Edelmis Anoceto




Edelmis Anoceto (Santa Clara, 1968) ha publicado, entre otros poemarios, Mortgana (Premio Calendario 2000), Imago Mundi (Premio El girasol sediento 2001), La cólera de Aquiles (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2004), La cosecha y el incendio (Premio Manuel Navarro Luna 2005) y Desertor del cielo (2007). En 2008 obtuvo la Beca de Creación Dador con su proyecto Agujero negro.








Peligros

Cansado del tropiezo y de la burla, por ese breve albedrío que es estar vivo,
muerto de sed y de palabras dulces por decir en oídos extraños,
diamantes, resplandores,
ya no sé cuánto tiempo me separa del destierro,
los hierros oxidados de las horas finales,
sus ruidos en lo remoto se dejan escuchar desde el pasado,
la rosa mirada a través de los remolinos del viento
no sabe la espera en los umbrales de un bosque
cada vez más lejos de casa,
siempre menos creíble, inalcanzable.


Nada me incita.
Sin rumbo es la marcha cuando no hay espíritu dentro de los cuerpos
y en las calles de aceras sucias con restos de comida y periódicos de ayer,
los sueños de la muerte se entremezclan
unos en otros convertidos, como páginas de un mismo libro,
hojeado por quien busca en él su rostro
y sólo puede visualizar una pequeña estrella que se apaga
y se aleja sin sentido,
queda únicamente un poco de sosiego, un canto de alabanza para nadie.


Dejarse seducir por el aliento de una bestia, entrar en los laberintos sin muros del olvido,
vida sin nombre, hacia el amanecer de cualquier fugitivo en la noche.


Callar es el peligro, sentarse a ver el suicidio de los hijos,
ver los rostros morirse poco a poco,
con el silencio cayendo en las espaldas.


Salideros por donde se filtra la demencia
acumulada en recipientes hechos con la arcilla de un osario,
es una trampa de fuego que han puesto en la ventana
para saquear toda la esperanza, incinerar las mariposas
que antes vendrían a bendecirme,
cegar la luz divisada en la mañana. Pequeñas sumisiones,
harán de mí un cuerpo abandonado con desdén en una playa.
Pequeños ocasos,
harán de mí el ocaso definitivo.

 

Materia oscura

Sospecho de la flor, de la silueta que no se deja esculpir.
El agua trae muertos, movimiento de la naturaleza
para seducirme, hacer de mí un nombre,
un número.
No hay otra cosa en el lugar donde estuvo la flor.
Yo creo en lo vacuo y es esa perfección la que me tienta
a quedarme en el límite del límite,
desguarnecido, al centro de apagadas intemperies.
La luz tiene fronteras que el hombre no atraviesa.
El agua trae muertos virtuales a mis ojos,
deposita sus cuerpos,
ojos de mis ojos.

Castillo de If

La poesía no sirve para cavar un túnel
si este me conduce hacia otra celda
y no hacia el salto desde el desfiladero.
Preciso es fingir alguna muerte
para quedar con vida y ver el mar.

(Eco) lógico

Sonido del agua
al caer sobre el pájaro de fuego,
suicidio para ser observado desde cualquier altura, escalera, torre.
Revolotea sin plumas, arde en lo que fueron páramos,
con vendajes en los ojos, la lengua que lame,
vive del lameo.
En lo que fueron sabanas, tú quieres ver al pájaro de fuego?
Tú quieres advertir el sonido del agua muérete para ser percibido Berkeley
escucha simplemente escucha.