Inherencia de la poesía

Jorge Osorio


"Trilce I". Preámbulo

El ser reprimido, al no poder deshacerse del lastre, vive en el propio filo desde el cual le llega su laceración, pues la condición del Ser es ser. Entonces, no es el trasgresor, es el negado. Las vías de toda rebelión tienen como punto de inicio a situaciones límites, situaciones que cada quien resuelve en expansión sea de la fuerza bruta, visible, sea del yo profundo o el espíritu, más bien discernible. Discernir es posible si se aproxima. Discernir implica por ello una experiencia personal, esta es transferible. Es la etapa que culmina o inicia el ciclo de las empatías.

Si un hecho poético es un hecho poético, algo que vale en sí mismo y no es por ello susceptible de explicación, por qué volver obsesionados sobre ciertos hitos, sobre sus índoles. Es el fenómeno que se da en la prolongación que establece la ya citada cadena de las empatías. No soy un crítico, un observador, soy al igual que César Vallejo un poeta. Hablemos pues de poesía desde las aproximaciones, múltiples, que establece una situación límite, vivida y mostrada desde la poesía: "Trilce I".

I

Hay un timbre humano, un latido vital y
sincero, al cual debe propender el artista,
a través de no importa que disciplinas,
teorías o procesos creadores.

César Vallejo

Todo acto humano tiene una razón y un destino. Pudiera llamársele a esto El Móvil. Todo acto humano tiene un presupuesto. Se es Poeta porque se es humano, lo humano se impone, siempre, con sus veteaduras y luminiscencias; la poesía es, como nos enseño Vallejo, un acto humano. Tiene un presupuesto. Sería interesante abordar el móvil de las poéticas a lo largo de su devenir. Tema que me fascina, por cierto. Sería interesante abordar el móvil de la creación artística en nuestra actualidad, en nuestro entorno inmediato. Sería, pues, interesante que muchos de nosotros –poetas– nos preguntásemos por qué escribimos y a qué aspiramos. A las calladas, para nuestro cotejo. Cuando hablo con algún amigo sobre este tema, o cuando sin proponerlo, alguien lo toca, ineludiblemente sale a relucir lo vivencial. Es casi un lugar común aquello de que el poeta debe sufrir. Quien se imponga el sufrimiento como norma estará más concentrado en cumplir que en vivir pese a todo y por encima del lastre que no se quiere. De modo que la mala vida no es una especie de suerte que privilegia a algunos. Exaltación del espíritu a través del dolor. Los románticos que se alinearon a esto como tesis de vida, se afectaron. Los que vivieron en el sufrimiento revirtiéndolo en provecho y devinieron Románticos, trascendieron ¿Clásicos, Románticos… Experimentales? Remítanse a la frase de César Vallejo que encabeza esta parte. En mi opinión, es ese el presupuesto de toda poesía. Es la Inherencia de la poesía.

En carta a un amigo le comentaba, a grandes rasgos, lo que me parece un denominador común en los que han trascendido y son hitos inobjetables para la mayoría. Todas las corrientes de creación artística se definen como superiores a la precedente. Esgrimen razones más o menos ciertas, más o menos falsas. No me atrevería a elegir a la corriente superior o definitiva, ni al mejor Poeta de entre los poetas. Nadie podría hacerlo. Los grandes poetas tienen sin embargo una sintaxis y un mundo referencial propios. Sabemos que en el creador es su psicología lo que impone una sintaxis y sus singularidades. Tomo de Montale su innegable “intuición, fisiología y técnica” como base de toda creación literaria. Si el acto poético no es un acto raigal, no hay lo otro. La peculiaridad del creador radica en su capacidad de observación, en una especie de percepción insólita. En materia de poesía, pues, hay buenos poetas y hay poetas imprescindibles, proteicos. Uno de ellos, para muchos, es César Vallejo.

II

¿Qué de peculiar puede mostrarnos un poeta? Hay denominaciones que signan la materia estructural y sustancial del poema, materia que varía a su vez, pues es algo insertado al fenómeno evolutivo del hombre como ente individual y social. Hay una gran imbricación de estas categorías difícilmente separables. Cuando estamos ante el texto de un autor este fenómeno se redimensiona. ¿Cuántos siglos de literatura pesan sobre nosotros? ¿Qué nos puede decir este autor? La mimesis, su ubicuidad en el hacer contemporáneo, crea una reacción en mucho comparable a un formidable maremoto. Oleadas de indescifrabilidad ex profeso. Oleadas de amaneramiento intelectual. En ellas las conquistas del ego, su hiperbolización, lancean hasta aniquilar las pasiones y sentimientos auténticos. Es esta, más bien, una de las maneras en que la violencia contemporánea adquiere dimensionalidad, sutileza. Por tanto, el término mimesis no es del todo acertado, o mejor, no cubre esta frase en todo el amplio sentido que encierra el concepto que, en mi opinión, tiene mucho de lúdico, catalizador del sinnúmero de tentaciones que encierra una propuesta velada. Hay, por tanto, en una acción mimética, un juego de contención más que de mutilación. Y cabría entonces retornar a la pregunta: ¿qué de peculiar puede mostrarnos un poeta? Habría que volver sobre César Vallejo: “en la poesía verdaderamente nueva pueden faltar imágenes o rapports nuevos –función esta de ingenio y no de genio– pero el creador goza o padece allí una vida en que las nuevas relaciones y ritmos de las cosas se han hecho sangre, célula, algo en fin, que ha sido incorporado vitalmente a la sensibilidad”. Es pertinente recordar que la obra de Cesar Vallejo es cambiante, multiforme, si nos atenemos a determinados aspectos formales y estilísticos. Su mundo, que impactó y recibió los impactos del mundo en que se dieron sus desplazamientos y proyecciones, está sin embargo, en cada una de sus páginas ¿Cómo hablar de una Obra Poética coherente si hay en ella sorpresivos y estremecedores saltos estilísticos? El hombre, uncido por el poeta, muestra en ellos su evolución. Y el caudal de una existencia casi confesional da el cuerpo y la autenticidad a un Hacer poético que nos lo trae, siempre, como el paradigmático –uso con temor esta palabra– y revelador Ser. De manera inevitable desembocamos, otra vez, en nuestro ente sustantivo. Es él la materia cardinal de toda auténtica creación, amén de las corrientes al uso, a las cuales solo él puede dar validez. A menos que este mundo de incipiente

Ergonomía nos gane, irremediablemente,
con una total metalización de
los sentidos.

Continua...