César López

César López nació en Santiago de Cuba en 1933. Estudió en las Universidades de La Habana, Madrid y Salamanca. Graduado de Medicina. Publicó, entre otros, los libros de poesía: Primero, Segundo y Tercer Libro de la Ciudad, Silencio en pos de muerte, Manos de un caminante y Pasos, paseos, pasadizos; y el de cuento Circulando el cuadrado. Ha recibido numerosos reconocimientos como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Premio Nacional de Literatura, Miembro de número de la Academia de la Lengua de Cuba y Miembro correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española.






TIRANA LA ROSA.

Palabras para ser cantadas.
¡Ah, quien pudiera!
Entona o desentona en el intento de descubrir aquello que imagina. La insistencia
que desdibuja el tiempo y hace añicos relojes, lámparas, espejos.
Esa criatura teme a las definiciones, a ser clavado
en la pared, incluso a los aplausos…
Pero quisiera perpetuarse en una voz serena como el aire
de aquel que en luz no usada la música extremara.
Nadie lo sabe y sólo el mundo tiembla. Ha perdido
en su juego, se ha quedado fuera y no quiere confesarlo.
¡Cómo amaba! Y tal vez cuánto. Allí donde las masas se convocan
no lo esperan o quizás sí, los jueces implacables
están listos hace ya mucho tiempo; pues se sabe
de la confusión permanente en las líneas escritas.
Es verdad que quisiera o que quiso cantar, pero llegó la muerte,
y ni siquiera tuvo sus ojos. Pobre poeta en el abismo.
Calla, que ahí ya empieza el responso y no convienen
oraciones o frases de arrepentimiento, remordimiento, indiscreto monólogo.
Son días de esclavitud y van hacia el cadalso
pidiendo golondrinas, repitiendo retóricas
cantaletas en espera de la disimulada condecoración
¡Oh cuánto tiempo en tinieblas pasó sin que mi frente
pronto la guerra estalla y todo, sólo ahora lo descubres,
lo has confundido. Lo equivocas. Viejo encanece
y todo lo bazuca y lo que deja.
¿Algo más? ¡Quién pudiera! Sigue siendo.
Tirana la rosa. Música, llanto en lágrimas sonoras.



¿HASTA DÓNDE VA A LLEGAR este cansancio?
Se pregunta el anciano.
Se sabe comparsa en el barullo, inmerso
va y no lo había descubierto cabalmente
quizá hasta ahora, cuando tiembla perdido en la memoria,
aunque insiste en el tiempo y trata, intenta,
desespera, observando los movimientos torpes
para lograr resolver los crucigramas. La historia lo atormenta
y la música a veces se le vuelve
un agobiante y denso martilleo.
No puede más y sin embargo insiste.
Ayer apenas sumaron unos pasos que consideró alegrías;
hoy sabe que el mañana es un lugar común
que no le pertenece. Así cruzan recuerdos y proyectos frustrados.
Dejó de ser y quiere seguir siendo.
Ha vuelto a los lugares que negara.
Nadie le pidió nada, no hubo exigencias,
sólo insistir y proclamarse sabio en su torpeza.
Vaya entonces al aburrido archivo de los tontos perdidos.
Su paisaje es desierto y no lo acepta.

 

EL SITIO AQUEL NO EXISTE

y ni siquiera
fue inventado, fijado en la memoria
para causar enorme desconcierto. Búsqueda,
reiteración retórica y retorcida insistencia.
Hasta el cansancio ha conducido el tiempo.
¿Quién clasifica a los creadores, filósofos y a las maripositas?
Por ejemplo, inclinado en los libros mal leídos,
entre amigos que denotan la edad y su afán persistente
de ocultar lo vivido en el recuerdo,
el maestro confunde sus metas y objetivos, no quiere
o no se atreve a decirlo ni siquiera en voz baja.
Estaba equivocado y se pregunta ¿Qué somos, aves viajeras…
sin sospechar apenas el fusilamiento.
Habrá más tarde de leer en los libros o de escuchar
en alguna obligada y aburrida conferencia que se trataba
de un romántico reaccionario, Músico,
compositor olvidado mientras él, también,
era arrinconado en lugar inexistente. Bailan
y bailan muchachitos salidos de regiones, que tal vez
fueran transparente y ahora se las llaman oscuras,
regresivas, sin dioses, -¡Pues ya no está de moda
utilizar mayúsculas! Otra vez se amontonan
en las esquinas grupos de silencio! y la tarea
compuesta no se sabe por quién
resulta carga demasiado pesada. El sitio
aquel no existe. Lo repite hasta el hastío.
No hay cansancio en el alma ni letra de bolero.
Fatiga genital que no conduce a parte alguna.
Ya sin bastón o más bien con muleta
preguntan al mendigo su función en las calles
de la eterna provincia. Murieron los poetas
que presumían de cantar impresionando en los bares del puerto,
en espera de la llegada húmeda de los bosques
¿Cómo pudo ser tan eficaz el engaño?
Si el sitio aquel no existe.
Pobre bardo, va a morir de oscuridad pensando
en la redención pues le habían enseñado que fuiste
reparada donde tu madre fuera violada

Falsos profetas, vocingleros políticos de otras épocas, que pugnan en volver.
Adieux, adieux, remember me.
El sitio aquel no existe. Sólo queda la certeza de estar…
y el quehacer de las historietas convertido en Historia.