Pensamientos bajo el cruce armonioso de la luz
Valentín Enrique García Fernández
Tener en las manos un libro de Roberto Manzano,
más que una invitación a la lectura y a reencontrarse
con su universo lírico, constituye una oportunidad
de acceder a un diálogo sencillo, íntimo y luminoso
con la poesía. Con Pensamientos libres, publicado
por la Editorial Capiro de Santa Clara y lanzado en
la pasada Feria Internacional del Libro de La Habana,
vuelve a reunirnos el poeta avileño en ese viaje
que es la lucidez, esa que se necesita como brújula
para tañer la vida, donde el hombre funda, en conjunción
con todo, la posibilidad del sueño.
Los que se decidan a leer Pensamientos… estarán
bajo la sombra de nuestro existir como personas y
accederán a un brasero de reflexiones del ser cotidiano,
que indaga en su entorno y busca reafirmar su
identidad en medio de un mundo de falacias y frivolidades
engañosamente insertadas en su avatar ordinario.
Poesía sincera y directa, frondosa y sin artificios,
que nos gana de inmediato por la verdad, su tenacidad
por darle sentido a la palabra y su impecable
factura de muchos años de autoexigencia profesional.
No se trata de un ritual de cumplido, o de las consabidas
frases de elogio con fines publicitarios con que
alguna crítica por ahí pretende encarecer obras de
dudosas calidades. Para nada lo necesita este texto de
Roberto Manzano, en mi opinión uno de los pocos
poetas que verdaderamente tiene sistematizado un
pensamiento alrededor de la poesía, que desde su debut
en Canto a la sabana viene escalando cimas, a la manera
de un alpinista que rasga nubes en el silencio.
Desde hace rato al hombre, montado en esa
máquina sublime que es la vida, no le es posible continuar
ignorando sus potencialidades para el discernimiento
y la existencia de una fuente pertinaz de
interpelaciones y preguntas. Plantear ese discernimiento
y esas interpelaciones puede llevarlo bastante
lejos, y este libro es una muestra de ello. El poeta,
como si se hubiera tomado un alto y saliera del flujo
mismo de lo que pasa cotidianamente, desde su convicción
adquirida tras una treintena de años en la fila
componiendo versos, nos sumerge en un hervidero
de reflexiones cantándole sin rigideces mentales a la
vida y al hombre, y a los sueños que este se ha trazado
y a veces olvida en la refriega de la subsistencia.
En contribución sincera, eleva su pensamiento hasta
la cima de la naturaleza humana, y para ello acude a
la imagen sencilla y sin empaques. Dice en esa especie
de prólogo que inicia el poemario: Esas imágenes
evocan un mundo, pero para presentar un pensamiento.
Alta literatura donde se registran muchas
preocupaciones, universales diríamos, del hombre
en su inalienable aventura sobre la tierra. Desde su
bitácora detecta el caos y busca el orden, siempre prefiriendo
iniciar la búsqueda por cuenta propia que
enfrentar la acumulación de opiniones mal establecidas
de otros que no hacen más que sembrar el desconcierto.
Exposición franca y clara de los problemas
del individuo que hurga en la vida, la convivencia
social, el futuro, el silencio amargo de los hombres
cuando les toca honrar con la palabra, los años
que van sumándose en las vértebras y nos dejan en
la pura miseria, la evocación de seres entrañables: la
madre que, lentamente, empieza a encorvarse; los
hijos, animado sostén para andar siempre moviliza-
Valentín Enrique García Fernández
do; las hermanas, humildes ensenadas de su cariño,
crecidas en mi sombra, y la siembra del amor como
recurso contra odios y rencores para vivir simplemente
con el contento de ser buenos.
Probablemente, antes de ser un texto destinado a
la publicación, Pensamientos... debió ser en primer
lugar, y lo sigue siendo en propiedad, una meditación
libre y personal en la que está implicada la vida profunda
del poeta, pero despojada de ese egocentrismo
espiritual, de esa mirada fácil de quien trata de fundar
la angustia sobre la realidad y la experiencia inmediata
de la existencia propia. Los poemas transitan
por esa luz de lo universal sin pasearse por ella con
triunfalismo, porque él no abandona el anclaje de la
humildad, mi alma se iba siempre a la intemperie,
bajo el cruce armonioso de la luz, a saludar las yerbas
y los seres, como un claro portavoz del viento. Con
este poemario vuelve a demostrarnos Manzano su
gusto por la palabra pura y sin adornos, él sabe lo que
van a expresar y las va reuniendo armoniosamente
acorde con su plasticidad y belleza interna, para entregarnos
una imagen puntual, sobria, elegante, donde
todas las palabras parecen renovadas. Así convierte a
estos Pensamientos libres en conmovedores y vibrantes,
nos produce ese estado excepcional al punto de
un goce perfecto que, según Paul Valéry, es la meta
del poeta moderno. Todo gira aquí en torno a la experiencia
del ser, el sujeto lírico se desborda, alcanza al
tú, llega a nosotros. Escapa su poesía de lo que podría
ser un desahogo o un mitigar de aflicciones. Manzano,
dueño de un registro emocional, nos abre un pozo
como si nos enseñara que lo más alto se puede ver
desde lo más profundo. Y a uno le viene el deseo, el
mismo que tuviera el poeta Pedro Péglez cuando
comentaba el poemario Synergos (Premio de Poesía
Nicolás Guillén, 2005), de trasladar poemas íntegros
a este comentario, pero válgame Dios de privar del
deseo a quienes vayan a viajar con esta obra de ese
rastreo que se opera en el lector para descubrir en los
textos afinidades, de ese estremecimiento inefable que
prende en las sienes y habla al corazón. Dice el poeta
que él confía en sus versos sin importarle que a su
alrededor bulla el silencio, a pesar de sus repiqueteos
de laborioso sonido, él ama el silencio de buena voluntad
de la naturaleza, que es como una pócima, no el
deliberado e impuesto, porque el silencio de los hombres,
cuando deben honrar algo con sus labios, es una
agresión larga y estruendosa. Ahí esta Manzano, tenaz
e infatigable, sin desaliento, creando en plena madurez
expresiva y desmarcado de la atención pública que
no necesita. Decía el poeta y crítico Alex Pausides,
quien tempranamente había visto la valía de Manzano:
“Cuba podrá poner en sus catálogos una de las
sensibilidades más exquisitas, uno de los pulsos poéticos
más originales de las últimas décadas”. Los que
amamos la poesía le agradecemos estos Pensamientos…,
precioso testimonio de interrogantes, incertidumbres
y cuestionamientos que hacen renacer un
poco, por todas partes, al ser humano. Gracias, Manzano,
por recordarnos, en tiempos de atmósfera viciada
en que los valores y la vida se deprecian libertinamente,
que la poesía no es la vida, pero es su más
honda cisterna, su museo más extenso y su atalaya
más alta.
Continua... |