II


Supo siempre
Percibió, al iniciarse la recuperación de la entidad, un campo de génesis orgánica de la que nunca pensó que contuviera algo programado o innatural. Podía testimoniar los hechos y las circunstancias de las que se convertía en un palimpsesto vivo. Cruzar a través de los estados de la esencia en cualquier forma o modalidad, para lo cual había sido calificado, lo dotó de una gran seguridad en los acontecimientos y por eso no tenía duda ni la tuvo nunca. Supo siempre. Sabía adónde iba y que la memoria era una constante en auge. De no ser así jamás hubiese pensado en que no podría regresar, como lo hizo siempre. Había estado en tantas fases y etapas. De no ser por una absoluta subordinación al objetivo y su curso definido exhaustivamente para alcanzarlo, podría llegar a confundírsele con poderes supremos, como en lo más remoto, cuando los contactos habían sido mal interpretados. Ciertamente para eso habían sido útiles también los años de estudio y formación previos que situaron toda la información y los datos sobre una base análoga de conocimiento para cada grupo de investigadores incluido el consejo rector.


Angustia de lo inconcluso
El cielo de sus recuerdos se ajustaba sobre las fisuras que pugnaban por envilecerlo todo con su reiterada aparición, empañando el sentido que pudiera pretender otorgarle a su incipiente personalidad. La angustia de lo inconcluso, la duda del éxito, le hacían temblar cuando se aproximaba a la concreción del objetivo. Sufría una sacudida honda, más profunda e intensa que la que padecía al someterse al programa en la cámara de traslado y aún que la que aplastaba sus sentidos y su alma en los instantes próximos a la transformación y que era registrada por los equipos de medición de los centros de expedición e inscrita también en los parámetros de registro de que era portador y que no atendían sólo a su curso y objetivo sino que conllevaban, como se ha visto, a todas partes, el cuerpo de su experiencia acumulada e inteligente que se multiplicaba en todos sentidos, pues iba dotado de juicio propio y su razón era algo que se retroalimentaba en sí misma sin contar siquiera con el factor externo, aunque sí estaba dotado de un límite final que era el objetivo hacia donde era encaminado el programa y que no podía desobedecer ni a las fórmulas ni a los códigos de donde se derivaba.

La grata y creadora sensación
Su definición física actual formó un cuerpo orgánico. Reconocible en sus caracteres lo que iba diseñando su identidad para implantarlo en el objetivo en el centro de las infinitas dificultades que comportaba este último designio. Volvió a estar presente por completo, entero sobre un mundo predeterminado. Abrió su conciencia sobre aquel escenario que no se compadecía con ninguna de sus experiencias anteriores y donde tenía que disponer en orden jerárquico cada idea de su mente permanente u organizarse correlativamente con el nuevo medio como había hecho tantas veces, pero que ahora era casi imposible de creerlo porque su ambición superaba como nunca el desafío. Asentó en su conciencia cada aspecto nuevo y lo confrontó con lo que aparecía en su inventario de conocimientos y juicios propios y extraños, así como las enunciaciones que habían caracterizado ese proceso en misiones precedentes y que formaban parte integral inseparable de su ente. Percibió cómo iba reconstruyéndose en la grata y creadora sensación y recuperando su integridad. Comprobó el medio.


Navegó sin aplicar esfuerzos superfluos
Comprobó el medio. Había aspectos familiares, conocidos, que albergaba en el marco de sus registros y que no correspondían a la esencia fundamental de la vida que iba desplazándose íntimamente dentro de la secuencia de los acontecimientos, señalando sus estancias y en un momento había podido insertarla en el campo de sus ensayos. Eran frecuentes las similitudes y los descubrimientos sobre lo que trasegaba en su memoria, pero reparó en que también había aquí como en las anteriores incursiones una entrega de valores y elementos nuevos ajustados al curso hacia el empeño propuesto, cuya finalidad era determinarlo casuísticamente y que estableció su presencia de inmediato, formulando un diálogo inteligente con los estados intermedios interlocutores del proceso. Navegó hacia donde se había propuesto con el mayor rigor y sin aplicar esfuerzos superfluos como podía admirarse alcanzado el objetivo. Estaba en un sitio distinto, único, al que no podía describir detalladamente pero que en sus parámetros calzaba las mismas normas y calificaba como se lo habían propuesto.

La inteligencia de la información
La felicidad de sentir su cuerpo lo excitó. En algo en el transcurso y en cada una de las estadías. Y ahora mismo. A veces el curso se detenía y tomaba conciencia de su etapa y de las características específicas de la misma. Agrupaba los detalles y las particularidades de manera que la información podía ser un banco de inteligencia también para el regreso, por lo que el empeño estaba vinculado a la propia supervivencia del ente. Sin mucho esfuerzo inscribía datos o estos lo hacían automáticamente. De todos modos, era como una esponja físico-química a través del espacio-tiempo absorbiéndolo todo sin que la inserción continua la agobiase directamente al cumplir su función. De lo contrario no habría podido preservar su curso ni orientarse hacia donde se lo planteaba el programa inicial como había ocurrido siempre. La depuración del método llevó a que se pudieran afrontar destinos más complejos y prácticamente impensados en la experiencia anterior.


De una época a otra

La osadía de los expedicionarios y de los que programaban sus objetivos se apoyaba en la conservación de los presupuestos precedentes en base a los cuales se había conformado la teoría: los principios, los conceptos y las leyes. El principio de la unicidad original jamás había enfrentado una seria impugnación. Era un axioma básico sobre el que se había ido construyendo con precisión cada paso del proceso hasta alcanzar su clímax de eficiencia comprobado por los que lo ejercían y que eran testimonio vital de lo acaecido y en cuya memoria por suerte se conservaba el registro de cada experiencia. Aunque no se hiciera visible de inmediato, es cierto que el ente transfería de una época a otra su contenido enriquecido. Difícil había sido encontrarse a dos o más sujetos para intercambiar sus registros y conocimientos. Apenas había ocurrido en los primeros experimentos porque después el salto del tiempo era tan grande que ninguno encontraba a otro a su regreso y sólo mantenían el recuerdo de sus relaciones inalterable y la esperanza de volver a encontrarse. Así había ocurrido con un eventual y muy dudoso acercamiento de dos entes en el espacio cósmico a millones de años luz de la salida hacia otra galaxia.


Experiencia y academia
¿Quién hubiera pensado, cuando comenzó, que los programas podrían encaminarlo hacia un mundo en formación? Habían trabajado con el infinito en todas direcciones sus contemporáneos, incluso antes de haber nacido, pues había sido configurado en los destinos metagalácticos o cósmicos previos desde Rotus. La habilitación o transformación de la materia como conductor de la energía y de la luz, traspasó los límites genéricos y naturales e hizo explotar las barreras, que pasaron a convertirse en aliados a partir de los cuales era posible comprometer profundidades espacio-temporales extremas que fueron alimentando su confianza desde la infancia en este medio y tendiendo unos vínculos de entendimiento y aceptación por la fórmula que al menos en lo personal jamás contuvo una partícula de incredulidad. Aprobó todos los cursos y desenvolvió cada etapa de progreso o formación con absoluta convicción, llegando a proponer teorías y fórmulas propias. Coexistía con otros pero sus motivaciones e intereses diferían aunque circunstancialmente lo hubiesen acompañado en sus experiencias en algún momento, porque cada uno tenía su propia identidad y había derivado de una distinta formación. Experiencia y academia constituirían rasgos dentro de cada cual y al final terminaban decidiendo sobre cuál sería su objetivo en un proyecto.


La realidad prístina
Millones de objetivos posibles porque el universo crepitaba en permanente crecimiento. ¿Qué eran? ¿A qué respondían? Podía designarlos formalmente con un nombre, como lo hacía para asentarlos entre sus fines, pero detrás estaba el concepto y su estructura de relaciones y referencias múltiples y poligenéticas que había sentado un equilibrio de complejidades y diferencias contradictorias que marchaban al unísono y que asomaba sus trazos en las proyecciones y a través de la información concreta tanto hacia su pretérito como en lo que disertaba hacia delante. Era la realidad prístina, original, la que motivaba su máximo interés, pues ya había extendido sus pasos hasta las metagalaxias menos remotas y las más lejanas o lo habían hecho otros exploradores. Solo había quedado frente al desafío y con un cúmulo de información acopiado que lo presionaba a seguir casi en una determinada dirección, pues las demás alternativas habían sido seleccionadas y agotadas en los cursos previos. Así fue que se quedó único ante la real alternativa, de la que disentía por mucho tiempo hasta que logró imponérsele y hacer de él un fanático.


Razones del extrapolado
Evitar el rechazo pulsando la situación y amparando a partir de un elemento fijo determinado una concreción sólida e incontestable. Había reiterado sus razones una y muchas veces en el campo de las especulaciones y en el páramo de su falta de escrúpulos, porque tanto por su origen como por su escuela era un contendiente destacado para determinar quién había de ser el próximo o señalar al escogido. Se había propuesto desde un primer curso para el desempeño de las misiones más complejas y habían quedado sus exteriorizaciones con una connotación trascendente suprema, sobre todo porque su máxima oponente en esta etapa había sido absorbida por un interés diferente. De ella y de sus contemporáneos, que eran los suyos también, el estado temporal era vacuo y se diluía en la transmisión y la retroactividad de datos, conceptos y leyes. Antes de su partida pudo testimoniar el regreso de unos tras otros de los que retornaron a tiempo, porque la infalibilidad existía pero era poco factible de comprobarla personalmente. Dichoso había sido por haber convivido en una época en que se sucedieron algunos de los hechos más significativos y relevantes en relación con el proceso.


Iría al infinito
Enajenado por su tesis vital, prosiguió habilitándose para el supremo desafío que asentó sobre un destino de máximo riesgo: alcanzar los orígenes. Jamás superado en su alcance y efectos. No existían antecedentes ni precedentes ni aproximaciones que pudieran asumirse como un orden de relaciones previstas, excepto lo que la imaginación y la creatividad pudieran elaborar en el cuadro de las fórmulas y ecuaciones en relación con el objetivo que había concebido y que defendió para arriesgar su misión, pues pese a su vínculo personal el proyecto constituía igualmente un compromiso en la sociedad de la época que lo apoyaba y acometía. Podía preverse el regreso para un estadio diferente del desarrollo de la civilización, pero aún así existía el compromiso inexcusable de fundamentar y razonar profundamente cada etapa. Los cálculos cosmofísicos para determinar la edad de la región que iba a ser explorada y los cálculos iniciales dieron un coeficiente favorable en la materia a medida que se alejaba. Únicamente él había llevado a cabo una introspección tan completa sobre las posibilidades del objetivo y su relación personal con el mismo imponía una idéntica seguridad en su futuro. Iría al Infinito y al alejarse de su civilización encontraría mundos más atrasados hasta insertase en un horizonte que ofrecería sistemas nuevos en una situación de materia en su primera fase, como había insistido en determinar en los programas y en el complejo esquema metafísico del proyecto a realizar.