El poema es
un simulacro
de salvación

(Conversación con José Luis Serrano)



Basilia Papastamatiú

 

JOSÉ LUIS SERRANO nació en Estancia Lejos, en 1971. Ha publicado los poemarios: El mundo tiene la razón (1996), Bufón de Dios (1997), Aneurisma (1999), Examen de fe (2002), La resaca de todo lo sufrido (2003) y Los inquilinos de la casa Usher (2005). Ha recibido, entre otros, el Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara en 1998 y 2002, y el Premio Iberoamericano Cucalambé en 2001. ...Nadie podrá salvar con un soneto a quien dispuso ya su trago amargo. Dudo que el enorme Cesar Vallejo –perdonen la tristeza– haya disminuido en un ápice la nervazón de angustia que acorrala a esa bestia inmemorial denominada homo sapiens. No obstante, la poesía vislumbra lo que ni el más potente telescopio consigue entrever; explora lo impalpable, documenta el minúsculo temblor de los filamentos más recónditos. El hombre está urgido de poesía. Cuando el hombre se acerca a la poesía, la poesía se acerca al hombre.


¿Cómo llegaste a la poesía?


A la poesía, como bien dices, se llega. No se nace poeta, como tampoco se nace carpintero. En mi caso fueron determinantes las lecturas de infancia. Recuerdo que mi madre guardaba detrás de la cama, en una cajita de madera, los primeros libros que leí. De aquel baúl maravilloso emergieron Martí, Daudet, Defoe; mucho Salgari, mucho Conan Doyle, muchísimo Verne. Estoy palmariamente convencido de que Miguel Estrogoff, Tartarín de Tarascón y El rey de la montaña, han sido para mí tan nutritivos como Poemas Humanos, La tierra baldía o Enemigo rumor. Fui y soy un lector voraz. La escritura es una fiebre más reciente; hace unos quince años que padezco esta incurable enfermedad. Mi primer libro, Vivir en los espejos, apareció publicado en Moa por Ediciones Serramar (proyecto copatrocinado por el excelente poeta Edurman Mariño) en el difícil año 1992; la tirada fue realmente austera, tres ejemplares. Con tantos poemas que nos dio Fayad, ¿qué podía añadirle a la literatura un estudiante de tercer año de ingeniería eléctrica? Escritura difícil. Enervante angustia de las influencias. Santo horror a los clásicos, esos rumiantes consagrados que pastan inmutables en los esplendentes callejones de la eternidad. Mil y una vez estuve a punto de soltar todo y largarme. Adiós, vacas del sol. Afortunadamente, tropecé con un cowboy llamado T. S. Elliot y comprendí que, en literatura, es totalmente legal el hurto y sacrificio de ganado mayor.

 

 

Continua...