Y aquí salta a la vista el punto de contacto entre Tonio, un hijo de buena familia “extraviado” en senderos de creación literaria, y el estafador Felix Krull, quien al rememorar su primera visita al teatro y la extraordinaria actuación de un comediante célebre, apreciará la diferencia entre el artista al que admiró en escena y el hombre sin afeites a quien su padre saludó en el camerino, y verá en el arte impostura aceptada y aplaudida por la sociedad, y en el actor un impostor que se realiza en la impostura de su arte.
Hay reminiscencias autobiográficas en la vuelta de Tonio a la ciudad natal, con sus tejados puntiagudos y sus torres góticas. ¿Tal vez las hay también en el pasaje donde se confunde a Tonio con un estafador?

(...) Lo había deprimido un poco el hecho de que en su ciudad le tomaran por un estafador y quisieran detenerlo por eso, sí, aunque hasta cierto punto le pareciera cosa natural.

El comentario sobre la reacción del personaje ante la confusión de las autoridades policiales (aunque hasta cierto punto le pareciera cosa natural), establece también aquí el paralelo entre impostura y arte (el arte y la literatura que crean una realidad-otra, impostura que goza de la aceptación general), y nos remite de vuelta al primer capítulo:

...él mismo sentía que hacer versos era algo errático y en verdad indebido, y hasta cierto punto debía dar la razón a todos los que consideraban extravagante aquella ocupación.

Pero Tonio persiste, acepta el reto de la soledad y la extrañeza, consciente de la responsabilidad social del escritor, tanto como lo estuvo el propio Thomas Mann. Si bien es cierto que la contradicción entre arte y vida está planteada aquí en términos extremos, no lo es menos que todo escritor se ha cuestionado o se cuestionará, en algún momento, sobre el sentido y validez de sus afanes literarios: interrogante que se expresa y a la que se responde en formas muy diversas. La brasileña Cecília Meireles, por ejemplo, se llama a sí misma “pastora de nubes”, y el cubano Antón Arrufat hace decir a un personaje: “Gasté mi tiempo en unas estrofas y tal vez/ las disperse el futuro./ La vida hubiera sido más cierta.” — “Y llevaré tan solo bajo tierra/ el pesar de mi canto inacabado”, dice el turco Nazim Hikmet, mientras el chileno Pablo Neruda afirma: “porque se me hizo tarde en mis quehaceres,/ se me pasó la vida en tantas cosas,/ que dejo mis trabajos a otras manos/ y mi canción la cantará otra boca...”
¿Qué es lo que torna intemporal la obra de un artista? ¿Un don? ¿La profundidad filosófica y existencial? ¿La medida en que logra reflejar lo esencial del arte y del ser humano? ¿La honestidad con que se asume el arte como misión social? ¿O todo esto a la vez? Cualquiera que sea la respuesta, sólo vendría a confirmar la talla humana y literaria del mago Thomas Mann, que se revela tanto en sus grandes novelas como en las breves páginas de Tonio Kröger.

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* Todas las citas en cursiva pertenecen a la obra Tonio Kröger, y han sido traducidas por la autora de este artículo. Mi agradecimiento a Jorge A. Collazo López por sus opiniones y comentarios.

 

 


Tonio Kröger
(Fragmentos)



La fuente, el viejo nogal, su violín y a lo lejos el mar, el Báltico, cuyos ensueños veraniegos podía escuchar en las vacaciones, esas eran las cosas que amaba, de las que se rodeaba en cierto modo, y entre las cuales discurría su vida interior; cosas cuyos nombres pueden usarse con buen efecto en versos, y que también resonaban todo el tiempo en los que a veces componía Tonio Kröger.
Esto, el hecho de que poseía un cuaderno con versos escritos por él mismo, se había sabido por su propia culpa y lo perjudicaba mucho, entre sus condiscípulos y entre los maestros. Al hijo del cónsul Kröger le parecía, de una parte, que era vulgar y estúpido escandalizarse ante tal cosa, y por esa razón despreciaba a condiscípulos como a maestros, cuyos malos modales rechazaba, y cuyas debilidades personales calaba con rara penetración. Pero, de otra parte, él mismo sentía que hacer versos era algo errático y en verdad indebido, y hasta cierto punto debía dar la razón a todos los que consideraban extravagante aquella ocupación. Sólo que eso no bastaba para apartarlo de ella...
Como en casa perdía su tiempo, en clase era de espíritu lento y distraído y tenía mala reputación entre los maestros, constantemente traía de la escuela las más lamentables calificaciones, por lo que su padre, un señor alto y de pensativos ojos azules, vestido con esmero y que siempre llevaba una flor silvestre en el ojal, se mostraba muy enojado y preocupado. Sin embargo, la madre de Tonio, su bella madre de cabellos negros, cuyo nombre de pila era Consuelo, y quien era por lo demás tan diferente de las otras damas de la ciudad, porque el padre la había traído tiempo atrás de algún lugar situado muy al sur en el mapa, a su madre las calificaciones no le importaban para nada... Tonio amaba a su madre, morena y fogosa, que tocaba de un modo tan maravilloso el piano y la mandolina, y se sentía contento de que a ella no le espantara la posición dudosa de su hijo entre la gente. Pero, por otra parte, sentía que el enojo paterno era mucho más digno y respetable, y aunque fuera reprendido por su padre, en el fondo estaba de completo acuerdo con él, mientras que encontraba un poco liviana la alegre indiferencia de la madre. A veces pensaba más o menos así: Es suficiente que yo sea como soy, y no quiera ni pueda cambiar, descuidado, rebelde y dedicado a pensar cosas en las que nadie más piensa. Justo es que al menos se me reprenda y castigue en serio a causa de esto, y no que se pase por alto con besos y música. No somos gitanos en carromato verde, sino personas decentes, los Kröger, la familia del cónsul Kröger... No pocas veces pensaba también: Pero ¿por qué soy tan peculiar y estoy en conflicto con todo, mal visto por los maestros y extraño entre los demás jóvenes? Mira a esos buenos estudiantes y a los que se caracterizan por su sólida medianía. Ellos no encuentran raros a los maestros, no escriben versos y piensan sólo cosas que todos piensan y que se pueden expresar en alta voz. ¡Qué ordenados han de sentirse, y cuán de acuerdo con todo y con todos! Eso debe ser bueno... Pero ¿qué pasa conmigo, y en qué irá a parar todo esto?

 

Continua...