II

(el arca)

Nuestro pueblo dominaba toda la tierra.Es decir, la franja donde se asentaba que era un pequeño montículo.

Los hombres de la aldea nacían con un destino férreo:custodiar el Arca de La Alianza.

Los antepasados de sus abuelos habían descrito la belleza y el poder del Arca:quien la mirara ya no podría contemplar otra cosa,quienes osaran tocarla, caerían muertos.

Nadie sabía qué contenía el Arca ni cuáles eran los pactos que habían sellado La Alianza. El Arca brillaba intacta en los relatos de los más viejos. Para venerarla, en tiempos remotos, ejecutaron dos actos simbólicos: construyeron un templo y colocaron ante él a un guardián armado. Los mandamientos desconocidos del Arca,regían las vidas de nuestros hombres. Así, conjugaron ilusoriamente libertad y sometimiento, responsabilidad y destino, en la dinámica estática de aquel poderío. Llegaron a dominar toda la tierra,es decir,la franja donde se asentaban que era un pequeño montículo.

(de cómo me fui volviendo verde)

Con los ojos de sapo.Con el color de un sapo.Por mimetismo. Verde. Aunque en los vientres de los pájaros muertos también encontraron presas mimetizadas.Entonces la mímesis (o la simulación) no sirve de mucho. Verde como las palmas que no sé si quiero verdes. Como los espejismos (verdes) del desierto: del Sahara,de Atacama,del terreno baldío que está frente a mi casa (verde).
—Mira las ojeras que tiene (que tengo) (verdes), de tanto mirar la línea del horizonte.
Del mar fondobotella hasta convertirme en légamo, en yerba rala. Siempre recomenzando. Siempre recomenzando.

(cuando le retuercen el cuello a los pollos)

Cuando le retuercen el cuello a los pollos, estos se ponen a saltar como si fueran a atravesar volando el cielo de la Isla , pero se quedan pegados en el suelo en volteretas anónimas mientras agonizan. En vuelo efímero hacia la muerte, los pollos sueñan que son cóndores.

(el faisán del paraíso)

Estaba con el pescuezo colgando del vertedero, hasta que se acordó y se arrancó una pluma. Garabateó como pudo: "Revelación de Juan, vuestro hermano, partícipe en la tribulación, en el reino y en la paciencia, estaba en la isla de Patmos cuando me arrebató el Espíritu para proclamar y para dar testimonio":

(Para Creta,con amor):
"Y me tragué el librito,el azúcar prieta,amarga,y escribí estas cosas para confortarlos:
1. Que la procesión va por dentro.
2. El muerto adelante y la gritería atrás.
3. Que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.
A las siete iglesias: Catedral de La Habana, Iglesia de Regla, de Guanabacoa, Catedral de Santiago, a la Capilla Sixtina de Matanzas, a la Santa Sede de Villa Clara, a la Basílica de la Caridad del Cobre.

(Y que los otros no se sientan excluidos porque el Verbo alcanzará para todos).

Que yo he visto sus obras y tribulaciones y conozco su pobreza (pero ustedes son ricos).Que se acuerden del montuno, la trompeta y el areíto que nadie vio nunca bailar en estas tierras.Que yo soy el que soy y vengo tumbando. Todas estas cosas las dejo escritas,en siete papelitos, selladas con siete sellos y amarradas duro con hilo de yute,para que se las rifen".

(moscas)

Yo le tengo asco a la leche. A la leche con una mosca adentro.Es decir, le tengo asco a las moscas. Cuando revolotean trayendo noticias del más allá o del más acá.O no trayendo nada.Posándose en las paredes,en los rostros de los vivos y los muertos. Quiero creer que de una calavera puede surgir un panal, pero cuando las moscas zumban como avispas sobre un cuerpo descompuesto,yo siento asco.No esperan la descomposición,sino la provocan. El asco es algo que empieza en el estómago,te sale por la boca y termina en una arcada o vómito donde ellas se posan. O no termina nunca, esta repulsión de estar vivo, sino en la muerte, o tal vez no, no sé cómo es, todavía no morí y cuando haya muerto no lo sabré.

(por agua)

Entonces decidí ahogarme y me lancé al ojo de agua. El ojo me ignoró, mirándose a sí mismo.Me mostró a una biajaca,cuyas escamas relumbraban en siete capas,y cuando respiraba parecía un escudo.Me puse a mirar las escamas de la biajaca y vi las primeras estalactitas,las formaciones calcáreas de la isla, vi a los hombres danzando alrededor del fuego, arañando en la piedra, vi levantarse las estrellas, los mogotes y las palmeras, las espaldas y los batracios, todo formando una misma masa compacta. Vi a mi madre llorando por los primeros frutos y a mi padre esgrimiendo un bastón.Vi que devorábamos una cerda blanca.Me vi a mí mismo,mirando azorado en los ojos de la biajaca.Y supe que nada terminaría ni aunque nos comiéramos nuestras propias mesas.

Mi padre me dijo:
—Ve al patio y trae yucas para la casa.
Pero cuando llegué al sembradío y metí la mano en la tierra, sucedió lo más extraño: las yucas estaban muertas. Arranqué un cangre y salía sangre, arranqué otro, y también, la sangre seguía corriendo.
Las yucas se pusieron a gritar:
—Somos tus hermanas, ¿no nos reconoces?
Salta la cerca, Polidoro, no vaya a ser que te siembren también a ti, de un puñetazo.
—¿Por qué hemos nacido aquí? —le pregunté a mi madre,mirándole a los ojos (vacíos).
Mi madre y yo estamos amarrados a una enredadera, por el día arrastramos las barrigas por el suelo,por la noche nos abrazamos,entrecerrando las hojas.

(eriazo)

¿La soledad se come con cuchara?
La sola edad
La sol
La ed
La edad comiéndose a mi madre, revolviéndole
las entrañas.
Pero no se la come,se atraganta.
Mi madre se arranca la piel hasta alcanzar la desnudez
hueso del hueso.
La ed
  La
    S
La
     O
       ¿La?
Los ojos lloran y no lloran. Vaciados. Sin aristas. Pulidos como chinas pelonas

(porque nos parecemos a las calaveras de Guadalupe Posada)

Con una cotorra en la cabeza, es decir, en el cráneo pelado, con una sonrisa sempiterna (la de la cotorra) que nos contagia y va transformándose en risa,en carcajada,en bravuconería. Barrido el Barroco. Barridas las heces del perro, las eses del borracho que tropezó en la escalera, barrida la sangre (de la botella) con que se cortó las venas,hasta convertirse en otro esqueleto (el borracho). Y aquí formamos el Septeto, Nacional, ¿me oyeron?, sonando el guayo y las tráqueas, cantando las canciones que vuelven.

Lo perdimos todo menos la música: las canciones pastosas que se pegan a las encías. (¿Oye alguien mi canción? ¿Puede oír alguien mi canción?). Las claves con las falanges y el sonido sonoro de las dentaduras marcando el ritmo: rit/mós, rit/mós,rit/mós,que todavía hasta podemos puntear el tres, (porque en la muerte nos siguen creciendo las uñas) y Alguien se queda lelo,moviendo la inexplicable cabeza a compás.

Pero en la muerte todo es equitativo,"allá van los señoríos a se acabar" , y nos reímos a carcajadas,a mandíbula ba-tien-te, sonando una rumba de cajón (de cajón de muerto) y los turistas nos miran arrobados: "¡Vaya orquestica típica!" y sacan fotos fotos fotos que después no hallarán en la Kodac.Y lo que el lente ni el ojo alcanzan a captar, bajo la superficie socarrona,es la pulpa del ser,su quebradura. El esternón altivo —dijo Alguien— colocado en el tristísimo esqueleto rumbero.

Entonces mi madre dijo: trágame tierra, pero no vi que se abriera ningún hoyo, como no fuera la boca de mi padre (desdentada). Si uno vencía la repulsión podía ver la lengua morada, que si se trababa y se doblaba hacia atrás, provocaría un ataque de asfixia inmediato,pero no se asfixiaba, sino que la lengua (un pedazo de carne morada en la boca de mi padre) seguía moviéndose, diciéndole a mi madre, a los cuatro vientos, que a él había que respetarlo, cojones, que para eso era el hombre de la casa: había subido, bajado, luchado rompiéndose el espinazo por Esto (algo intangible y grandioso como una pompa de jabón por la forma en que movía las manos), que no iba a soportar que ningún pequeño judío, miedoso, escribiera cartas contra su padre (ÉL) y que no creía esa historia de que yo era una mosca muerta.

Entonces mi madre repitió:trágame tierra,en un gesto dramático, pero hasta la tierra, maldita, rechazó tal ofrenda.

(el hambre)

Voy a enterrarme aquí mismo, en las losetas del patio.
Ya estoy en un nicho,con los pies para arriba y las manos cruzadas sobre el pecho.
Cuando pienso en mi corazón, el peso del corazón de un difunto, pienso en el desperdicio de vísceras que no saciará la boca del Gran Devorador.
Quizás Alguien lo tase equitativamente: Mi corazón mi madre, mi corazón mi madre, mi corazón que me entrega el ser: Respiro con dificultad.
Ojalá alguien se acuerde del hambre y me pongan un boniato en el ombligo para que se me cierren los ojos,mirándolo.