5
¿Por qué somos tan limitados?
¿La materia es parte de mi conciencia?
Rozitchner
–¿Nos vuelan el techo?
–Asere, ¿se nos cae el techo encima?
–¿Cuál techo? ¿Quién? ¿Qué es el techo? ¿De qué moléculas se sintetizó?
–Dicen que van a vender tejas, tavarich.
–¿Tejas francesas o tejas de Trinidad o tejas francesas fundidas en Trinidad?
–Tejas decomisadas. De Regla. De la época colonial.
–Tejas transparentes. De plástico. Del aeropuerto.
–Tejas de cinc. Calientes. De las que cortan cabezas si viene un ciclón.
6
La palabra "sein" tiene en alemán dos significados:
"ser" y "ser de él"
Kafka
Como quien despierta en la madrugada de espejismos mientras el murciélago se trastoca en rosa y la loba en lumbre del desierto. Como quien chilla de cabeza en una cueva angiológica. Como quien usa una videocámara para frotarse el clítoris en primer plano y casi no puede respirar. Es así cómo me abro en la "posición de loto" primero y ya después, más relajada, en la "posición de paloma satelital"
No me resigno a roer nirvanas como si fuera un triste lagarto. No deseo mirarme en la contorsión invertida de ningún espejo. Si la patria bosteza bajo mi almohada, entonces el odio es un boomerang de culpas para tildar al otro en mis pesadillas.
Siento mis ojos como rótulos tristes de camaleón, abismo extranjero de una peregrina tan provinciana que por favor. Aprieto la videocámara vagina adentro. Oprimo la tecla REC. Soy invisible y sólo en la cinta magnética recobro mi corporalidad.
Aikido visceral y mental. Por mis venas corren imágenes en Fast-Forward. Filmes de Antonioni. Julio Cortázar mal interpretado por la regla de Osho. Por suerte no tengo la regla. Todo se graba en blanco y negro de alto contraste. Tras una larga pausa se descorren las cortinas para que comience la secuencia final.
J. Cortázar extrae un conejo de su sombrero y se lo regala al Vlady, que escucha la fragilidad del silencio tras una niebla metafísica sin hemoglobina. Corte. El conejo no es rosado útero, sino azul. Pero tampoco es un unicornio y se deja llevar por las aguas del río, y pulen sus pelusas el humo descendiente y a la vez piramidal. Corte.
Julio C. cae y se abre la sajadura como una dura espina en el costado de Cristo. Su sangre es rubicunda y verde fosforescente y amarilla como de celulosa de libro antiguo. Corte. El pobre conejo azul huye dentro de mí. Corte. Siento cosquillas y me abro todavía más. Mis patas se parecen ahora a las de un compás. Alcohol de 180 grados. Me meto la cámara hasta el final del cable y, sin embargo, sé que voy a parir. O abortar.
JC me muerde el esófago para que me calle. Lo filmo iracundo en un big close-up. Corte. Antonioni firma sus planos con mi saliva de hembra preñada, y con mi leche en blanco como una hoja de papel. Mi mente se desmaya también en blanco. De pronto es imposible el aikido mental. O demasiado posible tal vez.
Julio Cortázar sí es un triste lagarto que duerme su frustración. Yo no callo, no hay quien me detenga de narrar en imágenes. Soy un incesante estado de filmación. Yo misma funciono como una film-nación. Corte.
Aprieto de nuevo el REC y extraigo la cámara como si fuera un bebé. O un feto. O un tampón Tampax. Es paradójico que la misma tecla sirva para grabar y para que la cinta cese su estado de grabación. Acaso de gestación.
7
Tú mismo creas la tarea.
No hay ningún discípulo a lo largo y ancho
Kafka
Repaso mi colección de tatuajes. Son citas de libros, cicatrices de fósforos. Es una lectura magníficamente estúpida y trivialmente genial:
Un modo de verdad: no de verdad coherente y central sino angular y astillada. De Quincey.
Ser el oscuro solitario nervio-ocular observador del diamante giratorio del mundo. Kerouac.
¿Qué tiene que ver la esencia de la técnica con el salir de lo oculto? Heidegger.
No tanto con la L de lucidez sino esa otra L de libertad: de la locura que ilumina lo hondo, lo lúgubre del laberinto, lambda loca, luciérnaga antes del fósforo, mucho antes del latido y del logos. Rojas.
Intento borrar mi colección de tatuajes. Araño con un bisturí mis citas de libros, cicatrices de afilado metal sobre mi piel. Es una cordura estúpidamente magnífica y genialmente trivial. Corte. Sin créditos.
8
Somos protagonistas,
pero de una historia sin guión
Rozitchner
Limpio los lentes de la cámara, defeco, y salgo para un coloquio de poesía en la zona 999 de Alamar.
Cojo un camello rosado, en extinción. El chofer me monta en la cabina a cambio de un poco de flirt. Es un hombre desesperado y, por eso mismo, un ser inmortal. A través del espejo retrovisor, sucio como de chocolate, todo gira y se mezcla. País carrusel, calidoscopio patrio de marca Nestlé.
No lo parece, pero esta última frase es una parodia del alma inglesa: Torre de las Decapitaciones, Big Ben, escafandra hindú del Taj Mahal, Thamesis de mándalas poéticas de la iglesia anglicana (todo, por supuesto, a través de las gafitas del payaso John Lennon o la frígida Lady D).
Los poetas me miran con asco y admiración. Me olfatean. Creen que soy un camaleón del performance, una menstruadora profesional. Me acerco al video y grito:
–¿Qué es tener cuerpo, qué es ser un cuerpo?
Y después, apretando el PLAY con uno de mis pezones, proyecto la cinta en la 3D-visión:
–¡Yo soy obrera metalúrgica, hija de obreras metalúrgicas, y me voy a construir un cucharón!
Las imágenes se suceden en el 3D-visor. Son mis órganos de poliestireno. Muñequita Lili, Barbie de la barbarie. Sangre azul. Semen acumulado desde la fundación del Imperio Ruso en mayúsculas y la consumación en cirílico de la Revolucioncita Mundial. También se ven venas, arterias arteras, supercarreteras de música hepática de Liverpool.
Me desnudo en público y me vuelvo a vestir, impúdica. No pasa nada. Nadie entiende nada. La pantalla sigue en llovizna y con un pitido ensordecedor. Scratch. Se transmite el patrón de pruebas. O todos ven sólo el patrón de pruebas. Los peritos llaman a este efecto "fatiga visual de Kalashnikov".
Soy aplaudida. Escupo. Me expulsan. Es la flema británica de Alamar. Camino de vuelta por la zona 999 hasta que un camello amarillo casi me aplasta. El chofer me llama "zuka", pero después me invita a montarme en la cabina con él.
La realidad es un circo. Es cíclica. Es un círculo. Es un gran número cero. Por algo ya estamos en el dos mil: el año cero.
Ahora sería espectacular filmar un decálogo donde quepa toda la entretenida abulia del año dos mil: siempre es el año cero.
Ahora es el momento de poner a un lado nuestra imbecilidad narrativa y empezar por fin analfabetamente a narrar.
Ahora miro de soslayo al chofer y sus tatuajes de macho cubano y le pregunto en un flirt:
—¿Quién deambula con un candelabro buscando alguna certeza en este país?
9
Cada instante de la vida, sea hostil
o apacible, tiene algo de único
Protin
–¡Africanas y huevitos de chocolate! ¡Huevitos de chocolate y africanas!
–¡Colchones y bastidores de IL-62! ¡Bastidores y colchones de IL-62!
–¡Fideos, aromatizante, palitos de tendedera y haragán! ¡Haragán, palitos de tendedera, aromatizante y fideos!
–¡Rollitos y polvorones! ¡Polvorones y rollitos!
–¡Azucenas y girasoles! ¡Girasoles y azucenas!
–¡Periódicos viejos y revistas de la URSS! ¡Revistas de la URSS y periódicos viejos!
–¡Botellas vacías y laticas de Báltica! ¡Laticas de Báltica y botellas vacías!
–¡Pasaportes de la CCCP y carnecitos vencidos del PCUS! ¡Carnecitos vencidos del PCUS y pasaportes de la CCCP!
10
El hombre se volvió criba,
la mujer tuvo que nadar
Paúl Celan
La locura es el misterio de la fórmula. Locura a pulso como proceso de inanición, como flujo de gravidez senil: infarto del cerebelo. La desmemoria tangible del desierto y una letanía en pasado al cerrar los párpados en retoño, conscientes o casi. Todavía soy yo. Ningún texto se escurre entre mis dedos y ya no siento las contorsiones enmascaradas de la muerte. Estoy en la cima de algo, en la raíz de nada. La paz de mi sexo abierto me desdobla en una risa y un olor herético, de linfa y sudor. Todavía estoy viva. Una terrible llaga desangra mis angustias a través del paladar. Todo adquiere una textura púrpura, de vísceras resecas a punto de pudrición: putrefacción. Ni me voy ni vengo: permanezco y mi lengua queda libre tras los enésimos fracasos que me han permitido resistir: es la calma gloriosa del milagro, ya no es necesaria ni la salvación. Todo es argot, argucia. Estoy cuerda de remate, pero tampoco soy yo. Estamos cuerdos de remate, pero el misterio seguirá siendo sólo una fórmula.