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III

Finalmente, “Trilce I”. Es ocioso decir que toda interpretación que pretenda ser definitiva pierde en la pretensión. Si hay un texto en la poesía del continente americano que ha sufrido la ignorancia de ese precepto es “Trilce I”. Mi intención al hablar de este poema puede no ir, en apariencia, más allá de las “exégesis” anteriores. En defensa de ello valga decir que aquí se continúa la idea hilvanada acerca del predominio del sentimiento genuino en el acto poético.

Razones para ejemplificar con este texto: El poema preliminar de Trilce es un texto polémico. Su configuración de supuesta impenetrabilidad, la diversidad de acepciones semánticas que ha generado en críticos y poetas me resulta atractiva. Y es el lado semántico el que se rebela como verdaderamente polémico: “poema de la defecación” (André Coyné, Espejo), poema del nacimiento del poeta y el Perú (Mónique Lemaitre). Cuando la impenetrabilidad de un hecho, en este caso poético, es decir, el poema, nos obliga a buscar referentes lejanos al móvil que estimula y resuma del acto, los arribos pueden resultar pobres o cuando más enrarecidos. César Vallejo sufrió este poema, en particular, y la mayoría de los que conforman este libro, durante su reclusión en una cárcel del Perú, en el departamento de Trujillo, zona costera. Aquí se significa el espacio geográfico en que se dan estos textos por una característica del libro. En Trilce la relación entre el sujeto, el espacio y el tiempo se manifiesta casi de manera obsesiva. Las evocaciones al pasado de protecciones afectivas (amor materno, amor otilino) son la otra parte que complementa el sentido de opresión y ruptura que nos da este libro. Si el poema que encabeza y da título a Los Heraldos Negros es el poema antológico por excelencia de César Vallejo, al tratar de hallar su prolongación tesitural en el trayecto de dicho poemario, encontramos zonas de acentuada incongruencia. Con el poema que nos interesa aquí no ocurre lo mismo. Es el pórtico que da acceso al antes citado espacio-tiempo opresivo que el poeta denuncia en declaradoras obras, en escapes que recuerdan a los de un niño en sus fantasías. Sólo que aquí el escapista es un ser de recursos más solidificadores, de recursos sustentadores. Lo que sustantiva tal existencia, la enmagrecida existencia del recluso, es el acto poético como acto catártico. Luego de lo dicho, creo que es posible entrar en el mundo sustantivo y estilístico del poema preliminar de Trilce.

IV. Poema de la opresión. Motivo de la esclusa

El poema en cuestión es bien conocido. Cederé a la tentación de desmontar aquí, y hacer exégesis “precisas” de algunos de sus versos o unidades sintácticas. Hay hitos que deben sopesarse debidamente, pues en el desorientador mundo referencial y sintáctico de este poema está la clave de una reacción. Sus modos no siempre son factibles o fáciles al camino del sentido común; la reacción, la oposición, se nos muestran siempre en formas extremas, desacostumbradas. “Quién hace tanta bulla, y ni deja/ testar las islas que van quedando.// Un poco más de consideración.” Este es el comienzo de una denuncia que trasciende en el tono suplicante y perplejo, a veces balbuciente, que caracteriza a una gran zona de la poesía de Vallejo. Ante un acto común y humano el sujeto es objeto de violencia. Como una triste ironía el irrumpir violento y deshumanizador crea un mecanismo que redimensiona y da los valores reales que encierra ese acto.”En cuanto se hará tarde, temprano,/ y se aquilatará mejor/ el guano, la simple calabrina tesórea/ que brinda sin querer,/ en el insular corazón,/ salobre alcatraz, a cada hialoidea/ grupada.” Al comienzo de esta parte hacía mención a determinados hitos o recurrencias que se dan en el poema. También mencionaba la estrecha relación que establece Vallejo entre el sujeto y el espacio temporal y físico. Palabras como islas, insular, península denominan y caracterizan espacios no sólo físicos sino subjetivos. Hay también alusiones al acto defecatorio y, lo más importante y definitivo, a la materia sustantivante de ese acto: guano, hialoidea grupada. En mi opinión es esta la parte de mayor intensidad lírica y dramática por el entrelazamiento semántico elaborado por un referente dual y al mismo tiempo unívoco, que se va dando en una gradación, en señales dosificadas oportunamente. Lo que comienza como una velada analogía termina en transmutación: “que brinda sin querer, en el insular corazón salobre alcatraz, a cada hialoidea grupada”. Esta gradación adquiere rango de símil, una sutileza que me permito llamar símil en evolución o símil tácito. Todos estos referentes apuntan a los antes citados espacios físicos y subjetivos con los cuales logra “materializar” su acto de escapismo. El recluso, conminado por un llamado intempestivo evoluciona con un desplazamiento por los espacios abiertos donde las aves –por razones obvias marinas– se entregan a fertilizadoras grupadas en un significativo, anhelado y Concedido libre albedrío. De ahí, reitero la gradación que da, veladamente, valores comparativos con el ave en libertad. Y la confirmación nos llega con la frase intencionadamente transcrita en altas: seis de la tarde DE LOS MÁS SOBERBIOS BEMOLES. Frase con que se pondera lo que se tiene por muy grave y dificultoso. Cuando Vallejo finaliza su poema diciendo: “y la península párase/ por la espalda abozaleada, impertérrita/ en la línea mortal del equilibrio”, nos da un explícito santo y seña de una situación vivencial y no funcional, escatológica, lo cual sería estrecho y nada tendría que ver con César Vallejo. La península abozaleada es la privación de su libertad y la línea mortal del equilibrio es algo que cada quien ha de aquilatar en su cotejo y de modo explícito. Es nuestra situación existencial a la que no escapan ni siquiera los más felices. Por todo ello “Trilce I” es para mi el Poema de la Opresión y en él se da un motivo que doy en llamar Motivo de la Liberación o Motivo de la Esclusa, presente en todo acto de rebelión como este que ahora mismo está ocurriendo.