De las pequeñas cosas
¿Escritura del desplazamiento o desplazamientos de las escrituras?
Alberto Abreu
El status del paseante
Aparecidos inicialmente en las páginas de la revista Revolución y Cultura entre los años 1984-1986, y publicados en formato delibro dos años después (1988),bajo el mismo rótulo, De las pequeñas cosas, por Ediciones Unión y bajo el cuidado editorial de JoséRodríguez Feo.Posteriormente, en 1997 la editorial española Pretextos, realizó otra edición.
Ofrezco estos datos para no perder de vista el hecho de que
estamos frente a un grupo de textos que conocen dos instituciones
enunciadoras. Originalmente la del periodismo cultural y
finalmente la del libro. Esto resulta importante para entender
algunos procedimientos retóricos empleados por su autor
(Antón Arrufat) como el de referirse al lector en segunda persona
buscando un diálogo más cercano y directo con él o para interpelarlo,
el uso de procedimientos que recuerdan a la novela folletín
o la literatura por entrega.
Desde mi experiencia como lector, estos últimos se hacen más
evidentes cuando hojeo algunos de los números de Revolución y
Cultura donde, inicialmente, aparecieron estos trabajos. El discurso
gráfico (fotos, ilustraciones, tipografía…) que sirve de entorno
a cada una de las entregas mensuales de estos escritos de Arrufat,
enfatiza esta percepción.En cambio, cuando leí las ediciones que
realizaron Unión y Pre-textos.Me sentí distante como si asistiera
a una conversación en alta voz entre su autor y su alter ego.
Sin embargo, lo cierto es que veinte años después de su primera
aparición, me aventuro a decir que De las pequeñas cosas funda (desde su escritura agenérica y al mismo tiempo hibrida,
sus juegos intertextuales y veladuras discursivas) una textualidad
inusual dentro de la escena literaria de las tres últimas décadas
del siglo XX.
¿Cómo catalogar a De las pequeñas cosas? ¿Cómo unas crónicas
de viajes? ¿Un libro de crítica? ¿post-crítica? ¿Una historia de las
prácticas culturales que coloca el énfasis en lo práctico-material?
¿Un libro que mezcla la ficción con lo rememorativo?...
Cualquiera de las respuestas que intentemos dar a estas interrogantes
nos coloca frente a uno de los gestos de perversidad
literaria más fascinantes que conocen las letras cubanas en la
segunda mitad del siglo pasado.Por la manera en que su textualidad
recicla códigos, estilemas, modelos escriturales caídos en
desusos o devaluados por el canon literario entonces dominante:
las crónicas de viajes, lo epistolar, los diálogos socráticos… Un
libro donde el sujeto de enunciación celebra su condición de
paseante,se desplaza de la historia de la literatura a la de las ideas,
la etnología, la teoría de la recepción, la crítica al gusto…
Precisamente este status de paseante del narrador vehicula sus
continuos desplazamientos por el espacio físico; funciona como
alegoría o metáfora de ese otro viaje por los imaginarios de la cultura
universal,la arqueología literaria,la ciencia,la técnica,los sentimientos
contrapuestos que el progreso suscita en el carácter del
cubano.Un viaje por un espacio donde se entrelazan y tensionan
tradición y modernidad.
Octavio Paz y Julio Ramos colocan esos dos conceptos (heterogeneidad
y desplazamiento) como momentos esenciales y convergentes
en la escritura del sujeto moderno en Hispanoamérica.
Me interesa incorporar estas perspectivas analíticas de Paz y
Ramos a la manera en que De las pequeñas cosas narra y examina
el dualismo tradición-modernidad, sus tensiones y disensos con
respecto a los criterios enclaustrados y percepciones teleológicas
que caracterizan las lecturas de la crítica y el pensamiento cultural
a estos procesos por la fecha en que comienzan a ver la luz
estos escritos en las páginas de la revista Revolución y Cultura. Es
decir, la primera mitad de la década del ochenta.
Me interesan en particular las observaciones de Ramos cuando
constata en el paseo, y sus desplazamientos de perspectivas, los
signos de un poder creativo o la creación de un poder, que se
encarga de ordenar objetos y eventos aun no asimilados por los
saberes instituidos.La postura del paseante no sólo significa fuga,
distanciamiento, silencio con respecto a los modelos escriturales
impuestos, sino que crea otros, los revitaliza, articulando un espacio
de poder a partir de la escritura.
En los textos agrupados en De las pequeña cosas las diferentes
perspectivas asumidas por el sujeto del enunciado durante sus
desplazamientos ya no pertenece a una tradición nacional (al
menos como la asumieron los discursos normativos al uso en el
campo intelectual revolucionario durante el período que transcurre
entre el decenio del setenta y la primera mitad del ochenta);
sino que se ha posicionado en un punto de fuga,un afuera que le
permite entrar y salir de ella, dialogar, contemplarla desde una
visión cosmopolita, más universal.
Es este proceso ambos sujetos (el de la enunciación y el del
enunciado) se trasmutan en una otredad cultural y escritural,
cuya identidades se van perfilando a través de un sinnúmero
de referencias a la historia del pensamiento y de la cultura
occidental.
Tradición-Modernidad. El otro relato de sus tensiones
Es el momento de abrir la edición que hiciera la editorial Pretextos
de este libro. Les propongo detenernos en el texto titulado
"En memoria del carruaje" donde se vierten un grupo de
reflexiones e inquietudes sobre los procesos de construcción de
nuestra modernidad, y sobre los que las páginas de este libro
insistirán una y otra vez.
Me interesan,en primera instancia,las marcas que delatan a un
sujeto atormentado por la historia y los modos tradicionales de
pensar la cubanidad. Son reveladoras estas líneas donde el
narrador comienza preguntándose:"¿En qué momento de la historia
el hombre no fue histórico? Lo incontrovertible hoy reside
en una conciencia sutil y lacerante de la historia. De lo histórico,
de su conciencia, ya no se puede escapar. (Intentar escapar es
también un hecho histórico. Ha sido un sueño de ciertos hombres.)"
p.12
El segmento que acabo de citar es medular para nuestro análisis,
porque en él se esboza un concepto que irá evolucionando,
perfilándose, a lo largo de este libro hasta aparecer rotulado en
"Las empanadas de rosas" y "Medida de un reloj" como conciencia
histórica. El cual su autor define en estos términos: lo que
"transforma una experiencia habitual en algo sorprendente."
Esta noción o concepto que rubrica el narrador-personaje De
las pequeñas cosas, nos ayudará a comprender con más claridad
las tentativas de este libro, sus persistentes impulsos de repensar
nuestra cubanidad a través de aquellos espacios donde se tensan
tradición y modernidad.
Escuchémoslo cuando nos habla de "[…] cierta resistencia,
muy cubana, a aceptar 'lo viejo' como una utilidad todavía efectiva.
Tendrás que vencer esas resistencias, renunciar -quizás por
un momento- a tu condición de hombre moderno." Y a continuación
recurre a una de las obras fundacionales de la literatura
cubana para ilustrar su aseveración:
En Cecilia Valdés [nos dice] traza Villaverde -lo recuerdo en esta
noche- la diferencia entre el padre español,Candido de Gamboa,
y sus hijos cubanos, vestidos a la última moda, derrochadores y
despreocupados:don Candido viaja en su rústica calesa española,
sus hijos en quitrín,criollo y lujoso."
Sobre esta manera tan inusual de leer la historia de la nación
declara: "Te figuras que la historia de ciertos objetos permitiera
componer la de un pueblo (o la de una civilización.) Redactar la
biografía de un encaje es hacer la historia de un país y de una
época."
He colocado en cursiva la expresión: Te figuras. Por cuanto ella
introduce una inflexión, un desvío de la norma con respecto a
aquellos modelos interpretativos, y modos de escribir la historia
de la nación anclados en lo coyuntural.
¿Cuáles son, por estos años, los discursos desplazados, excluidos
del campo literario por las escrituras revolucionarias, que
este libro (su textualidad) reposiciona? ¿A quienes interpela De
las pequeñas cosas con su peculiar manera de relatar los procesos
de construcción de nuestra modernidad?
No cabe duda que estamos ante una estrategia discursiva
que busca, a través de la inversión y la performatividad, una
reivindicación de las posturas ideo-estéticas más emblemáticas
de Ciclón y Lunes de Revolución. Fundamentalmente aquellas
vinculadas a la defensa de los espacio de autonomía del
arte y la literatura. Al recurrir a lo epistolar, los diálogos socráticos,
las memorias o crónicas de viaje y otros códigos y estilemas
caídos o devaluados por el canon escritural vigente;
Arrufat no hace otra cosa que resaltar, subrayar, desde la
ausencia o el efecto inverso, lo que el orden simbólico subyuga
o imprime como una tachadura.
El procedimiento se explica con más claridad si reparamos
en el declarado antagonismo que, en el plano de la
escritura, este libro establece con las propuestas ideotemáticas
y composicionales de las narrativas maestras que
jerarquizan el campo literario durante el período.Me refiero
a los temas espectaculares y los grandes asuntos de la
historia, que inspiran tanto a la literatura como a la historiografía
de estos años, con sus percepciones y abordajes
trascendentalistas, las ontologías del sujeto heroico y del
hombre nuevo, la disolución de lo individual en lo colectivo,
los cuales son aquí interpelados desde una subjetividad
y conciencia de lo histórico que privilegia lo galante,
lo minúsculo.
Estos mecanismos de inversión y enmascaramiento a los
que recurre (en su escritura) De las pequeñas cosas operan en dos direcciones. La primera, como ejercicio
deconstructivo de estos paradigmas instaurados por las
escrituras revolucionarias, y que por esa fecha comenzaban
a caer en un proceso de saturación. La segunda, como
gesto de reafirmación de los espacios de autonomía del
arte y la literatura. Sobre esta misma lógica descansan las
miradas de soslayo con que contempla a aquel sujeto epopéyico
y sus atributos.
. . .
Quiero significar la manera tan sorprendente con que
el ensayo "Controversia de una pareja", incluido en El
hombre dircusivo (2005), dialoga y somete a un proceso
de amplificación los textos recogidos en De las pequeñas
cosas. Justamente esta asociación me permite traer a
estas páginas una presunción que creo haberle escuchado
a Arrufat sobre la poética de otros autores. Es la
siguiente: "La obra de un escritor a lo largo de su vida se
reduce a sólo uno o dos temas. Sólo que abordado desde
múltiples perspectivas."
En el contexto de esta observación el término perspectiva no alude a un posicionamiento o punto de vista del
escritor con relación a su objeto o materia narrativa, sino
que describe una operatoria.
Digamos que a través de este procedimiento las dos o
tres obsesiones que angustian a un autor o que este se
fabrica o inventa (qué más da), son enmascaradas, multiplicadas,
fragmentadas mediante esta operatoria que va
desde los desplazamientos metonímicos, el travestismo,
los juegos de oposición y diálogo entre contrarios, de
anverso y reverso, discurso y contradiscurso.
Sobre esta lógica o dinámica descansa la escritura De
las pequeñas cosas. Un libro que, dentro de la producción
literaria de Antón Arrufat, es una especie de isla o puerto;
el sitio a donde arriban, confluyen e intentan dilucidarse
un grupo de asuntos, intranquilidades, que luego hallamos
amplificadas en otros libros de cuentos, poemas,
ensayos, novelas… Un caleidoscopio. Una caja de resonancia.
Precisamente su rótulo De las pequeñas cosas se inscribe
como divisa de una poética, nos alerta sobre un concepto,
una cosmovisión estética del mundo. Son, justamente,
estas pequeñas cosas las que en muchas ocasiones catalizan
los eventos, determinan un giro en la historia, la trama,
o en el destino de las criaturas creadas por ese escritor llamado
Antón Arrufat.

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