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Pero, ¿qué se entiende hoy por Crítica Literaria?
La crítica, al decir de Pedro Aullón de Haro: “ocupa
un eficiente y muy relevante lugar en el horizonte
de las actividades analíticas e interpretativas de las
formaciones culturales”.7 Asumimos con él la Crítica
literaria como una disciplina científica y hermenéutica
que se inserta en la crítica general de la cultura.
Con Barthes, asumimos que es metalenguaje,8
discurso sobre discurso, un discurso disciplinario
aplicado sobre un discurso auténtico; y con Janus
Slavinski,9 que las principales funciones de la crítica
son la cognoscitivo-valorativa, la postulativa, la
operacional y la metacrítica, ya que el acto crítico
literario es polifuncional.
En la primera “el mensaje crítico se pronuncia
sobre hechos literarios”. En la segunda se expresa “el
sentido proyectista del mensaje. En la tercera la crítica
participa de un juego social cuyos partenaires
son el autor y el público y el objeto la obra literaria”.
En la cuarta encontramos el “enunciado sobre sus
propias reglas, medios y tareas”.10
Si reducimos las tareas de la crítica a lo que
tradicionalmente hemos entendido por sus funciones,
convendríamos en que entre sus obligaciones,
las que textualmente deben asumir el
ensayo, el artículo y la reseña, están la descripción,
el desentrañamiento de los significados
posibles y, con ellos, la interpretación y, finalmente,
la valoración de la obra literaria; para realizarlas
el crítico escogerá el instrumental más idóneo,
léase el método, de acuerdo con la propuesta discursiva
de la obra.11
Lejos estamos hoy de las antiguas prácticas y
retóricas que dictaban normas a la creación. Hoy
la independencia de la obra es tal y al mismo
tiempo las posibilidades de acercamiento a la
misma son tantas que, lejos de producirse una
distancia entre el texto-obra y el texto-crítica,
estas se han acercado en esa diversificación que
problematiza sus relaciones. Como afirma
Federico Álvarez: “Por primera vez en la historia
moderna todas las tendencias parecen convivir sin
debates polémicos entre ellos. [...] Todo el mundo
tiene a gloria su heterodoxia, su fragmentación,
su horror hacia los intentos totalizadores, su asistematicismo
y, en definitiva, su eclecticismo.”12
Atendiendo, pues, a la relevancia y relativa
independencia de los géneros de ficción, se habla
hoy día de los llamados géneros didáctico-ensayísticos,
no usualmente considerados dentro “del
ámbito de las Poéticas, por considerar su lenguaje
sin rango artístico.”13 El denominado ensayo,
bifurcado entre lo creativo y lo objetivo, y que cada
vez pierde más, a mi modo de ver, su capacidad
meditativa no obligada a demostrar a cada paso
las pruebas sobre las que se fundamenta el juicio,
acogió a su amparo formas como el diálogo, la
miscelánea, las reseñas, el tratado, la glosa, la
epístola, las memorias, los géneros biográficos, hoy
muchos de ellos en franco desuso. En cambio, el
artículo y la reseña continúan siendo imprescindibles
como textos tanto expositivos como analíticos
que no dejan de ser creación, al tiempo que
demuestran especificidades que diferencian sustancialmente
al ensayo, dentro de la tipología de
estos géneros, como el mayor. Aún así, es insuficiente
el espacio para exponer las regularidades de
la crítica o una tipología conveniente, debiendo
aprenderse este conocimiento a través de la epistemología
de la crítica o mediante las definiciones
tradicionales del ensayo, el artículo, la reseña y la
nota informativa.
El ejercicio de la crítica literaria en Cuba permite
la visualización de algunas constantes desde su surgimiento
y a lo largo de su trayectoria, estas pudieran
ser enunciadas. La meditación sobre la literatura
en Cuba ha encontrado un espacio permanente
en los periódicos y revistas. La revista, como hemos
visto, ha sido su medio natural, tanto en la vertiente
literaria, como en la académica. Semejante
obviedad constituye la primera e invariable constante
del ejercicio de la crítica de nuestro país y de
la evolución de los estudios literarios. Un estudio del
género, más que a través de libros, conferencias y
hasta discusiones, es posible mediante el recorrido
por los diferentes tipos de revistas, el cual ofrecerá
un panorama dinámico de las ideas sobre la literatura
y de los procedimientos y métodos empleados
a lo largo de la historia literaria nacional, su diálogo
de formas múltiples con el ser insular en su devenir.
La ausencia de una reconocida teorización propia
sobre nuestro discurso literario, la necesidad de
actualizarnos con el discurso teórico procedente de
los grandes centros generadores de dichas ideas y su
adecuación a las condiciones específicas de nuestra
producción literaria, son otras de las marcas perennes
de la crítica literaria cubana; por último, el sentimiento
sentimiento
de culpa de acuerdo con criterios que de
continuo acusan a la crítica y la investigación literarias
de no responder a las demandas de las comunidades
de autores y lectores, a las cuales siempre
les parece que ficción y crítica marchan cada cual
por su lado. En resumen, que la crítica cubana está
así en una crisis permanente.14
* * *
La crítica literaria en Cuba se ha manifestado, a lo
largo de su trayecto histórico, dentro de lo que Paul
Bordieu denomina “un campo de fuerzas que actúan
sobre todos los que entran en ese espacio.”15 Ese
campo de fuerzas se aprecia de una manera ostensible,
sobre todo por la condición de país colonizado
primero, neocolonizado, después, e independizado al
fin; hecho que ha condicionado históricamente lo
que hemos dado en llamar la variación de nuestra
crítica literaria, desde su momento germinal, en continua
interacción entre el terreno del campo literario
y el campo del poder, entre los lugares ocupados en
el campo de la producción cultural por individuos o
grupos colocados en situación de competencia por la
legitimidad, y los sistemas de disposiciones que son
el producto de la interiorización de un tipo determinado
de condición económica y social.
Si quisiéramos resumir lo que profusamente explica
el francés, tendríamos que decir que su propuesta
específica se mueve en la dualidad metodológica del
arte (y de los enfoques analíticos) como entidad
autónoma e interactuante con otras superestructuras
de la sociedad. A diferencia de Bordieu, Jacques
Dubois propone hablar de la literatura como institución,
16 ciñendo aun más los límites de lo específico
literario, aunque sin desligarlo de lo que solíamos llamar
su contexto, toda vez que lo conceptualiza como
establecido sobre cierto número de instancias cuya
primera función es proporcionarles a los escritores y
a sus obras el reconocimiento de una identidad y una
clasificación. Esas instancias, por lo demás bien conocidas,
son el dispositivo editorial, la crítica, los jurados,
las academias y la enseñanza literaria, sin hablar de
los cenáculos, salones y revistas...
Pudiera objetarse la nomenclatura ofrecida por
Dubois, puesto que en realidad sólo existe una instancia
de legitimación, el resto son las formas en
que esta instancia se manifiesta, es decir, el dispositivo
editorial, los jurados, la academia, la enseñanza
literaria, los cenáculos, salones y revistas, a través de
los cuales las obras y autores acceden a la notoriedad,
mediante sucesivas pruebas de selección, reconocimiento,
consagración y conservación.
Para un acercamiento a la crítica literaria cubana
en su devenir, proponemos, pues, una mirada a su
trayectoria, mas no propiamente en un sentido histórico,
sino atendiendo a la misma para tratar de
develar en ella lo esencial de las variaciones operadas
en su desarrollo, y entendiéndola —con
Bordieu— como un “espacio relativamente autónomo”,
que opera al mismo tiempo como mediación a
través de la cual se ejercen sobre ella, como parte
activa de la producción cultural, “determinaciones
externas”, las cuales “nunca se ejercen directamente,
sino sólo por conducto de las fuerzas y de las formas
específicas del campo”.17
Continua...  |