Entre la pasión y el cambio:
algunas reflexiones
en torno al ensayo
CARIDAD ATENCIO
En algún lugar leí que uno de los presupuestos
del ensayo consistía en ver fantasmas, afirmación
que, como imagen al fin, encierra variadas interpretaciones:
acaso contemplar desprendimientos
o crearlos, levantar un marco de evidencias que
antes pasmosamente parecían no existir, recrear
el texto en su sentido literal, potenciando sus
nudos, desplegando el antes y el después de la
semilla. Otros dicen que no importa lo escandaloso
o efectista de tus tesis, sino el poder de tus
argumentos para sostenerlas.
Roberto Manzano en una entrevista dijo que:
"Cuando hay un interés por definir a través de
imágenes una verdad que tiene presencia real en
la vida, y se discurre sobre el proceso para llegar
a esa verdad, incluido el testimonio vivo de la
actitud que preside la búsqueda, estamos en el
terreno del ensayo", que según él es el
eslabón perdido entre la ciencia y
la poesía. Pero también apelamos
a la cualidad del ensayo de ensanchar
o de a veces negar el cuerpo
de esta verdad cuando recordamos
aquello que dijo alguien: "La verdad
sólo puede ser traicionada por el lenguaje".
Es por todos conocida la afirmación
de Alfonso Reyes de que el ensayo es
el más proteico de los géneros. Puede
incorporarlo todo siempre con un
margen creativo en permanente
despliegue. Cuando escribo ensayos
me place mucho establecer
un juego con las citas que incorporo
a mi texto. Son, a veces,
azares concurrentes de mis lecturas,
de mis pensamientos, que
vienen a tributar allí su íntima
correspondencia. Se pueden vincular
universos dispares en
aras de la originalidad, pero
nunca con un afán de epatar.
También me gusta que
las notas contemplen no sólo información auxiliar
al texto principal, sino que mantengan su singularidad,
su novedad, su esencialidad, para que
exista esta zona dentro del ensayo como un discurso
paralelo, aunque, por supuesto, también
cumpla la función de un saber auxiliar.
Igualmente asumo, con la profundidad, la estrategia
y el espíritu del ensayo, la reseña crítica. Eso
puede proporcionar intensidad a lo que escribo,
y dicha intensidad atesorar algunos de los dones
de la poesía.
El ensayo necesita lo mismo que Faulkner
exige al escritor: experiencia, observación e
imaginación. Es decir, conocimiento acumulado,
sensibilidad y fijeza ante los sucesos y
hechos del mundo que le rodea. En este sentido
podemos jugar con la frase de Derek Walcott y
centrarnos en el ensayo: "La imaginación necesita
límites", pero también los límites (propiamente
del género, del espacio que se dispone)
necesitan la imaginación. Esto es lo que han
hecho los grandes ensayistas y escritores que en
el mundo han sido. Un proceso en el que quizá
se combinan armónicamente la razón y la imaginación.
Para orientarnos recordemos los conceptos
de razón e imaginación esbozados por
Shelley: Para él la razón es la "contemplación
por parte de la mente de las relaciones que se
mantienen de un pensamiento a otro, independientemente
de cómo se produzcan". Y la
imaginación "sería la mente actuando en tales
pensamientos a fin de matizarlos con su propia
luz, y componiendo a partir de ellos, cual si
fueran elementos, otros pensamientos, cada
uno conteniendo en sí mismo el principio de su
propia integridad". El poeta inglés concluye afirmando
que "la razón respeta las diferencias en
las cosas, y la imaginación, las similitudes entre
ellas". Extrapolando y simplificando nuestro
mundo, puede llegarse a decir que el ensayo es
el territorio donde se potencian o se extienden
los tejidos que conforman las diferencias y las
semejanzas.
Fabular y reiterar son cualidades que también
se atribuyen al ensayo, trazar la leyenda y fijar
los signos que va anunciando la potencialidad.
En ese afán que propugna el ensayo de reproducir
–que es una forma de conservar una serie de
valores, de signos, de conocimientos–, es inevitable
el cambio, la transformación, la mutación
en un grado distinto de la espiral. Sólo hay que
aplicar esa frase de Elliot: "he perdido la pasión:
¿Por qué tendría que conservarla si lo que se
conserva debe adulterarse?" En esa amplificación
por mutaciones juegan un papel incalculable
el instinto y el poder creativo del ensayista,
pues es evidente que el ensayo, más que un
comentario sobre el mundo, es un corpus o
cuerpo que respira.
Quizá un punto importante en este acercamiento
esté en lo que diferencia al ensayo propiamente
de la investigación. Aunque ambos
"presentan información y evaluación", difieren
en que el ensayo "acrecienta algo como una
excitación, un fenómeno de condicionamiento
intelectual que condena al juicio a un estado de
dependencia o cautiverio", recordando a Susan
Sontag. Decir eso es decir, con ella, que el conocimiento
adquirido a través del ensayo es la
experiencia de la forma o estilo de conocer algo,
mejor que conocimiento de algo (como un
hecho o un juicio moral en sí mismo). Debemos
mantener en el ensayo el poder de seducción
que poseen el resto de los géneros literarios.
Debe soportar la ambivalencia de ser algo y de
ser todo. Quizá se sobreponga en él el afán de
aprehender algo singular al afán de juzgar o
generalizar.
Continua... |