Marilyn Bobes

MARILYN BOBES (La Habana, 1955). Narradora, poeta y periodista. Ha obtenido numerosos premios por su obra literaria, entre los que se destacan el David en 1979 por su cuaderno de poesía La aguja en el pajar y el Casa de las Américas en dos ocasiones, en 1995 por el volumen de cuentos Alguien tiene que llorar, y en el 2005 por la novela Fiebre de invierno. Ha compilado las antologías Eros en la poesía cubana, Cuentos infieles y Más cuentos infieles (la otra cara de la moneda), y en colaboración con Mirta Yáñez, Estatuas de sal. Cuentistas cubanas contemporáneas.

 

 

 

 

 

 

1
Enardecidos
como los que más.
Víctimas de diversos crepúsculos.
Espectadores reticentes
y tal vez victimarios.
Nuestros labios se niegan
a pronunciar palabras
aprehendidas
definitivamente rotas.
Surreales.

 

2
Las palabras no pueden
descifrarnos.
¿Cómo volver entonces
a futuros paisajes
donde estaremos siempre
atados a las fórmulas?
Conejillos de india,
ratas de laboratorio
en espera de otros significados
de algo que nos ayude
a permanecer
en la insolencia de los predicados.
Las palabras no pueden.
Ya no.

 

3
El enigmático rostro que se dibuja entre
la niebla
aguza la mirada
con una pizca de resignación.
Todo se vuelve absurdo.
La cualidad disminuida,
los entresijos
el antiguo poder de las afirmaciones.
Nada puede resultar más útil
que este silencio
para recuperar la antigua claridad
de ese rostro enigmático.

 

4
Lo que te rodea
es humo presuntuoso.
Eres famosa
como los crisantemos en las tumbas.
Y sin embargo asumes
la energía que se desborda.
Prisionera de ti
solo quisieras
ser olvidada
en ese humo presuntuoso.

 

5
Exige explicaciones.
Quiere acabar con las incertidumbres
como si el futuro fuera
aquella bola mágica
con que antes presagiábamos
los alumbramientos.
Pero exige
argumentos y precipitaciones.
Solo por complacerlo
haremos del presente
el conjuro
que recupere
nuestras olvidadas pequeñas cosas.

 

6
Perfectos y unilaterales.
Como la desembocadura de la prosa.
Los poemas no se prodigan
como suelen hacerlo
las garrapatas.
Busco en el lomo del animal
el breve trazo
por donde camino y me entrego
sin razones estéticas
a aquel pleno ejercicio
donde comenzaron
estos momentos lúcidos
y felizmente vanos.

 

7
No invoques más
a los febriles adoradores
de esas formas que huyen hasta el
cansancio.
Ni tú ni yo sabemos
qué hay
detrás de los impredecibles sonidos del
crepúsculo.
¿Hastío?
¿Infertilidad?
No los llames entonces.
Claudica
y escóndete en la serenidad
de esta bandera blanca.

 

8
Nosotros, los de entonces
sucumbimos al tiempo
nos quedamos atrapados en la historia.
Contar el cuento
haría interminable
esta dudosa fábula.
Nosotros, los de entonces.
Los mismitos de siempre
con unas cuantas arrugas bajo nuestras
sombras.