| III
¿Cómo concibes un cuaderno: los poemas que
nacen y se agrupan tras una idea que los integra,
o la idea va delante y los versos van saliendo
hacia ella? ¿Cuál es el tiempo mayor que te
puede llevar la terminación de un poema?
Todo puede salir de una palabra, y esta palabra
de una frase oída en la calle mientras camino
Infanta, Alamar, Buena Vista. Con el acto de
encender una máquina se produce algo de valor.
Un ruido que me acompaña y de alguna manera se
transforma en escritura. Es un proceso constante
en mi mente. Literalmente escribo caminando. Sin
embargo, hay poemas que llevan una investigación
a fondo y que tienen otra estrategia, otra
logística, con períodos de curación que comprenden
unos cinco o siete años. Cada día me cuesta
más comenzar a escribir en el límite, rescribir y
“editar” lo que metabolizo, porque lo hago con
todo el cuerpo y me desgasto y consumo en el
interior de esas imágenes que son como perforaciones
o yacimientos en la búsqueda del final
como advenimiento.
A pesar de tus reservas sobre los concursos,
buena parte de tus libros ha pasado la prueba.
Ganaste por lo menos tres importantes: el David
en 1988, con El segundo aire; el Premio Julián de
Casal de la UNEAC en 1998, con Cabeza Abajo,
también Premio de la Crítica; y el Novás en
2001. ¿Cómo llevas este tipo de retos?
Definitivamente, mi poesía no esta hecha para
concursos. Admiro la integridad de los que pueden
arreglárselas sin caer en la tentación. Mi
obra es alternativa, de siempre, y no de ahora que
es una moda, pero te mentiría si te dijera que no
quiero entrar en el canon, no sólo por vanidad
sino para que todo fluya con mayor apertura a mi
alrededor y para pulverizar piedras y jaurías en mi
camino.
Carlos Augusto, Cerval, Novás. Imagino que
haya algo más que la motivación de un certamen
para reverenciar al poeta de Animal Civil.
Raúl Hernández Novás y Ángel Escobar son dos
paradigmas de mi generación que admiro sinceramente
porque vivieron para la poesía y murieron
por ella.
¿Existen otros autores cubanos que sientas de
alguna forma cercanos a tu poesía?
Me siento chovinistamente orgulloso e identificado
con mi generación, la generación de la antología
de Retrato de Grupo, que para mí comienza
mucho antes, con poetas nacidos a principio de los
cincuenta. Siempre al oír hablar de generaciones
pienso que somos contemporáneos de Lezama
(posiblemente será el único que quede), siento su
monumentalidad sobre mí. En cuanto a lo cubano,
igual me sucede con la narrativa de Lino Novás
Calvo, que conocí en mi juventud.
Has participado en proyectos como La Estrella
de Cuba. Me gustaría un guiño personal a la poesía
que hacen generaciones de escritores de la Isla
que te han sucedido y de los que supongo tengas
referencia de primera mano, ya que pedirte una
mirada atenta sería un acto excesivo.
El proyecto La Estrella de Cuba me dio la posibilidad
de rendir culto al primer gran poeta de
Cuba y de América, José María Heredia, lo que es
decir a la poesía misma; recorrer mi isla, rehacer
mi imaginario, mi mapa personal, compartir con
trovadores y serlo en una distensión entre colegas;
practicar ecumenismo y sobre todo ver obrar
la poesía como la magia misma que es, sacada de
los libros, de las tertulias, de las capillas, llevada
a barrios, tabaquerías, fábricas, escuelas, hospitales,
y que en los teatros abarrotados fuera disfrutada
por la gente.
Hace unas semanas tuve una sensación parecida
a la de La Estrella… en una presentación en
Baire, en el grupo de poetas Café Bonaparte.
Cerval, ese paraguayo desenvainado, era conocido
por sus pobladores poetas, y me hablaban de tal o
mas cual poema con conocimiento de causa.
Estaba flotando, como en un sueño, pero no había
ya duda, Cerval ¡ESTABA EN BAIRE! Todo un símbolo,
un levantamiento del lenguaje en Baire, en su
valla de gallos, asimilado por el quehacer de poetas
de Contramaestre. Óigame, eso vale más que
cualquier premio o distinción.
Nunca he estado al tanto de lo último que se produce,
pero vivo descubriendo, gracias Dios, poetas
de cualquier edad y lugar que me impresionan y me
proveen de lecciones diferentes. Puedo mencionar
nombres: Jorge Osorio Naranjo y José Ramón
Sánchez Leyva, que recién acaban de publicar, y ya
los pondría en la lista de verdaderos prodigios por su
sacerdocio poético, su economía de expresión y el
rigor en lo tácito de la escritura. Por otro lado, nombraría
a Amaury Pacheco del Monte y Luis Eligio
Pérez Calafria, poetas cronistas, performáticos,
espectaculares vagabundos que intervienen espacios
de la realidad e interpretan magistralmente sus
textos de cruda civilidad, experimentando con instrumentos
aleatorios y nuevos soportes.
Vivo dividido en ambas afiliaciones, porque
ambos caminos me interesan profundamente y
hacia ellos, a mi manera, desde siempre, he encaminado
mis pasos. Ambas tendencias aparentemente
incompatibles, con las que me identifico,
tienen un común denominador: la poesía.
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