobre ellas lo da por supuesto el estudio y el contacto con las obras y los autores.
¿Más poeta que narrador o más narrador que poeta?
Me gusta decir que soy tan solo un escritor, pues disfruto de todo lo que emprendo, al margen de los géneros, se ubiquen lo mismo en la ficción que en la no ficción, solo que a la poesía la tengo un tanto abandonada. Estoy orgulloso de los tres o cuatro libros que he publicado en el más sublime género, además de algunos poemas que andan por ahí sin haber sido recogidos en volumen alguno, pero lo cierto es que sigo haciendo cuentos con bastante frecuencia, a diferencia de lo otro. Quizá se deba a que la narrativa es más racional y conceptual mientras la poesía necesita estados de gracia, de iluminación, o al menos de motivaciones especiales que tal vez me hayan abandonado.
¿Qué piensas de la más joven poesía cubana?
Creo que continúa la tradición de exuberancia y riqueza que ha caracterizado siempre al género entre nosotros. Solo que mientras nuestra generación y las precedentes cultivaron también un tipo de expresión épica, colectiva, imbuida en los grandes movimientos sociales que vivimos en décadas pasadas, los bisoños de hoy se vuelcan más hacia sí mismos, hacia su interior. Incluso cuando incursionan en lo social lo hacen desde un profundo subjetivismo, pero se aprecia tanto una gran riqueza tropológica como mucha profundidad vivencial. Mi experiencia como jurado en concursos de poesía me ha aportado una visión realmente optimista del panorama lírico en la actualidad: ha habido casos en que se ha hecho difícil elegir entre diez, quince y hasta veinte poemarios, todos los cuales podrían alzarse perfectamente con el premio.
La televisión y tu programa De Nuestra América te han hecho muy popular. ¿Disfrutas de ello o te sientes mal con la renuncia a tu privacidad?
Me da gracia la pregunta pues a diario choco con esa situación: son las dos caras de Jano. Que te reconozcan, se acerquen y te digan cosas bonitas es siempre agradable, pero no es así en el caso de la gente que te agrede con pesadeces y groserías: hay quien no se siente a gusto con lo que programo y tienen todo el derecho a manifestarlo, pero lo espetan hasta de modo violento; otras veces voy muy apurado y me detienen para aclarar inquietudes y dudas, pero incluso en esos casos respiro profundo y atiendo a los interlocutores con la mejor de mis sonrisas. Son el público y merecen respeto y consideración.
En un sentido práctico la verdad es que abre puertas. He sido considerado huésped VIP en hoteles, me he librado de la cola en restaurantes, aeropuertos y otros sitios públicos e incluso hay taxistas que han rechazado cobrarme. Pero no es menos cierto que a veces he querido pasar inadvertido cuando estoy con amigos, o en una situación más privada, sentado con alguien conversando y llega un admirador queriéndose hacer una foto o saludarme. Pero qué hacer, son gajes de quien eligió este oficio y hay que asumirlos, tanto los gratos como los que no lo son.
¿En qué proyectos literarios andas por estos días?
Hay dos libros en proceso de edición. Como hace un tiempo me dedico también a la crítica culinaria e investigo las relaciones de la cocina con otras artes (lo cual dio como resultado el libro Co-cine, laureado internacionalmente), ahora me he volcado a los nexos que tienen los alimentos con la pintura, el teatro, la literatura, la música… Todas esas manifestaciones por las que me preguntabas, que estudio hace tiempo y cuyo fruto se concreta en este nuevo libro que debe ver la luz por la Editorial Oriente. En Ediciones ICAIC está ya a punto de entrar a la imprenta una antología de mis textos para la revista Cine Cubano durante más de treinta años. Hace poco finalicé dos volúmenes de relatos: uno que se mueve entre el costumbrismo y la ficción y recoge vivencias en provincias del interior, llamado Áreas verdes; el otro está en sintonía con mi vocación latinoamericanista, la cual por supuesto trasciende el cine. En Letras Cubanas dejé hace poco un volumen en torno a una línea que, como sabes, he trabajado bastante en la poesía: la heteronimia, por lo cual entenderás que lo haya titulado Poemas de otros.
¿Cómo definirías a Frank Padrón?
Soy un hombre sencillo, cristiano, martiano. Del Apóstol sigo, entre otras máximas, esa de que «tomo a un amigo sincero / y pongo a un lado el amor». Sin embargo, el amor alimenta todo lo que hago, pienso, siento, y creo que eso me mantiene profundamente vital, en armonía con el universo y conmigo mismo.
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