El Apocalipsis según San George.
Un libro imprescindible



Darío L Machado Rodriguez




Cuando uno visita a Eliades Acosta en su despacho de la Biblioteca Nacional se encuentra con montañas de libros acá y allá, pero todos sólo en aparente reposo. Basta comenzar la conversación y se va revelando la complicidad del intelectual con las fuentes, los textos cobran vida en la urdimbre de sus búsquedas, nada está por gusto sobre las mesas y los estantes, libros y persona son un sistema vivo. Fue uno de esos días en los que los deberes cotidianos nos dieron la oportunidad allí de una animada charla, cuando Eliades me explicó un proyecto en el que estaba trabajando febrilmente en la estrechez de su apartamento y que por fin vio la luz con el título El Apocalipsis según San George.
Era contagioso su entusiasmo por aquel emprendimiento que le robaba las horas de sueño, pero le permitía atar los cabos sueltos que encontraba en la profusa información disponible hasta hilar la trama y la urdimbre de este libro coherente y revelador de un ángulo de la ultraderecha neoconservadora norteamericana sepultado por la avalancha de chatarra informativa de los medios de comunicación. En efecto, con paciencia franciscana y habilidad de artista desgranó del caos de informes, datos, noticias, artículos, así como de ensayos, libros, discursos, los elementos que necesitó para articular un tejido lógico y certero que no dejó vacíos ni dudas.
El libro El apocalipsis según San George da respuesta a una interrogante que mucha gente en el mundo se ha planteado: ¿Cómo es posible que a la cabeza de un Estado tan rico y poderoso, el de mayor poder destructivo en el mundo, esté un individuo tan escaso de mente, tan errático y dependiente del alcohol como el Sr. W. Bush? La respuesta es tan simple como aterradora. A la tenebrosa y bien aceitada maquinaria de la inteligencia del poder imperial le viene bien un monigote, alguien que repita sin pensarlo el guión que le ponen delante, aunque de cuando en vez suelte sus ya famosos desvaríos, que terminan reciclados por los basureros de la maquinaria mediática, convertidos en cosas chistosas o veleidades folklóricas.
Este es un libro de sociología política y es también una denuncia, pero no una más, sino una demoledora por su exhaustiva argumentación de la naturaleza criminal de la ultraderecha neoconservadora del Estado norteamericano. Eliades une en este, como en otros textos de su respetable producción intelectual, la pasión del revolucionario con la del investigador.
Su estudio demuestra la naturaleza prepotente, racista e inmoral de lo que con justeza califica como “fundamentalismo mesiánico”; hurga en la historia y saca a la actualidad sus torcidas raíces evidenciadas en decretos, acuerdos, cartas, o en discursos de políticos imperialistas como el pronunciado por el republicano Beveridge cuya desnuda elocuencia aconseja reproducir aquí este pasaje citado por Eliades: “(…) No renunciaremos —dijo Beveridge— a cumplir la parte que nos corresponde dentro de la misión que toca a nuestra raza: ser garante de los planes divinos de civilización mundial. Seguiremos adelante con esta tarea, no quejándonos como esclavos, por tener que llevar tan pesada carga, sino expresando gratitud al Todopoderoso por la misión encomendada, y por habernos elegido como pueblo, encargándonos la regeneración del mundo.” (p.76). Cualquier semejanza con el entramado mental de George W. Bush es plena coincidencia.
Eliades descubre por la ruta de las acciones encubiertas del poder norteamericano y las descubiertas también, la subcultura de la violencia, del uso prepotente de la fuerza para alcanzar sus finalidades de dominación. Quizá por eso también retoma el polémico asunto del Memorando Breckenridge: la violencia y el desprecio al otro que afloraron en la expansión al oeste, en la guerra que arrebató a México la mitad de su territorio, en la propia guerra de secesión, transpira del mencionado texto: es la misma de la intervención del 98 y la de la invasión por Girón.
Explica cómo las justificaciones de las guerras, a partir de hechos similares a los sucesos del Maine, revelan un denominador común: acercarse al futuro agredido, provocar, crear el objeto de una posible futura discordia. La maquinaria de propaganda corre antes, durante y después: primero creando el escenario virtual del abuso, del manotazo, luego mostrando no la guerra real, sino la imagen que de esta les conviene y finalmente creando la impresión de que todo es mejor a partir de la acción militar. El denominador común es la manipulación inescrupulosa de la información, la mentira, el engaño mediático. Esta práctica perversa, y este es uno de los esclarecimientos que debemos a Eliades, fue iniciada con éxito por el imperialismo norteamericano durante la primera guerra imperialista, la que instauró en Cuba una república neocolonial.

El manejo de la información por parte de los centros de poder del imperialismo norteamericano es cada vez más un componente fundamental y decisivo de sus estrategias y tácticas de dominación. Tras el celofán de la “libertad de expresión” hay todo un sistema de mecanismos de control que sólo tolera lo tolerable para los intereses imperialistas. Eliades lo descubre hasta el detalle cuando afirma: “En la cultura occidental, que es una cultura burguesa, las explicaciones literarias se toleran; las sociológicas, no. Hablar del 'demonio de la perversidad' es de buen gusto, o como decimos hoy, 'políticamente correcto', pero no lo es hablar de plusvalía, explotación del hombre por el hombre, lucha de clases o imperialismo. Se tolera, en fin, lo inofensivo o ambiguo y se censura o desacredita lo exacto, lo eficaz, lo capaz de sedimentar el saber que precede a la transformación de la realidad” (p.22).
Su aguda observación hace recordar a ciertos autores que eluden términos tan claros y precisos como el de imperialismo y emplean otros más potables para determinados círculos académicos, políticos y mediáticos, como el de “tendencias hegemónicas”, lo cual no estaría mal si la metamorfosis terminológica no estuviera acompañada de la de contenido.
Acosta Matos revela el origen de muchos voceros del neoconservadurismo en una izquierda renegada que encontró trabajo en los medios reproductores de esa ideología y nos ilustra acerca del papel de los llamados “tanques pensantes”, un tema que el debate ideológico ha puesto a la orden del día en el público cubano. El autor esclarece, ahora mediante la ruta del dinero, los intereses a que sirven estas agrupaciones y la escasa rigurosidad de muchos de sus productos intelectuales, artificialmente aupados por la propaganda. Redondea el panorama de esta inteligentzia, describiendo las características de algunos de sus más connotados representantes e incluyendo sus recomendaciones respecto de la política hacia Cuba.
Al agudo análisis de Acosta Matos no escapan temas que completan la visión acerca de esta peligrosa ultraderecha aliada estrechamente con el fundamentalismo religioso: sus tácticas para hacerse del poder y su prepotente afán para mantenerlo, casos particulares como el de la guerra de Iraq, Afganistán, su política hacia la revolución bolivariana de Venezuela y otros, así como un enfoque sobre el abismo que espera a esa barbarie neoconservadora y a sus enajenados jinetes apocalípticos desmandados en su borrachera de poder. Ningún asunto relevante de la política mundial ha escapado al escrutinio del autor.
Acosta Matos revela también en su libro otra realidad de los mecanismos de poder en EEUU: La mayor parte de la información disponible en manos de los legisladores norteamericanos proviene de los aparatos de inteligencia y esta —claro está— la elabora el Gobierno. No es ocioso recordar lo que el autor denomina sintéticamente “miembros de un mismo equipo”, poniendo de relieve toda la demagogia del supuesto democratismo de las instituciones norteamericanas. En efecto, en medio de una lucha intestina puede caer un alto funcionario, incluso el presidente, las cuotas de poder varían constantemente, pero el sistema siempre debe quedar preservado. Eliades llega con su investigación hasta poner en nuestras manos el análisis del nuevo documento programático neoconservador, titulado Mandate for Leadership: Principles to Limit Government, Expand Freedom and Strengthen America, fechado en el 2005. Estoy convencido que su naturaleza inconforme y su afán de servir no le permitirán a este académico dejar el tema a la deriva, pero un libro, si es protagonista de su época, es algo vivo, tiene que salir al torrente cultural sin aspiraciones de perfección o de “palabra final” y en el momento oportuno.
Finalmente quisiera hacer algunos apuntes más. Sólo desde una vasta cultura universal como la que tiene en su haber Eliades Acosta fue dable encarar con éxito la compleja y trabajosa tarea de componer los hilos de este acucioso relato, algo posible únicamente si se cuenta con una visión totalizadora de lo que ocurre en el mundo. Es la que le permite el elocuente y certero cotejo inicial de Marx, Poe, Lovecraft, Martí, Freud y Michael Moore.
Este libro no fue escrito por encargo, sino por propia iniciativa del autor, pero pudo haberlo sido también y ello no habría restado un ápice al rigor de sus resultados, porque tanto en uno como en otro caso habría estado siempre presente su razón de intelectual comprometido con la verdad, con su tiempo y con su pueblo, pero es obligado reconocerle también el haber apreciado la necesidad de un aporte como este que constituye una excepcional contribución a nuestra cultura general y particularmente a nuestra cultura política. Tiene además un relevante valor metodológico, al mostrar el camino del análisis histórico, revelando simultáneamente la lógica del comportamiento imperialista, escudriñado a través de una muy abundante información fáctica, avalada por la respetable cifra de casi 700 citas.
Es un texto contemporáneo, se vive más que se lee, por eso nos hace pensar, nos preocupa, pero sobre todo nos revela verdades y nos nutre de argumentos para entender y para luchar. Por ello también demuestra la fuerza del pensamiento crítico, su honda es la de David. Valor, inteligencia, trabajo tesonero y puntería le permitieron esta entrega que logra mostrar desde su trinchera intelectual las debilidades de un imperio huérfano de ideas. No falta en el volumen la fina ironía de Eliades Acosta, que asoma a menudo en sus análisis aliviando con la inevitable sonrisa la dureza del tema que ocupa sus páginas.
Eliades revela cabalmente su vocación académica. Intelectual íntegro, tiene el don de investigar con profundidad, analizar con rigor y exponer de modo atractivo, sin frases o palabras rebuscadas. Sólo si se piensa con claridad se puede exponer con sencillez.
El adjetivo que mejor describe la labor de Eliades Acosta Matos escogiendo los hechos, analizando las fuentes originales luego de un laborioso trabajo de traducción, para ofrecer al público en una convincente lógica las verdades escamoteadas por la tergiversación, el ocultamiento deliberado o por el alud abrumador de información que sirve igualmente para esconder, es el de formidable.
El Apocalipsis según San George es un libro imprescindible en la actual encrucijada de una humanidad amenazada por un poder tan egoísta como brutal.

Continua...