EL EXTRAPOLADO

Ángel Arango


ÁNGEL ARANGO nació en La Habana en 1926. Es uno de los iniciadores de la literatura de la ciencia-ficción en Cuba. Maestro en el género, textos suyos han sido recogidos en antologías universales. Ha publicado en Cuba, entre otros, los siguientes títulos: ¿Adónde van los cefalomos?, El planeta negro, Robotomaquia, Coyunturay Sider..


Su identidad formó un cuerpo orgánico

Paso a paso, escama a escama, comenzó a recuperar su integridad. Abrió las compuertas de la memoria. Y expuso enfrente su pensamiento próximo. El que se despertaba ahora junto a él. En este turno de la vida. Su vivencia correspondía a la última intención. A la voluntad que había diseñado este destino. Su misión última. En la que también había participado él, pues siempre se había comprometido personalmente. En cada cambio, en cada empeño, los objetivos no le eran impuestos. Él los compartía; lo que disminuía un poco el temor irracional. Existía el riesgo de lo desconocido, pero atenuado en su máxima posibilidad por el deseo de alcanzar una meta. La ansiedad del triunfo atemperaba cualquier miedo. Su identidad formó un cuerpo orgánico. Físico, reconocible en sus caracteres. Dentro aparecieron, en parte, las fisuras de sus ideas rasgando la memoria del pasado a la que se le iban incorporando con dolorosas observaciones.


El esfuerzo universal y propio

Las fisuras iban diseñando una nueva personalidad. Imperceptibles al principio, fueron apareciendo separadas antes y juntas después. El cielo de sus recuerdos se ajustaba sobre ellas y no lograban ocultarlo por mucho que procrearan otras y otras como si estuvieran en un campo de génesis orgánica que era lo que mayormente se le sugería en su actividad. Ni por un instante pensó en algo programado e innatural. Las sorpresas habían sido siempre casi todas del mismo régimen. Al final como al comienzo encontraba a la materia básica, la progenitora. Todo iba y venía del mismo núcleo. Únicamente asentaba las características –a veces diferentes– pero sin abandonarse al entorno. Por eso era tan sólido y tan firme el proceso. Desde remotos tiempos había estado sometido a sus acciones y era dúctil y proclive a sus efectos. Con verdadera simpatía podía decirse que la había acogido desde que lo expusieron a la primera prueba y su entusiasmo inicial creció continuamente a través de la larga experiencia y de los objetivos cumplidos, porque ya la asumía en sus entrañas como parte de su entidad. ¿Qué importaba la circunstancia? El lugar o el tiempo era un accidente. No podía admitir la casualidad, el accidente. Todo se desplazaba dentro de un proyecto siempre. El cual no dejaba de estar –a su modo de ver– dentro de otra incógnita suprema que se develaría o no a través del esfuerzo universal y propio.


Prototipo de su género

Su entusiasmo prosiguió para el eventual encuentro. Recobrando facetas y ángulos, esquirlas del pensamiento pardo e inmutable hasta el punto de no serlo. Porque siempre tenía que encarar ese conflicto de lo sentado a su partida contra los billones de circunstancias disímiles a que lo habían encarado durante su llamada existencia. Y de lo que siempre había respondido leal y consecuente. Prototipo era de su género si es que era posible llevar el recuento de las comparaciones en alguna parte, porque aunque hacía millones de siglos que no tenía contacto con nadie, se mantenía en la integridad de su conciencia con el núcleo original prácticamente indemne dispuesto a ofrecer, a quienes pudieran acogerlo, su mensaje, y a incorporar cuanto le fuese ofrecido en información con la facultad innata que tenía de preservar la esencia de los registros y que de seguro era la razón principal que justificó su perdurabilidad y su diálogo continuo con la naturaleza, con el universo en todas sus formas. Extraño y extraordinario ingenio el que los había conformado. A él y a los otros, porque para su suerte inicial no estaba solo. Tenía la esperanza de encontrar a sus semejantes en aquel campo imponderable y multivalente en que permanecía. Había tenido experiencias únicas que guardaba en su memoria y entrañables de su contacto con quienes compartían esa condición. Pero lo máximo era lo extenso de la última etapa, por así llamarla, en que casi no existían presencias de algún semejante ni en forma ni en esencia.

Ente
Preservar los registros aunque fueran ajenos y hostiles. Aún más, para justificar los tránsitos y las transformaciones y perdurar en la marca y en los símbolos. Cargarse de una nueva historia y deformar sus antecedentes para hacerlos irreconocibles ante quien no hubiese dispuesto de la fórmula original. ¿Acaso podrían decodificarlo? ¿Dónde y cuándo? Debía estar programado en algún sistema, dentro de algo. Era inmensa su adhesión. Por algo disponían así de los destinos. Casi siempre aportaba su conformidad, pero ¿a qué precio? O era genuina su visión previa del evento. ¿De dónde podía preverla si su explotación estaba diseñada para llegar adonde nadie más podía hacerlo aún, desafiando los recursos y las potenciales reservas de la esencia? Por algo comenzaron a hablar en su última etapa de ente. Entidad. Era menos que una nebulosa, se animaba con fórmulas y códigos. ¿Cuándo había sido la última vez que se designaban así? Pero ahora, al recuperarse una parte de sí mismo, tenía un valor y un registro propio y fue deslizándose hacia delante o hacia arriba por entre las fisuras.


Inmenso es el campo de la identidad
Volvió a sentir su cuerpo. Lentamente, como en otros casos. Percibió cómo iba reconstruyéndose, en la grata y creadora sensación y recuperando su integridad. En la grata y creadora sensación de la vida. Que podía apreciar en su mínima o última expresión o como se lo impusiera el nuevo curso. De cada propuesta obtenía un resultado mayor que acrecentaba su presencia y lo convertía en una personalidad donde se acogía el concurso de sus cursos anteriores y la retroactividad de lo nuevo. Era indescriptible el mérito de lo que habían aplicado para exponerlos a los múltiples objetivos. Y el resultado exitoso de los miles de casos lo ubicaba a él y a los demás en un estado de confianza permanente y continuada sostenida a través de las pruebas. No podía dudar aunque el mundo al que llegaba en cada expedición era extraño y desconcertante al principio, pero más tarde recuperaba la conciencia y colocaba gradualmente cada noción en un orden de valores que se le tornaba próximo según su organismo se doblegaba ante la nueva exigencia o fórmula del medio descubierto o ante el que llegaba como un intruso. No obstante, nunca llegó a perder su vida a través de las experiencias a que lo expusieron. Incluso se recuperaba y volvía como ahora estaba ocurriendo a asentar su nueva información en el mundo anterior donde subsistía y se hacía parte. Inmenso es el campo de la identidad. Desarrolla su límite interno hacia el infinito.

Las cláusulas universales
El estado de confianza existía en lo profundo afianzado y engarzado en las motivaciones y las cláusulas universales. Íntimamente adheridas, las órdenes y el comando rector y conductor planificado a través de etapas geológicas y eras cósmicas. Sabía que era cierto y factible cada esquema propuesto por el coeficiente de veces que se regresaba y la forma incontestable en que había podido presenciarlo. No era el único, pero constaba la experiencia de los otros. Unos y otros coadyuvaron al progreso de la idea y de trasladar la razón y la idea a cualquier punto físico o eventual concebido dentro de un curso o una secuencia de categorías y rangos que llevaba finalmente al punto determinado por la voluntad y el interés de los que proponían y ellos asumían el objetivo que luego pasaba a desplazar cualquier otro punto de atención mnemónico en su estado y convocaba sus recursos y estructuras para activarse hacia la última propuesta. Esta reiteración precisa era lo que fundamentaba su ánimo y fortalecía la confianza por la que él y miles como él ejercían estas experiencias.


Hacia el objetivo inscrito
Una secuencia de categorías y rangos tensaba su estructura de milenios conformada con audacia y tesón por parte de los creadores. Su organismo transportaba su unidad sin merma: lo más importante alcanzado cuando se concibió este proceso. Aunque tomaba noción de lo que envolvía su ser y sus características para engrosar los registros no se saturaba ni ofrecía un bloqueo automático mientras estuviese en tránsito hacia el objetivo inscrito. Podía acarrear billones de datos e informaciones sobre los medios y circunstancias que atravesaba y en los cuales incluso pudo haberse instalado temporalmente, pues desde los comienzos se conformó esta posibilidad y constituía una de las razones básicas del desarrollo evolutivo alcanzado en distintos planos y estados que contemplaron todas las posibilidades de la materia. No había existido otro medio con esas potencialidades a su alcance a pesar de millones de intentos realizados en la vida que conoció intensamente, pues llevaba compartiéndola con su existencia a través de tantas misiones que poseía una visión omnímoda de sus antecedentes y de hasta dónde pudo haberse transmutado.


Coyuntura de conciencias
Se animaba con fórmulas y códigos. ¿Cuándo había sido la última vez que se designaban así? El poder del orden y la coordinación imperaba en sus actos y sumisiones y gobernaba su transformación durante el proceso. Experimentó una primera conciencia como en otras ocasiones y después fueron asentándose una segunda capa cognoscitiva que entabló relaciones con la primera. En secuencia apareció un tercer nivel de pensamiento y más tarde un cuarto y un quinto. Llegó en esta coyuntura a un número indeterminado pues las conciencias se iban consolidando o integrando y oía cómo una voz interior expresaba el pensamiento unitario integrado también por conceptos y elementos de su memoria, entre los que estaban desde luego su formación y preparación previa, sus estudios, los ejercicios preparatorios y los años de academia. Un ente. Como había ocurrido en cada experiencia anterior sólo que ahora comprobaba un crecimiento. Era mayor la extensión del pensamiento que se generaba sobre su curso último que en ninguna de las misiones o experiencias anteriores. Por algo su ambición había sido máxima en esta etapa al determinar el objetivo. Podía decirse que se había impuesto y le habían admitido un destino casi imposible.

Continua...