II

Desde Esa oscura gente, publicada en 1990, hasta Visto para sentencia, que salió este año, ¿qué se ha transformado y qué permanece en el escritor Rafael Reig?

Hay dos tipos de escritores, los que hacen siempre la misma novela, a veces un poco mejor y a veces un poco peor, y los que en cada novela intentan hacer una cosa totalmente diferente. Yo soy de los segundos, en cada libro me da placer una forma distinta. Escribí una novela sobre la vida de Marilyn Monroe, contada por ella misma; otra sobre literatura, el Manual de literatura para caníbales; una sobre ajedrez, La fórmula Omega, uno de los protagonistas es Capablanca, obviamente. Concibo novelas de temas y de procedimientos literarios muy distintos. Cuando he releído mi primer libro o los siguientes me doy cuenta de que en el fondo se parecen mucho, así que me he quedado pensando en lo que decía Flaubert: un escritor no elige sus temas, los soporta. No es optativo, no tengo más remedio que acabar escribiendo de lo mismo aunque con cosas completamente diferentes.

Cuando uno comienza a escribir tiene ciertos credos, ciertas pasiones y con el paso del tiempo sucede igual que con los amores. ¿Cómo ha sido en su caso?

Con los amores cada vez estoy más ilusionado, lo mismo con la literatura. En la literatura he tenido la suerte de no tener éxito… al final he tenido reconocimiento pero ha sido de forma muy paulatina, muy despacio, y ya con 45 años de edad me importa un bledo. Creo que eso ayuda mucho porque en una sociedad como la española, tan pendiente del éxito, de salir en los periódicos, si hubiera tenido éxito a los 20 años probablemente me hubiera convertido en un idiota.

¿Otros títulos suyos, además de Manual de literatura…, podrán estar a disposición del lector cubano?

Por mi parte desde luego y por parte de las editoriales en las que he publicado estoy convencido de que no habrá ningún problema. Un título que me gustaría se publicara aquí, siempre que se considere de interés, sería Hazañas del Capitán Carpeto, que es una especie de parodia al Quijote, en la España actual, con los problemas de inmigración. Él es un tipo que lee demasiado sobre superhéroes y sale a recorrer España con una pistola de rayos destructores. Me gustaba ese género que llevaba mucho tiempo sin practicarse en España y me parecía un género muy caliente. Es un texto que publiqué por entregas en 20 minutos, un periódico gratuito, eso me daba acceso a un tipo de lector que no es el que compra libros en una librería, sino un lector muy popular. 20 minutos es probablemente el periódico más leído de España, se reparte en el autobús, en el metro, por las calles, todo el mundo lo lee. Para mí era una oportunidad maravillosa que la gente fuera leyendo la serie y preguntándose qué va a pasar mañana. La escribía a diario, a lo que fuera saliendo. Y cuando lo leí todo seguido me di cuenta de que, no sé si por intervención divina, tenía unidad, sentido; yo pensaba corregirlo y al final no toqué nada porque me pareció que había quedado redondo y podía leerse muy bien como libro.

Publicar en Cuba Las hazañas… esa es una de las posibilidades de las que hemos estado hablando. El que Hotel Kafka esté aquí también va a facilitar el que muchos autores españoles puedan ser conocidos y leídos en Cuba y viceversa; o sea, que nosotros transportemos a España información sobre la literatura cubana contemporánea. El desconocimiento mutuo es muy grande. Es buenísimo para las dos partes que nos leamos unos a otros.

¿Si yo entrara ahora mismo a una librería o biblioteca de Madrid, qué me recomendaría leer?

Lo primero es algo que dentro de nada podrás leer en Cuba, porque lo va a publicar Arte y Literatura, la novela de mi amigo Antonio Orejudo, Ventaja de viajar en tren. Es una gran novela que se va generando a sí misma a partir de una especie de delirio paranoico de un personaje que va entremezclando historias y hace una profunda crítica social de la España contemporánea, de la sociedad en que vivimos. Llena de un humor un poco ácido y de sabiduría literaria. No tiene ninguna pedantería, toda la erudición y la sabiduría están por debajo, que es donde tienen que estar, no presumiendo de ella.

Aparte de autores que ya son conocidos aquí, como Belén Gopegui, Isaac Rosa, me parece que valdrían la pena Javier Azpeitia y Juan Madrid, quien también tiene algunas cosas accesibles en Cuba.

¿Por qué echó a perder el final de Manual de literatura para caníbales?El libro es excelente hasta prácticamente sus últimas páginas.

Admito que tienes razón, creo que el final es apresurado. Es mejor el principio, la parte del romanticismo… comparativamente la parte final es mucho más débil. Puede que halla cansancio y prisa, puede ser una causa, y quizás una cosa más clara es la limitación en la que uno se ve, incluso sin darse cuenta, cuando escribe sobre sus contemporáneos. Llevo casi 20 años publicando, conozco a casi todos los escritores españoles actuales, muchos son mis amigos, no tengo la misma libertad.

Podía haber detenido la historia en un periodo anterior, pero prefirió correr el riesgo.

Quería denunciar, no sé si lo conseguí con éxito, no tanto a autores particulares, sino el fenómeno de la mercantilización de la literatura. En el último capítulo lo que decía era: la literatura hoy es, por lo menos en España, una cosa mercantil, un objeto de consumo; ya no se escribe novela, se fabrica para el mercado. Igual que tú, yo me quedé con cierto… es una especie de coitus interruptus… creo que por eso escribí Listo para sentencia, que es un juicio literario sobre escritores contemporáneos, no sólo españoles. El libro es un conjunto de sentencias judiciales, con humor, en las cuales cojo a un autor, por ejemplo a Enrique Vila-Matas, a Javier Marías, y lo juzgo y lo condeno o lo absuelvo, imitando el lenguaje judicial, considerando atenuantes, agravantes. Es una forma de hacer crítica literaria, con nombres y apellidos de autores contemporáneos. Eso es lo que no conté en el Manual… Espero haber compensado un poco al lector con esto.

¿Cómo se presentaría ante el lector cubano si quisiera seducirlo?

En la vida y en la literatura para seducir hay que ser muy humilde. En la seducción no trata de exhibirse uno, sino de tener un interés real en el otro. Ante el cubano, como ante todos los lectores, lo que intento es hacerle ver que tengo interés en él, no sólo en mí. Que yo no escribo para ser famoso, ni para ser reconocido, ni para ganar dinero, sino porque estoy muy convencido, claro me puedo equivocar totalmente, de que tengo algo que contarle al lector.

¿Ni un poquito para ser famoso, ni un poquito para…?

Bueno un poquito sí, como todo el mundo, pero no mucho, lo justo. Famoso, no sé en Cuba, pero en España hay tal cantidad de idiotas famosos que casi es una vergüenza pertenecer a ese club. Ser reconocido por la gente a la que tú respetas es un pacto mutuo de respeto, que esa gente me diga tú libro me gusta, para mí es un premio. Pero la fama es un malentendido, normalmente te reconocen por cosas que si las hubiese escrito yo me cortaría las venas. No, no tiene mucho interés.


Entre el 8 y el 12 de diciembre pasados, Rafael Reig impartió en La Habana el curso Novela Española Contemporánea, como parte del Seminario Hotel Kafka en La Habana. Convocado por el Instituto Cubano del Libro y el centro de creación literaria Hotel Kafka, de Madrid, dicho seminario ofreció asimismo los cursos de Manuel Fernández Cuesta (Mercado editorial), Begoña Huertas (Curso Práctico de Novela) y Eduardo Vilas (Escritura Creativa para jóvenes narradores).