UNA NARRADORA DE AMOR, CLAVE Y SECRETO

Diálogo con María Elena Llana

Astrid Barnet

María Elena Llana afirma que el ejercicio del periodismo ha sido «principal vertiente» en su exitosa realización personal y, junto a él, la literatura e historia como disciplinas del conocimiento humanista y universal. Prominente ha sido también su labor literaria narrativa dedicada a niños y jóvenes con vivencias cada vez más interesantes y profundas para trasladar al papel, al estar consciente de que «el decursar del tiempo me ha permitido pulir la herramienta de trabajo sin alterar su esencia». Y es que en María Elena Llana el arte de la escritura periodística siempre será una constante dentro de su ámbito de experiencia y meditación, mientras que el de la narración dirigida a niños y jóvenes será su amor, clave y secreto.

 

 

 

Narradora, periodista, guionista de radio y televisión, profesora de Periodismo y de Técnicas radiofónicas… ¿cuál considera de mayor prominencia en su vida personal? ¿De qué forma las ha podido asumir teniendo en cuenta su extensa trayectoria laboral? ¿Qué experiencias le ha proporcionado, en especial, en estos momentos?

Comienzo por el final: la experiencia que mi quehacer con las letras me ha proporcionado es la de una vida que considero realizada en cuanto a mis aspiraciones profesionales. En estos momentos puedo mirar hacia atrás con satisfacción y con la certeza de que todo lo que emprendí lo hice con seriedad y recibí la compensación que ello implica.

En cuanto a prominencia en mi vida personal, aunque desde niña escribía, puedo decir que el periodismo fue mi principal vertiente, lo que me abrió otras posibilidades de probar fuerzas, la profesión que estudié y ejercí en todas sus facetas: prensa plana, radio, televisión y agencia de noticias. La que, además, me vinculaba a otra de mis vocaciones: la historia.

Por supuesto que no asumí todas mis variantes profesionales al mismo tiempo. Cada cual tuvo su etapa. Lo que sí hice siempre fue escribir literatura si es que se puede llamar literatura a los primeros intentos de fabulación. Por muchas que fueran mis actividades y obligaciones diarias, incluyendo la faceta de madre, siempre tenía que dedicar un tiempo a poner en letra lo que tenía en la cabeza, la idea que me asaltaba o me rondaba con insistencia.

Se dice que escribió su primer cuento a los doce años de edad… ¿Qué la convocó?

Pienso que la convocatoria ha sido siempre el deseo y hasta la necesidad de escribir, además del placer que conlleva. Ese fue un cuento infantil que nunca me animé a botar y llegado el momento de hacerlo lo releí y me sirvió de estímulo para conformar mi primer libro en la línea infanto-juvenil, nombre que me parece muy descriptivo pero poco eufónico, por lo que prefiero llamarla para niños y jóvenes. Se titula «El astro vanidoso», tiene el sentido moralizante de la fábula y lo inserté en ese libro como un cuento dentro del cuento porque, a esas alturas, me sentía obligada a publicarlo. Por cierto, lo han incluido en una puesta de narración oral.

Imagen y expresión oral de nuestros jóvenes en los medios de difusión, ¿qué críticas/ recomendaciones hacerles? ¿De qué forma fomentar el buen decir en ellos?

Siempre escribí al tun-tun, tal vez motivada por lo que leía y con la leve orientación de un profesor de Literatura a quien le resultaban interesantes mis textos. Por esa razón no me animo a criticar ni a hacer recomendaciones a los jóvenes, salvo eso: que escriban lo que desean y necesiten escribir. Lo otro, el «buen decir» se inscribe dentro del sentido común que, como sabemos, es el menos común de los sentidos. Uno sabe cuándo dijo lo que quería decir de la mejor manera posible. Mientras no quede satisfecho debe seguir insistiendo. Eso en línea general, pero si nos referimos específicamente a los medios de difusión masiva, los escritos «dramatizados» o guiones requieren un buen ensamblado estructural e idiomático, pues el audiovisual no es un libro que le permita al espectador volver sobre la línea no comprendida. Esa es la razón por la cual un texto puede convertirse en mera aventura técnica o en simple rompecabezas. Y justo eso es lo que se me ocurre recomendar a los noveles, sean jóvenes o no: afiáncense antes de lanzarse a experimentar o a innovar; no abusen del destinatario.

De su primer libro de cuentos La Reja (1965), pasando a Casas del Vedado, Premio de la Crítica (1984) con una reciente nueva edición, hasta llegar a Sueños, sustos y sorpresas (Editorial Gente Nueva, 2011. Narrativa infanto-juvenil), ¿apropiación y ejercicio de una escritura distinta producto del decursar del tiempo? ¿Encuentro/desencuentro o nostalgia de algo/alguien que partió o que espera llegar? ¿Cambios sobre el pensar de la vida como escritora?

Los dos libros para niños y/o jóvenes que he escrito forman parte de un todo que se va generando naturalmente, sin que ello implique cambio de actitud en mi concepto de la literatura y mucho menos de mí misma. El decursar del tiempo me ha permitido pulir la herramienta de trabajo sin alterar su esencia. Después del segundo de esos libros infantiles, Desde Marte hasta el parque, publiqué otro para adultos, por así llamarlo, y ya está en proceso editorial otro más, que será el número catorce en mi haber de autora de cuentos, por no decir de cuentista.

¿Alguna otra aspiración u ocupación necesaria e inmediata para María Elena Llana en la actualidad?

No, en absoluto. Seguir escribiendo y tal vez cumplir una deuda conmigo misma conformando un libro de crónicas periodísticas vinculadas con un poco de autobiografía en el cual saldrían a relucir aspectos feministas puesto que cuando comencé a trabajar en un diario —Revolución—, yo era la única mujer en el turno de la noche.