Antón Arrufat

ANTÓN ARRUFAT, poeta, narrador y dramaturgo,
nació en Santiago de Cuba en 1935. Ha
publicado, entre otros libros, de narrativa: La
caja está cerrada, De las pequeñas cosas y La
noche del Aguafiestas; de poesía: La huella en la
arena, Lirios sobre un fondo de espadas y El viejo
carpintero. Ha escrito también ensayos y obras
teatrales. Recibió el Premio Nacional de Literatura
en el año 2000.

Profesión de fe

Si quiere saber quién es, dará una respuesta clara:
es el tipo de la barbacoa.
Mira el mundo por una ventanita
abierta a medio espacio.
Es el tipo que está en el medio,
cerca del techo ajeno, lejos del suelo ajeno,
con una escalera improvisada.

Tal vez tenía condiciones como inventor de mundos,
y botó su dotación,
la dilapidó- mal de familia: dilapidar-
O fue quizá inducido
a regalar su tesoro, a esparcirlo en el viento,
en el agua de los ríos,
o mejor: a arrojarlo desde su ventanita.

Canta al infinito desde el muladar,
saluda al sol desde un estercolero.
Conducía barcos,
desviaba ríos, amaba seres hermosos
antes de levantarse de la cama.
Sobre la madera del suelo
regresaba el tipo de la barbacoa,
el que toma dosis deliciosas de autocompasión,
y dedica a su persona un desprecio frío,
acero de las espadas, sin lágrimas,
sereno como el gesto con que se despoja de sus ropas
y las deja caer en la madera
con el escalofrío que da la luz,
se queda en la barbacoa desnudo,
cerca de la ventanita, así, ¿no es cierto?,
entre el suelo y el cielo que no le pertenecen.

Ahora, luego de responderle,
está dispuesto a cerrarla,
tras darle las buenas noches. Clic.


Arrecife

En el oleaje vuelven,
casi ponen los pies en la arena,
sobre la verdinegra huella del agua.

Resbalan en el musgo,
hincan sus dedos
en el diente de perro,
que los acoge sin un ladrido,
saltan y se sientan sobre el muro
que divide la vida del pasado:

Son los amigos, los amantes, la hermana.
Muertos o vivos, tienen
esa forma de volver
sobre la sal,
para retocar sus vidas,
darles un brillo, un acento,
rectificar un juicio,
el amor insepulto,
como pudieron haber sido.

Traen antiguos encendedores.
La llama en el viento del arrecife
no se apaga, no se apaga.
De los que parten

Una vez escribiste
“vivo de los que parten”.
Pura premonición:
Pocos entonces habían partido.
En el presente
hecho de sucesiones,
que pasa cuando se aleja,
porciones de tu pasado recorren sin permiso
lugares que nunca visitaste.
Así discurren por el Sena y el Támesis,
viajan en un tranvía de Praga
y suben a la estrella giratoria del Coney.
Cruzan fronteras y violan itinerarios,
ven llegar la nieve y la noche polar.

En pedacitos anda tu pasado repartido,
habita extraños sitios, aprende idiomas,
mira con otros ojos, ama cuerpos diversos.

Al contar ciertos hechos,
¿cómo comprobarás tu error?

Ellos conocen el modo en que ocurrieron.
De sus bocas vuelan por la inocencia del cielo,
crecen y desfallecen sin que puedas saberlo.

En fin, abríguenme de las corrientes heladas.
Lávenme con agua tibia de violetas,
Nuevos cristales pongan en mi mirada,
y en las tardes ajenas,
un denso té negro en una taza blanca.
Guárdenme el pasado, como guardo
la ración que me dejaron cuando partieron.
Ha comenzado

Señor de apariencia calmada,
que ambiciona la serenidad de los clásicos,
a trazar en la página la claridad
del fuego dominado,
luminosas cenizas aventadas,

señor
que oye su reloj digital,
lamentos de su perro soñando,
que ve convulsiones breves,
la lengua que asoma entre los dientes,

ha comenzado a arrastrarse,
no el perro, el señor digo,
despacio, clásicamente.




Persistencia


Criaturas insignificantes que hacen ruido sin transigir:
trazan un paisaje encima de las torres de vigilancia.
Fuera de las casas las he visto
al borde de los balcones.
Las oigo cantar detrás de las rejas,
cerca de los litorales, bordeando las fronteras.

Modos de visionar la vida,
cuerpos ocultos que lavan aguas turbias,
hojas rotas, olores abandonados.
Cuando son descubiertas, simulan obedecer:
se anegan en la oscuridad.

Criaturas que no debieran subsistir donde subsisten,
y porfiadas crecen sobre su condición de excluidas.

Forman el paisaje, el paisaje pequeño
que dura pese a las disposiciones y los clarines,
y tal vez fecunda nuestra persistencia.