La vuelta de Narciso

Alberto Ajón León

 

Próximamente la Editorial Letras Cubanas pondrá a disposición del público el libro de cuentos Saga de un hombre sentado, del narrador y periodista Alberto Ajón León, quien ha publicado además los títulos Después del rayo y el fuego (cuento, 1995), Pesquisas en Castalia (cuento, 1996) y Ánco- ra (novela, 2003). De ese nuevo libro, pre- sentamos un relato.


Para Gloria Martínez Bravo

...y algo se mueve hacia la orilla...

Cuando la abuela del Jabao supo que a su nieto lo habían destinado a una unidad de guardafronteras, encomendó la custodia del muchacho a Yemayá, Señora del Mar, y a Shangó, Dueño de la Guerra. La premonición del diente de perro que raería las botas del joven, del mangle que rasgaría su uniforme, del sol que allá en la costa lo despellejaría, y de las contrariedades que le acarrearía su vagaroso entendimiento, justificaron los exvotos y sacrificios que la vieja les prometió a los santos. Inconforme, invocó al espíritu de taita Julián, el congo que protegía a su nieto desde mucho antes de que naciera, y lo conjuró delante del Jabao, recomendándole al muchacho que atendiera bien a lo que el muerto tenía que decir. ¡Tsiá, cariaj!, llegaba el espíritu obligando a la médium a estremecerse entre corcoveos de bestia encabritada. ¡Salam malecu! Yo ta vení lo prano de lo tiera pa decí lo moquenque que se cuidá de lo palo e candela, de lo moquete eso, lo cabú tira tiro..., insistía taita Julián deformando la voz de su caballo. Por si acaso el guirigay del difunto no resultaba comprensible la abuela traducía luego, fuera del trance, las advertencias: tienes que cuidarte de las escopetas, de los mosquetes, de los arcabuces.
...y veo bultos que salen de entre las uvas caletas...
El Jabao podía desentenderse del peligro que presagiaba taita Julián AQUÍ NO SE RINDE NADIE porque el arsenal de la pequeña unidad no almacenaba escopetas ni mosquetes ni arcabuces. Un fusil AKM con sus cargadores de treinta proyectiles más la bayoneta, era el armamento del soldado. POR AQUÍ NO PASARÁN. Casi una impedimenta a la hora de espantar los mosquitos y jejenes que hacían insoportable el patrullaje nocturno por la costa y que obstaculizaban la escucha con un desafinado zumbido de violines. CONTRA EL ENEMIGO: ALERTAS y se encarnaban voraces en los dedos, el cuello, la cara. Si el guardafronteras se detenía era peor porque estaba obligado a balancearse incesantemente sobre los pies para no dormirse ni ser devorado por los bichos, y entonces esparcía un olor tibio que provocaba más a los insectos. PATRIA O MUERTE, VENCEREMOS y hasta los cangrejos parecían mortificados por las picadas y correteaban entre las piedras con una crepitación de ábaco que intranquilizaba al Jabao, como si detrás del repiqueteo pudiera aparecer la cabeza aterradora del agente 007 vestido de hombre rana. NACIMOS PARA VENCER Y NO PARA SER VENCIDOS. Eso dice Marcel, que al 007 nadie ha podido capturarlo porque es un experto en camuflaje y se enmascara de manera irreconocible y dispone de equipamiento para todo tipo de misión en cualquier parte del mundo. SOCIALISMO O MUERTE. Como terminó el preuniversitario, Marcel sabe cosas que el Jabao ni siquiera se imagina: que la torre de Pisa está inclinada porque solamente a esos encaprichados italianos se les podía ocurrir construirla con pizzas, alimento nacional desde que Marco Polo (así llamado porque fue el primero en viajar al Polo Norte) instaló en Venecia una pizzería luego de regresar de China. PRIMERO DEJAR DE SER QUE DEJAR DE SER REVOLUCIONARIO. Sin embargo, el Jabao recela a veces que lo están trajinando, que Marcel y los otros lo quieren embromar, porque es difícil creer que a una persona le injerten en la cabeza un aparatico del tamaño de un grano de arroz para obligarla a hacer cosas que no piensa ni quiere. ...QUE MORIR POR LA PATRIA ES VIVIR. Te implantan un microship de silicona con miles de transistores –decía Marcel– y controlan tu cerebro y tu voluntad desde un satélite espacial que vigila todos tus movimientos... SI RETROCEDO, MÁTAME. El Jabao entendió mejor lo del implante al compararlo con el espíritu de taita Julián cuando se instala en el cuerpo de su abuela; pero eso mismo lo hizo desconfiar, igual que recelaba de la vieja en estado de posesión. LA ORDEN DE COMBATIR ESTÁ DADA SIEMPRE. Ya en una ocasión sus compañeros de escuadra lo habían embromado cuando fingieron que el motor de la lanchita se había descompuesto, y lo mandaron a pedirle al sargento Milanés un tapón de rosca hemorroidal de 110 prepucios. COMO SEA, DONDE SEA, PARA LO QUE... Aquel día el sargento, apretando la carcajada entre los dientes, le dijo: Abra los ojos y la malicia, soldado, pues le van a volar la retaguardia. El Jabao entendió que, en buen cubano, el jefe de escuadra le estaba advirtiendo que, PRIMERO SE HUNDIRÁ si se descuidaba, LA ISLA EN aquellos hijos de EL MAR ANTES QUE puta iban a partirle CONSINTAMOS EN SER el ojo ESCLAVOS del culo DE NADIE... ¿Qué significará “consintamos”?
...se van acercando a donde estoy...
Descansaban a la sombra de la valla en que se declara la decisión de convertir a la isla en una Atlántida y Marcel dijo que, sospechosamente, la mayoría de los muertos que bajan (o suben) por obra y gracia de espiritistas y santeros, son esclavos africanos que hablan mal el español. Aunque los hayan traído del imperio mandinga, de la selva de Katanga o del Cabo de Buena Esperanza, todos tienen los mismos gustos y costumbres, usan las mismas palabras, recomiendan lo mismo con lo mismo y saludan de la misma manera musulmana: Assalam alekum, Alekum assalam. Al médium lo llaman caballo, y cuando se le montan y el poseído corcovea como electrizado, lo refrenan con una frase de campesinos para encarrilar a las bestias: ¡Tesia, carajo! Esos muertos están más vivos que muchos bobos –aseguró Marcel. Y bajando la voz hasta un tono conspirativo, cerciorándose con un vistazo de que nadie con jefatura ostensible merodeaba por los alrededores, agregó: Muertos de verdad los que salen algunas noches por la playita de las caletas y el cayito de mangles, porque esos sí vienen con la apariencia y las intenciones que tuvieron en vida. El Jabao lo miró con socarrona desconfianza recordando el tapón de rosca hemorroidal de 110 prepucios, pero los otros incitaron a Marcel para que precisara los detalles y él se excusó alegando que solamente había oído hablar de eso a uno de los reclutas viejos, porque el Jefe de Unidad tenía prohibido mencionar el asunto. Sin embargo, en las conversaciones de los días siguientes el tema resurgió con inquietantes añadiduras y descripciones de escalofríos, hasta que pudo establecerse que, según declaraciones de los propios aparecidos, se trataba de los fantasmas de Narciso López y sus expedicionarios. ¡Y este Jabao no sabe quién fue Narciso López, al que fusilaron los españoles hace como doscientos años después que desembarcó por estas costas! Marcel le dijo que se fijara en la bandera cubana, la que trajo Narciso López en su expedición, con los mismos colores que la de Estados Unidos y elementos de diseño similares. Días después, cuando el político les hablaba de integrismo, reforma, autonomía, independencia y anexión, y mencionó a Narciso López y las banderas de Cuba y Puerto Rico, Marcel se volvió hacia el Jabao y le hizo un gesto como diciéndole: Ahí tienes la prueba. Luego, en la barraca, le pidieron a uno de los reclutas viejos que contara cómo se había librado de aquella fantasmagoría la noche en que, cerca de la playita, vio venir hacia él un grupo de sombras sigilosas de las que sólo se oía el crujir de pisadas en la arena. Sentí tanto miedo que me entraron ganas de cagar y tuve que bajarme los pantalones, entonces esas cosas desaparecieron igual que habían aparecido contó el recluta apretándose el vientre como si reeditara lo que le había sucedido. ¿Están oyendo?, dijo Marcel subrayando su deducción con un dedo en la oreja. Para espantar a los muertos hay que enseñarles el culo.
...y Marcel que me ha dejado solo...
Se iban acercando a la playita bajo un cielo de cúmulos acuosos y luna menguante cuando la brisa les trajo un ininteligible murmullo de voces. La pareja quedó inmóvil escrutando la noche. Marcel, que durante la caminata venía contando las películas más terroríficas que había visto en su vida, le dijo al Jabao que adelantara un poco más, que él rodearía por detrás del cayito de mangles a ver qué sucedía allá. Pasó un rato muy largo, tan largo como las ganas de orinar que le hinchaban la vejiga al Jabao cuando escuchó una sostenida tos mecánica, un ronroneo metálico que se acercaba por el mar, y unos bultos empezaron a moverse en dirección a él haciendo crujir la arena como si pisotearan sobre hierba seca. El Jabao se acordó del agente 007, de Marco Polo y de Narciso López, y de la advertencia de que abriera bien los ojos porque iban a romperle el culo y que lloren las madres de los otros pero no las de nosotros.
...el selector en ráfaga y aprieto...
Hay que ser muy verraco para armar esa balacera sin aviso dice el sargento Milanés, que no deja de increpar y maldecir, pero el Jabao no desprende la mirada de la ventana del calabozo donde lo tienen retenido desde anoche, como si concentrara todas las fuerzas en invocar los poderes de su abuela, de taita Julián, y de los santos. El político y el Jefe de Unidad están depurando responsabilidades con Marcel y los otros, averiguando qué coño hacían detrás de aquel cayito de mangles emburujados en sábanas y pintarrajeados como fantasmones. Pero el problema más gordo es el de usted, soldado, por disparar como un loco pendejo sobre un grupo de civiles para que no salieran ilegalmente del país. Y encima deja escapar a los lancheros que venían a buscar a esa gente...
...pero sigo con la retaguardia intacta...