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III
La Ciudad es otro gran tema, la ciudad devastada –la que Dionisos destruye al regresar del destierro
para conquistar su merecido culto y la ciudad
que habitamos, con su precariedad y su fascinante
belleza– afanada en emerger desde la utopía, el
espacio humano para sembrar, para reconstruir y
rectificar lo errado.
El lenguaje de la representación emplea elementos
naturales: agua, fuego, piedras y madera
en sus texturas vírgenes, lo que alude una vocación
fundacional, regenerativa, de hacer nacer
algo nuevo de lo que debe morir. Es curioso como
esta perspectiva se entronca con el momento difícil
que atravesaba el propio Teatro Buendía, parcialmente
desmembrado luego de una gira –en
que sufrieron los efectos de algunas elecciones
migratorias individuales. Flora Lauten, la directora
del colectivo, cuenta cómo frente a su casa, a
orillas del mar, en la costa norte de La Habana, en
medio de un huracán, Yemayá le lanzó un árbol
seco, lo que le hizo preguntarse si aquello era una
analogía de lo que ya ella era, o un mensaje para
que empezara, de nuevo, a trabajar. Y así quiso
interpretarlo, abrió una convocatoria para jóvenes
actores y empezó por lo más elemental que
fortaleciera en ellos el sentido de lo artesanal en
el teatro.
Acerca de esta dimensión metadiscursiva de
Bacantes, en otro plano, Raquel Carrió ha apuntado:
En cierta forma por eso en Bacantes es el juego
representacional lo que estructura el relato.
Está claro que donde termina el texto de
Eurípides comienza el de nosotros (Cf. Notas al
programa). Pero aún más preciso: el contrapunto
continuo aspira no sólo al juego intertextual
(básico en la estructura de Otra tempestad)
sino a convertir la subversión, la transgresión
temática, en la propia naturaleza del
relato. Entonces aquí la fragmentación opera
no sólo por yuxtaposición e interacción de los
contrarios, sino porque una naturaleza se vuelve
dual en el límite de su integración y se
reproduce, en realidad se multiplica, en el sentido
del calidoscopio.
Este es el juego que propone Bacantes al
espectador. Una dramaturgia definitivamente
contaminada por su experiencia y proyectada
en planos distintos pero convergentes. En este
sentido, el primo que regresa es un contrario.
Pero tiene la misma sangre. Ese hilo de sangre
nos enfrenta al ESPEJO. Uno sabe qué es: en el
espejo se acerca lo lejano y lo cercano se aleja
para dejarse definir.10
Por último, desde San Germán, Puerto Rico, en
uno de los escasos espacios independientes que
existen en la Isla, el Teatro Cruz de la Luna, Aravind
Adyantaya crea Prometeo encadenado, singular
versión textual-virtual y escénica del original de
Esquilo. La propuesta, en la cual la palabra dicha y
la acción representada son inseparables, constituye
una talentosa conjunción que toma en cuenta
el peso de la tradición y el interés por la experimentación,
que nos hace releer el texto clásico
desde la cyberespacialidad.
El autor-actor-director, otra suerte de performer
integral, solo en la escena y sentado de perfil al
público, frente a una laptop encendida cuya pantalla
líquida se reproduce en otra mayor, de tela, colocada
tras él, ejecuta un extraño ejercicio desde el
teclado, mientras dice el texto híbrido de su versión.
En la pantalla descubrimos letras que forman líneas
y líneas de un aparente non sense, palabras que se
repiten, a la manera de claves de sentido de un discurso
que, sin apartarse del todo de la idea central
del original, está permeado además de fantasmas de
la cultura local, de referentes cultos y populares que
forman parte de la herencia del artista, de hitos
sociales e históricos que le sacuden –alusivos a la
condición colonial de la Isla, al tan llevado y traído
tema del estatus–, que pervierten su discurso, que
desplazan la asepsia de la virtualidad por el sabor
variopinto de la memoria colectiva.
Este Prometeo caribeño no está atado a la piedra,
sino a las trampas de la tecnología y de la
palabra, a los fantasmas de su contexto, a las tensiones
español-inglés, progreso-subdesarrollo,
premodernidad-postmodernidad. Y también a los
iconos del teatro clásico, a sus mitos y a sus héroes,
atados a la vez a sus culpas trágicas.
He aquí una muestra –insuficiente e incompleta
en tanto es sólo texto transcrito de algunos
“pasajes”:
(II. TEORÍA)
Gracias por estar con nosotros esta noche. El
teatro de la escritura es una modalidad de poética
teatral en la que el acto de escribir mediado
por tecnología se escenifica en vivo. La
escritura de esta pieza es la del “Prometeo
encadenado” de Esquilo. Y antes de continuar
me gustaría repasar algunos datos sobre la tragedia.
“Prometeo encadenado” es un texto muy
viejo. Se piensa que se estrenó en el siglo V
antes de la era cristiana en el Teatro de Dionisio
en la ciudad de Atenas. En aquel momento
Atenas se consideraba la democracia perfecta,
pero era también un sutil poder hegemónico
cuyo dominio se extendía a territorios vecinos
y hacia el Oriente. “Prometeo encadenado” es
parte de una trilogía cuyos otros dos componentes,
“Prometeo el portador de fuego” y
“Prometeo desencadenado” se han perdido. La
tragedia ha sido vista de distintas formas a través
de la historia. Los críticos neoclásicos
(siglos XVII y XVIII) pensaban, por ejemplo, que
esta pieza no era buen teatro. Sus personajes
era fantásticos, inverosímiles; su dicción exce
siva, disonante. ¿La trama? “Prometeo encadenado”
realmente no tiene trama. A comienzo
de la tragedia, Prometeo es encadenado, y al
final, continúa encadenado. Lo que tenemos
entonces es una serie de visitas. Prometeo es
visitado, como hemos visto, por PODER y VIOLENCIA,
demonios, y más tarde será visitado
por criaturas divinas y por un monstruo. En este
próximo episodio, Prometeo es visitado por
HERMES, el mensajero de los dioses.
Ahora bien, vamos a suponer en teoría que
todo el mundo aquí en algún momento ha
teoría
visto a HERMES. Que lo hemos visto en el
campo, en los campos, en los campos de
ver
corderos de esta isla, en los campos de corderos
de Arcadia donde él fue engendrado por
observar
Zeus en Maya, tímida ninfa y nació. En esa
ser un
tierra del cordero donde él inventó la lira de
espectador ...................................en un teatro
un caparazón de carey prohibido y tripas y
gandinga de cordero. Vamos a especular que
especular
hemos visto a HERMES.
(Cierro los ojos.)
Yo vi a HERMES en el campo y en los campos
y en las sínsoras. En una balanza de un
teoría ver ...................observar ser un espectador
chavo por tu peso en una farmacia de pueblo
en un teatro
que estaba mala. Yo vi a HERMES en la
especular
...
(La secuencia escrita continúa repitiéndose y
deformándose mientras se habla...)
...................................................................................................................................................................
1_Cf. Juan Antonio Hormigón: “La contemporaneidad de
los clásicos”, tablas n. 4/88, La Habana, octubre-diciembre,
1988, pp. 53-56.
2_ Santiago García: “La urgencia de una nueva dramaturgia”,
Escenario de dos mundos. Inventario Teatral de
Iberoamérica, t. 1, Centro de Documentación Teatral
INAEM, Madrid, 1989, p. 56.
3_Acoto, como dato curioso, un inventario preliminar de
Antígonas en Latinoamérica, además de la que refiero
aquí: Antígona Vélez (1952), del argentino Leopoldo
Marechal, Antígona en el infierno (1958), del nicaragüense
Rolando Steiner, La fiesta de los moribundos (1966), del
venezolano César Rengifo, La pasión según Antígona Pérez
(1968), de Luis Rafael Sánchez, La joven Antígona se va a
la guerra (1968), de José Fuentes Marel, de México,
Antígona–Humor, del dominicano Franklin Domínguez
(1968), Pedreira dos almas (1979), de Jorge Andrade, de
Brasil, y Antígona furiosa (1986), de Griselda Gambaro. Cf.
Rómulo Pianacci: Antígona: una tragedia latinoamericana,
Tesis de Maestría en Letras Hispánicas, diciembre 2002
(inédita). En Cuba, también el Estudio Teatral de Santa
Clara concibió una versión unipersonal a partir de la vida
del personaje descrita en las leyendas tebanas, para las
que usaron textos de Edipo en Colona y de Antígona de
Sófocles. Y Marianela Boán creó para DanzAbierta un
guión que bailaron dos hombres. Ambas en los noventa.
4_ Cf. Santiago Soberón: “Treinta años de Yuyachkani”,
www.babab.com/no10/yuyachkani.htm
5_ Teresa Ralli y Miguel Rubio: “Notas sobre nuestra
Antígona”, www.geocities.com/antigona_yuyachkani/
6_ Cf. Vivian Martínez Tabares: “Antígona: disolverse en
la luz. Entrevista a José Watanabe”, La Gaceta de Cuba n.
5, La Habana, septiembre-octubre 2002, pp. 36-39.
7_ Cf. Vivian Martínez Tabares: Yuyachkani: “Despertar la
memoria y el gesto de Ismene”, Conjunto n. 121, La
Habana, abril-junio 2001, pp. 10-15.
8_ Todas las citas de la obra son de Denise Stoklos: Des-
Medea, Conjunto n. 121, La Habana, abril-junio, 2001, pp.
27-40 (trad. del portugués Miryam López Suárez).
9_ El cubano Reinaldo Montero es también autor de una
Medea (1996) en la que el personaje central tampoco da
muerte a sus hijos. Desde el texto y particularmente en la
puesta que de ella hiciera Abelardo Estorino con la
Compañía Hubert de Blanck, se enfatiza en la condición de
migrante de Medea, en analogía de cubanos que han viajado
a los Estados Unidos, en busca de mejorar su estatus,
y se propone una reflexión sobre el sentido de pertenencia,
el arraigo y el desarraigo. Significativamente, en la edición
de Unión, 1997, el autor ubica como exergo una cita de la
ensayista Graziella Pogolotti que dice: “La isla, incapaz de
reconocer fronteras precisas, se apropia del mundo. (...) La
isla es un puerto”. Muchos años antes, también en Cuba,
José Triana había escrito Medea en el espejo (1961), en la
que lo clásico contrapuntea con el ambiente del solar, con
el choteo y el chisme, los mitos afrocubanos y la politiquería
en la etapa prerrevolucionaria.
10_ Raquel Carrió: “La casa del Alibi: notas sobre la escritura
de Bacantes”, tablas n. 1 /02, tercera época, v. LXII,
enero-abril 2002, pp. III-VI.
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