Leer Manuscritos
Conversación con Jean Paulhan Marguerite Duras
Marguerite Duras (Gia Dinh, Vietnam, 1914 - París, 1995), novelista, guionista y directora de cine francesa, se dio a conocer con la novela autobiográfica Un dique contra el Pacífico (1950). Sus obras ponen de relieve la angustia de los personajes que intentan escapar de la soledad. Escribió el guión de la célebre película Hiroshima, mon amour (1958), y la novela El amante (1984), que alcanzó un éxito mundial y fue traducida a cuarenta idiomas.
En esta ocasión publicamos sus entrevistas a dos escritores franceses: Jean Paulhan (1884-1968), novelista y autor de interesantes estudios sobre el arte y el lenguaje; y Raymond Queneau (1903-1976), poeta, periodista y también novelista. Ambos poco conocidos en el mundo hispanoparlante, pero de gran influencia en el campo literario francés y en la Europa de postguerra.
Marguerite Duras: Jean Paulhan, gran parte de la literatura francesa editada o no, pasó y pasa aún por sus manos. ¿Qué enseñanza extrae usted de estas experiencias?
Jean Paulhan: Que la literatura, amena o mala, siempre es útil; incluso cuando es detestable, muestra un cierto progreso en el autor que la produce. Creo que no hay nada desalentador en este aspecto.
Por esta razón, yo había pensado publicar de cuando en cuando, en papel biblia por supuesto, una recopilación de todos los manuscritos rechazados durante el año.
¿No existe ningún libro que sea del todo detestable, completamente inútil?
No los he leído nunca. Quizás existan, pero no los he leído. Nunca. Me parece que en un libro siempre hay algo aprovechable.
¿Por qué se escribe?
Creo que la literatura siempre enseña a verse a sí mismo, al que la hace, y a ver el mundo de un modo más precioso o más completo de como lo veía hasta entonces. Es muy difícil ver el mundo y vernos a nosotros mismos. Por una razón evidentísima: cuando miramos, distraemos parte de nuestra mente o de nuestro pensamiento, de manera que lo que vemos luego es notablemente falso y convenido. Cualquier literatura, incluso si es muy mediocre, muy aburrida, es un esfuerzo para ver el mundo como si no estuviéramos aquí. Es esta, al fin y al cabo, la meta de la literatura. Es lo que requiere y lo que consigue, para todos. De todas maneras, el autor, incluso cuando es mediocre o insignificante, llega a este resultado.
Un autor, incluso completamente solitario, ¿tiene siempre un lector: él mismo?
Siempre, y menos mal. Toda literatura nos aproxima a la verdad y aproxima a su autor a la verdad, aunque parezca delirante, porque no hay literatura completamente delirante. A menos que digamos que Lautréamont sea el ejemplo de la literatura delirante.
¿Emplea usted pues la palabra “literatura” para definir la literatura bruta?
Sí. La que está publicada asegura, o creemos que va a asegurar, un progreso general para todos los lectores; la literatura no publicada, mucho peor seguramente, no hace sino asegurar el progreso de su autor. Pero ya es mucho, después de todo.
¿El hecho de que un libro sea solamente “publicable” no puede ser la causa de posibles errores por parte de los lectores?
Sí. Pero los errores son muy interesantes. A menudo el lector, en fin, el lector que yo soy, se asombra ante la lectura de un libro publicado. Se pregunta: “¿Por qué el editor publicó esto?” Pero es lo que nos decimos cada día, al ver las obras que lee la gente: “¿Cómo es posible que esta persona pueda leer semejante cosa?” Se compensa. Es él precisamente quien lee los libros que usted no quiere...
Si fuéramos aún más severos, creo que en vez de las doscientas novelas publicadas por Gallimard, de diez mil manuscritos recibidos, apenas se editarían cincuenta.
Seguramente. Pero hay que tener en cuenta que los premios literarios fueron otorgados a originales rechazados por todos los editores. Cuando Bedel obtuvo el premio Goncourt por Jérome 20° de latitude, este libro había sido rechazado por todos los editores de París. Había vuelto a Gastón Gallimard a quien Bedel lo había entregado, pero como último recurso. Y luego obtuvo el premio Goncourt, lo que animó a Gallimard, y creo que a los demás editores.
|