Apunte # 3
Esa población aumentó en un sesenta por ciento en los años noventa. Hoy en día los 35 ó 37 millones de latinos que residen aquí constituyen la más populosa minoría de la nación. Un millón doscientos mil cubanos forman parte de ella, la mayoría radicada en el sur de la Florida. Hasta el masivo éxodo de Mariel, en 1980, la comunidad cubana se consideró la más exitosa del país, tanto desde el punto de vista social como económico. Es una lástima que su proyecto de nación sea incompatible con el nuestro. En cuanto a su privilegiada relación con la sociedad estadounidense, los cubanos también difieren de otras comunidades latinas. Aludiendo a los escritores cubanos cuyos padres vinieron a Estados Unidos antes de 1980 –blancos de clase media, en su inmensa mayoría, muchos de ellos profesionales–, dos estudiosas cubano-americanas observaban que, al contrario de lo que ocurre con los escritores chicanos y puertorriqueños, los cubanos no afirman su identidad por oposición –es decir, desafiando los valores del establishment– sino mostrando su “apego a los antepasados y a las tradiciones del país de origen”. Como latinos, sin embargo, son víctimas también de los prejuicios sociales y raciales, de lo cual da fe María de los Ángeles Torres en el testimonio autobiográfico ya citado: siendo niña todavía, en un pueblito de Texas, sufrió esa humillación en carne propia, lo que por otra parte no era ninguna novedad: después de todo, los latinos eran spics, y “para el tejano blanco promedio no había mucha diferencia entre un spic y un niche”. Hay casos más complejos, por supuesto, como el de la adolescente Gina, personaje de la novela de Miguel Elías Muñoz, Brand New Memory. Gina vive en Pinos Verdes, un elegante suburbio de Los Ángeles que se precia de estar totalmente americanizado. Pero un buen día su abuela viene de Cuba, a visitar a la familia, y Gina no puede dejar de sentir la Otredad de esa forastera en aquel vecindario. La imagina caminando por la calle y siendo interrogada por la policía:
“¿De dónde es usted, señora? Muéstrenos su carné de identidad, una licencia de conducción, un pasaporte, cualquier cosa… ¿Es usted sirvienta de alguna de estas casas? ¿Para quién trabaja? ¿Los guardias la dejaron pasar? Usted no tiene pinta de ser de Pinos Verdes”…
Gina llega a una conclusión desoladora: “Este mundo y Abuela son incompatibles, pertenecen a dimensiones opuestas y diferentes. Ni ella ni Cuba encajan aquí.”
Apunte # 4
El hecho cierto es que, en comparación con otras minorías, los cubanos están en una posición social más favorable –y anímicamente mejor dispuestos– a ser “asimilados” por la sociedad anglosajona. En 2001, casi el 75 por ciento de los cubanos radicados aquí eran ciudadanos estadounidenses. Para ellos, la ideología y la mecánica del crisol siguen funcionando sin contratiempos. A estas alturas es posible que sean los viejos exiliados y los nuevos inmigrantes los únicos capaces de experimentar realmente el sentimiento de nostalgia como añoranza del terruño y del país de origen.
Y uno no puede menos que preguntarse, entonces: ¿cuál es el verdadero problema, la identidad o la aculturación, la memoria o el olvido? En un texto inédito todavía, la investigadora cubana Iraida López ilustra el conflicto con las actitudes, radicalmente opuestas, asumidas por dos poetas de distintas generaciones: Heberto Padilla y Gustavo Pérez Firmat. A la desconsolada pregunta de Padilla: “¿Cómo puede seguir uno viviendo/ con dos lenguas, dos casas, dos nostalgias,/ dos tentaciones, dos melancolías?”, Pérez Firmat responde de una manera que él mismo califica de “talmúdica”: “¿Cómo no seguir viviendo con dos/ lenguas casas nostalgias tentaciones melancolías?” El autor ha sido coherente consigo mismo, pues durante años ha sostenido que, para el escritor cubano-americano, la única solución al dilema del allá y el acá es el biculturalismo. Hay que asumir sin reservas la propia dualidad, porque “sólo haciéndose doble, uno podrá llegar a verse entero; sólo siendo dos, podrá llegar a ser uno”.