(el arca)
Nuestro pueblo dominaba toda la tierra.Es decir,
la franja donde se asentaba que era un pequeño
montículo.
Los hombres de la aldea nacían con un destino
férreo:custodiar el Arca de La Alianza.
Los antepasados de sus abuelos habían descrito
la belleza y el poder del Arca:quien la mirara ya no
podría contemplar otra cosa,quienes osaran tocarla,
caerían muertos.
Nadie sabía qué contenía el Arca ni cuáles eran
los pactos que habían sellado La Alianza.
El Arca brillaba intacta en los relatos de los
más viejos.
Para venerarla, en tiempos remotos, ejecutaron
dos actos simbólicos: construyeron un templo y
colocaron ante él a un guardián armado.
Los mandamientos desconocidos del Arca,regían
las vidas de nuestros hombres.
Así, conjugaron ilusoriamente libertad y sometimiento,
responsabilidad y destino, en la dinámica
estática de aquel poderío.
Llegaron a dominar toda la tierra,es decir,la franja
donde se asentaban que era un pequeño montículo.
(de cómo me fui volviendo verde)
Con los ojos de sapo.Con el color de un sapo.Por
mimetismo. Verde. Aunque en los vientres de los
pájaros muertos también encontraron presas
mimetizadas.Entonces la mímesis (o la simulación)
no sirve de mucho.
Verde como las palmas que no sé si quiero
verdes. Como los espejismos (verdes) del desierto:
del Sahara,de Atacama,del terreno baldío
que está frente a mi casa (verde).
—Mira las ojeras que tiene (que tengo) (verdes),
de tanto mirar la línea del horizonte.
Del mar fondobotella hasta convertirme en
légamo, en yerba rala. Siempre recomenzando.
Siempre recomenzando.
(cuando le retuercen el cuello a los pollos)
Cuando le retuercen el cuello a los pollos,
estos se ponen a saltar como si fueran a atravesar
volando el cielo de la Isla , pero se quedan
pegados en el suelo en volteretas anónimas
mientras agonizan.
En vuelo efímero hacia la muerte, los pollos sueñan
que son cóndores.
(el faisán del paraíso)
Estaba con el pescuezo colgando del vertedero,
hasta que se acordó y se arrancó una pluma.
Garabateó como pudo:
"Revelación de Juan, vuestro hermano, partícipe
en la tribulación, en el reino y en la
paciencia, estaba en la isla de Patmos cuando
me arrebató el Espíritu para proclamar y para
dar testimonio":
(Para Creta,con amor):
"Y me tragué el librito,el azúcar prieta,amarga,y
escribí estas cosas para confortarlos:
1. Que la procesión va por dentro.
2. El muerto adelante y la gritería atrás.
3. Que no hay mal que dure cien años ni cuerpo
que lo resista.
A las siete iglesias: Catedral de La Habana,
Iglesia de Regla, de Guanabacoa, Catedral de
Santiago, a la Capilla Sixtina de Matanzas, a la
Santa Sede de Villa Clara, a la Basílica de la
Caridad del Cobre.
(Y que los otros no se sientan excluidos porque
el Verbo alcanzará para todos).
Que yo he visto sus obras y tribulaciones y
conozco su pobreza (pero ustedes son ricos).Que
se acuerden del montuno, la trompeta y el areíto
que nadie vio nunca bailar en estas tierras.Que yo
soy el que soy y vengo tumbando.
Todas estas cosas las dejo escritas,en siete papelitos,
selladas con siete sellos y amarradas duro con
hilo de yute,para que se las rifen".
(moscas)
Yo le tengo asco a la leche. A la leche con una
mosca adentro.Es decir, le tengo asco a las moscas.
Cuando revolotean trayendo noticias del más allá o
del más acá.O no trayendo nada.Posándose en las
paredes,en los rostros de los vivos y los muertos.
Quiero creer que de una calavera puede surgir
un panal, pero cuando las moscas zumban como
avispas sobre un cuerpo descompuesto,yo siento
asco.No esperan la descomposición,sino la provocan.
El asco es algo que empieza en el estómago,te
sale por la boca y termina en una arcada o vómito
donde ellas se posan. O no termina nunca, esta
repulsión de estar vivo, sino en la muerte, o tal vez
no, no sé cómo es, todavía no morí y cuando haya
muerto no lo sabré.
(por agua)
Entonces decidí ahogarme y me lancé al ojo
de agua. El ojo me ignoró, mirándose a sí
mismo.Me mostró a una biajaca,cuyas escamas
relumbraban en siete capas,y cuando respiraba
parecía un escudo.Me puse a mirar las escamas
de la biajaca y vi las primeras estalactitas,las formaciones
calcáreas de la isla, vi a los hombres
danzando alrededor del fuego, arañando en la
piedra, vi levantarse las estrellas, los mogotes y
las palmeras, las espaldas y los batracios, todo
formando una misma masa compacta. Vi a mi
madre llorando por los primeros frutos y a mi
padre esgrimiendo un bastón.Vi que devorábamos
una cerda blanca.Me vi a mí mismo,mirando
azorado en los ojos de la biajaca.Y supe que
nada terminaría ni aunque nos comiéramos
nuestras propias mesas.
Mi padre me dijo:
—Ve al patio y trae yucas para la casa.
Pero cuando llegué al sembradío y metí la
mano en la tierra, sucedió lo más extraño: las
yucas estaban muertas. Arranqué un cangre y
salía sangre, arranqué otro, y también, la sangre
seguía corriendo.
Las yucas se pusieron a gritar:
—Somos tus hermanas, ¿no nos reconoces?
Salta la cerca, Polidoro, no vaya a ser que te
siembren también a ti, de un puñetazo.
—¿Por qué hemos nacido aquí? —le pregunté a
mi madre,mirándole a los ojos (vacíos).
Mi madre y yo estamos amarrados a una enredadera,
por el día arrastramos las barrigas por el
suelo,por la noche nos abrazamos,entrecerrando
las hojas.
(eriazo)
¿La soledad se come con cuchara?
La sola edad
La sol
La ed
La edad comiéndose a mi madre, revolviéndole
las entrañas.
Pero no se la come,se atraganta.
Mi madre se arranca la piel hasta alcanzar la desnudez
hueso del hueso.
La ed
La
S
La
O
¿La?
Los ojos lloran y no lloran. Vaciados. Sin aristas.
Pulidos como chinas pelonas
(porque nos parecemos a las calaveras de
Guadalupe Posada)
Con una cotorra en la cabeza, es decir, en el
cráneo pelado, con una sonrisa sempiterna (la
de la cotorra) que nos contagia y va transformándose
en risa,en carcajada,en bravuconería.
Barrido el Barroco. Barridas las heces del perro,
las eses del borracho que tropezó en la escalera,
barrida la sangre (de la botella) con que se
cortó las venas,hasta convertirse en otro esqueleto
(el borracho). Y aquí
formamos el Septeto,
Nacional, ¿me oyeron?,
sonando el guayo y las tráqueas, cantando las
canciones que vuelven.
Lo perdimos todo menos la música: las canciones
pastosas que se pegan a las encías. (¿Oye
alguien mi canción? ¿Puede oír alguien mi canción?).
Las claves con las falanges y el sonido sonoro
de las dentaduras marcando el ritmo: rit/mós,
rit/mós,rit/mós,que todavía hasta podemos puntear
el tres, (porque en la muerte nos siguen creciendo
las uñas) y Alguien se queda lelo,moviendo
la inexplicable cabeza a compás.
Pero en la muerte todo es equitativo,"allá van los
señoríos a se acabar" , y nos reímos a carcajadas,a
mandíbula ba-tien-te, sonando una rumba de
cajón (de cajón de muerto) y los turistas nos miran
arrobados: "¡Vaya orquestica típica!" y sacan fotos
fotos fotos que después no hallarán en la Kodac.Y
lo que el lente ni el ojo alcanzan a captar, bajo la
superficie socarrona,es la pulpa del ser,su quebradura.
El esternón altivo —dijo Alguien— colocado
en el tristísimo esqueleto rumbero.
Entonces mi madre dijo: trágame tierra, pero
no vi que se abriera ningún hoyo, como no
fuera la boca de mi padre (desdentada). Si uno
vencía la repulsión podía ver la lengua morada,
que si se trababa y se doblaba hacia atrás, provocaría
un ataque de asfixia inmediato,pero no
se asfixiaba, sino que la lengua (un pedazo de
carne morada en la boca de mi padre) seguía
moviéndose, diciéndole a mi madre, a los cuatro
vientos, que a él había que respetarlo, cojones,
que para eso era el hombre de la casa:
había subido, bajado, luchado rompiéndose el
espinazo por Esto (algo intangible y grandioso
como una pompa de jabón por la forma en que
movía las manos), que no iba a soportar que
ningún pequeño judío, miedoso, escribiera cartas
contra su padre (ÉL) y que no creía esa historia
de que yo era una mosca muerta.
Entonces mi madre repitió:trágame tierra,en un
gesto dramático, pero hasta la tierra, maldita,
rechazó tal ofrenda.
(el hambre)
Voy a enterrarme aquí mismo, en las losetas del
patio.
Ya estoy en un nicho,con los pies para arriba y las
manos cruzadas sobre el pecho.
Cuando pienso en mi corazón, el peso del
corazón de un difunto, pienso en el desperdicio
de vísceras que no saciará la boca del Gran
Devorador.
Quizás Alguien lo tase equitativamente: Mi
corazón mi madre, mi corazón mi madre, mi
corazón que me entrega el ser: Respiro con
dificultad.
Ojalá alguien se acuerde del hambre y me pongan
un boniato en el ombligo para que se me cierren
los ojos,mirándolo.