A Margaret Randall la poesía siempre la acompaña

Por Cuba han pasado, han vivido y la han amado un gran número de intelectuales y artistas de todos los países del mundo, sobre todo por haber hecho una revolución que sigue produciendo asombro por su creatividad y su firme permanencia. Entre ellos figura una mujer excepcional, Margaret Randall —escritora, periodista y fotógrafa—, nacida en Nueva York en 1936, de quien señalara Alfredo Zaldívar, el editor de su apasionante libro de memorias Cambiar el mundo, que ella llegó a La Habana desde México, donde había fundado con Sergio Mondragón la importante revista El Corno Emplumado, para residir con nosotros durante la segunda década de la Revolución cubana, trabajando y educando a sus cuatro hijos como una cubana más, y conociendo y viviendo con intensidad los profundos cambios sociales que se operaban entonces en la Isla. Luego participó de los primeros años de la experiencia sandinista en Nicaragua. En 1984 pudo regresar finalmente a su país, aunque debió librar una larga batalla legal porque su gobierno quiso deportarla por considerar que sus opiniones estaban «en contra del buen orden y la felicidad de los Estados Unidos».
En los años recientes hemos tenido nuevos y muy felices reencuentros con esta valiosa y fraterna intelectual norteamericana. En particular debemos destacar la cuidadosa antología bilingüe de ocho décadas de poesía cubana, Onlytheroad / Solo el camino, publicada por Duke University Press y presentada en octubre pasado en la Casa de las Américas.
Hoy queremos dar a conocer de Margaret uno de los aspectos más atractivos de su múltiple trabajo creador: su poesía, poesía que siempre la acompañó y con la que ha sabido entregarnos sensibles testimonios de sus experiencias de vida. El escritor cubano Israel Domínguez es el autor de las impecables traducciones del inglés de los textos que les presentamos.
CON GRATITUD A VALLEJO
Un día llegará mi turno. Suerte del sorteo
incluso para mí.
Un día que casi seguro no será en París,
una posibilidad de siete para que sea jueves.
La puerta que se abrió de golpe el 6 de diciembre
de 1936
se cerrará.
Será un portazo o irá atenuándose como el
terciopelo
hasta que su luz desaparezca.
Los repiques de su lengua dejarán de escucharse.
Mi turno, no porque haya atado mal los huesos
de mi muñeca,
ni haya trenzado mis dedos,
ni haya tenido un tropiezo al borde del abismo
ni porque me haya reído en vez de llorar.
Respiré el aire disponible,
amé en las formas que supe,
seguí la ruta de mi mapa hacia un lugar
más allá de las paredes del cañón.
Después de la puerta
que se mece entre los muslos de mi madre
y antes de que llegara mi partida
mis hijos y sus hijos alcanzarán los lugares
que no puedo conocer,
mientras estoy reconfortada
por el amor que se atreve a pronunciar su
nombre,
palabras negras sobre páginas blancas,
este nido que se teje con números y cielo.
COSAS 1
Dos bebieron de esta vasija, de sus afluentes
contrarios,
hace diez mil estaciones.
¿Eran amantes? ¿Acusado y acusador? ¿Madre y niño?
Una pequeña espiral desértica pudiera haber
señalado
un manantial o un ojo de agua.
Pudo haber acuñado una visión supernova.
El cabo del hacha dormía
en el Olduvai Gorge
hasta que Leakey lo levantó de la arena.
El toro minoico de bronce asusta al tiempo
mientras la pequeña figura humana
salta una y otra vez entre sus cuernos.
La tablilla de barro iraquí nos presenta su
historia
de burocracia y cerveza
mientras la Gran Piedra Rosetta
transforma las exenciones tributarias egipcias
en versos tediosos
y estremecedores.
En una copa de plata tallada en Palestina
antes de la ruina cristiana del juicio final
aparecen hombres y mancebos
que se juntan en el éxtasis del sexo.
¿Pornografía, clases de intimidad
o amor simplemente?
Una máscara olmeca flota
al borde del sueño.
Su forma convexa aún mantiene el calor
de la carne ancestral que la tocaba.
Apenas se le notan cicatrices y marcas
de la cultura madre.
La tecnología del siglo XXI
plagia una huella digital.
Los dientes que borraron los granos de maíz
en lo profundo del Escalante
ahora se descomponen, su energía se ha
agotado.
Estas cosas que son más que cosas
son mensajes que esperan por nosotros
para que se abran y se lean,
objetos y lugares que atestiguan
nuestra necesidad de saber
cómo descendimos de los árboles.
CARTOGRAFÍA PERSONAL
No siempre pude estar lejos, aunque
los vientos estivales resecaran mi garganta
y pequeñas agujas del cactus
perforaran la carne de mis senos.
Trescientos sesenta grados de cielo despejado
hicieron girar mi cabeza hasta que mis ojos
grisáceos
amenazaron con salirse de las órbitas
incapaces de sujetarlos.
Entonces un furioso trueno
desató su ferocidad
de tormenta del desierto
erosionando la vida desde las paredes del
cañón.
Grandes fortalezas de peñascos rojos
prensaron ambos lados,
sacando el asombro
desde los hombros caídos.
La cera suave de la única flor
en un desafiante Prickly Pear
se topó con la yema de mis dedos
recordándome que la supervivencia importa.
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