Alfonso Ballester Rojas

 

ALFONSO BALLESTER ROJAS es uno de los heterónimos de RAÚL LUIS, poeta y narrador nacido en la finca El Cafetal de Rojas ("borrada por un monte de aromas"),en las cercanías del poblado rural de Tamarindo, Ciego de Ávila, en 1934. Se desempeñó como editor en Letras Cubanas y como Consejero Cultural en Moscú en la década del 70. Es autor de ocho títulos entre plaquettes,libros de poesía y novelas. Son de especial significación La serena lámpara (1981), El resplandor de la panadería (1982), El Cazador (Premio de la Crítica, 1986) y El sitio existe, es hermoso (2006). Ediciones Unión prepara la publicación de su libro Naufragios.Escribe actualmente un libro de poemas y prosas titulado Reverso del mantel.

 

Marabuzal de la ignominia
(motete)

Vástago de las tinieblas el rojo y el negro de las gloriosas estifálidas domesticadas en el averno insospechado del siniestro usurero que boya con los sargazos de fieltro y olor a nafta. Atrás la bobería oprobiosa que hace muecas al atardecer en que se diluyen los caudalosos crepúsculos y la noche tiende su manto en que parpadean los guiños de otros universos fosforecentes maelstrom sin fronteras torbellinos sin fondo en el cacharro sin duelas de la mangadera.

Mangadera infinita que se expande más allá de los confines últimos sabrosura que se despierta al amanecer inconcluso y azufre puro azufre sobre las cazuelas vacías.

Manganeso en las hojas atiborradas de miel en el holocausto al que sobrevive el centurión que se niega a morir en su descabellada nomenclatura avariciosa.

Soberbia sobre los guayabales pútridos sobre los maniguazos escleróticos inútiles para satisfacer el marabuzal de la ignominia. Esto es, de la ignominia pura, almibarada y dura del caguayo. !Caguayo! !Caguayo!

 

Adiós, mangansón cavernícola
(cabalgata)

El vagabundaje del camaleón galopa por los vericuetos de la mariposa enjaulada en los confines de la bigornia atesorada por desniveles anchurosos y ensortijados del marabuzal. Sargazos en la medianía de las medias tintas del boscaje trepador en los muelles de las bahías sulfurosas, sin dragar, más bien asquerosas del torniquete en flor. Flores desmayadas por la violencia del monzón se yerguen apresuradas en el timbeque tintorero y feliz de la trepadera angelical. Angeles que flotan, que trotan como potrillos salvajes en el nubarrón apesadumbrado por el peso de mastodontes desenterrados en la mitad del meridiano por sepultureros que se prodigan en su oficio tenaz. No hay modo de sofrenar el disparate elocuente del mayordomo, la jaula abre sus tentáculos ampulosos y absorbentes del atemorizado camaleón que se dispara en colores salpicando a la bella muchacha que se aterroriza ante el ataque congelado de galletas de chocolate que el camaleón se traga con voracidad asustada y febril. Canto que se eleva más allá del berrinche orquestado por sinfónicas mariposillas en armónicos topetes aderezados con perfumes de benjuí. Corriente cismática que se evapora con caudalosas trompetillas, adiós.

Adiós, mangansón cavernícola.