No escribo para ser famoso

Conversación con Rafael Reig

Tania Chappi

Reig, uno de los autores de mayor calidad y frescura del panorama literario español contemporáneo, ha publicado Esa oscura gente (1990), La fórmula Omega (1998), Sangre a borbotones (2002), Guapa de cara (2003), Autobiografía de Marilyn Monroe (2005), Hazañas del capitán Carpeto (2005), Manual de literatura para caníbales (2006) y Visto para sentencia (2008).

Rafael Reig no decepciona. Valió la pena, de principio a fin, anotarse en su curso sobre novela española contemporánea; constatar que tanto frente al pizarrón como aquí, en la habanera calle de los Oficios, sentado a la mesa de un café, es el mismo sujeto irreverente que te atrapa, y hasta te sacude, en Manual de literatura para caníbales.

Ser profesor, ¿un modo de ganarse la vida durante más de 20 años o hay algo más?

Es una especie de deuda, he aprendido mucho de muchísimas personas y lo poquito que yo sepa tengo la responsabilidad de intentar trasmitirlo. Es un modo de ganarme la vida del que estoy muy orgulloso, no es sólo para alimentarme, sino que me gusta.

Usted afirma que no da clases de escritura, sino de lectura, ¿cuál es la diferencia?

Siempre he pensado que escribir es una forma de leer. Cuando uno escribe no es la primera persona que lo hace en el mundo. Toda novela que uno escribe es una lectura de lo que ha leído. Y es una forma de compartir esa lectura con otros. Un amigo mío dice que si aparecieran los dos primeros libros de la Humanidad, uno sería copia del otro. La literatura sucede por un lado en la tradición literaria y, por otro, con la puerta y la ventana abiertas y medio cuerpo afuera en la vida. Esos son los dos ejes en los que para mí tiene que estar la literatura; un relato fuera de la tradición literaria, sólo en la vida, no tiene fuerza y expresividad literarias, pero una literatura libresca que no trate de la realidad, ni se comprometa con ella, tampoco me interesa.

La escuela de creación literaria Hotel Kafka, ¿cuándo surge, por qué?

Lo que se pretende es reunir a varios autores, ponerlos en contacto con la gente interesada en la lectura o en la escritura. A veces los escritores no son los mejores profesores, aunque dan una visión muy desde dentro que a los que van a un taller de lectura o escritura les interesa con mucho. Por eso hay también profesionales de la enseñanza literaria. La idea es crear un centro no académico, informal, de diálogo, y que se convierta en un sitio de agitación cultural y de interpelación a la sociedad para provocar discusión e ideas en torno a la literatura; o sea, en torno a todo, porque la literatura trata de todo, de la vida. Hotel Kafka lleva unos tres años, es poco tiempo, sobre todo comparado con los resultados, que han sido excelentes. Está feo que yo lo diga, pero probablemente sea el centro más de referencia ahora en Madrid. Ha habido una sintonía inmediata con su público natural. Nosotros estamos esperando a ese tipo de gente que ha venido, gente con inquietudes, joven y no tan joven pero sí de una generación distinta; y muchos estaban esperando un sitio como este. Ha sido una feliz coincidencia.

¿Es usual que Hotel Kafka salga de España? ¿Por qué escogieron a Cuba?

No es usual, queremos que lo sea. Sí fuera de Madrid, pero dentro de España, hemos impartido algunos cursos, han funcionado bien y con un formato que pensamos puede ser de interés en otros sitios. Esta es la primera vez que salimos afuera, muchos de los autores ya teníamos una cierta relación con Cuba, nuestras obras ya se habían publicado aquí, muchos han venido ya a participar en la Feria del Libro, en actividades del Instituto Cubano del Libro. Y todos teníamos una cierta afinidad con Cuba. Ha surgido la posibilidad de venir y nos ha parecido el mejor sitio.

¿Qué encontró aquí?, si es que ha tenido tiempo de encontrar algo.

Personalmente es la primera vez que vengo. He encontrado lo que todo el mundo encuentra: una ciudad acogedora, una simpatía arrolladora y una hospitalidad terrible. También he encontrado una gran facilidad para en estos días destruir las ideas previas, los prejuicios y la contrainformación que tenemos en Europa sobre Cuba. La realidad cubana está muy a la vista y resulta muy clara para cualquiera que venga a verla con buena voluntad o simplemente con los ojos abiertos. Me ha interesado mucho. Un aspecto que me ha sorprendido muy gratamente es la especial atención y cuidado que se ve en todo lo relacionado con la infancia. Tengo una niña de nueve años y me han llamado la atención, por ejemplo, los espacios infantiles aquí en La Habana; las bibliotecas infantiles me han parecido espectaculares, muchísimo mejores y más cuidadas que las de Madrid, que es una ciudad más grande. Y los parques y los colegios.

Es aún más obvio el interés por la cultura, cuando vienes a Cuba te pones colorado varias veces porque todo el mundo ha leído más que tú y hay un grado de preparación que sonroja a uno.

Aparte de las clases que hemos impartido, punto de intercambio y de conocimientos, hemos establecido contactos con personas del Instituto Cubano del Libro, del Centro Cultural Dulce María Loynaz, contactos que están iniciándose y esperamos que sean de colaboración. Al menos por nuestra parte son muy fructíferos, hemos recibido mucho fruto.

Usted se doctoró en Estados Unidos con la tesis Mujeres por entregas: la prostituta en la novela del XIX, tiene un blog con fotos picantes y en estos días ha hecho más de un chiste sobre chicas y relaciones de pareja. ¿Presencia de Eros en su literatura y en su modo de observar lo narrable?

La literatura tiene que tratar de la vida. Me gusta que una novela tenga lenguaje, humor, violencia, emociones y desde luego sexualidad. La literatura tiene que tener cuerpo, no creo que sea únicamente una cosa espiritual. Parecería una amputación el dejar fuera de la literatura cualquier aspecto fundamental de la vida y evidentemente el aspecto sexual es, al menos para mí, muy importante, igual que lo son el hambre, la justicia, la explotación. No creo en una literatura literaria, a lo Borges por ejemplo, una literatura estreñida, aséptica, que sólo sucede de cintura para arriba; no me gusta, yo quiero que mis novelas también pasen de cintura para abajo, que haya escenas con ropa y sin ropa.

Tengo una visión de la sexualidad como placer y procuro incorporarla a la vida diaria, a las bromas, a lo que existe. En ese sentido no me encuentro nada incómodo en Cuba, que me parece un país erótico, donde hay una visión del placer como algo positivo; no es un país, digamos, calvinista, donde se reprima el placer y el humor y el cachondeo, sino que están presentes y preñan toda la vida por lo que yo he visto de la ciudad. También procuro usar el humor en casi todo.

¿Es usted de los que creen que el humor salva al mundo y a la literatura?

El mundo no sé, ni siquiera sé si el mundo tiene salvación, pero una tarde sí la salva. Personalmente creo que el humor es importantísimo en la literatura, nuestro clásico literario, El Quijote, es un libro de humor, pero además con chistes fáciles y lleno de carcajadas. Yo no puedo verlo de otra forma. La cultura de la lengua española es una cultura humorística, desde Cervantes y Quevedo el humor ha sido fundamental.

El humor es importante en la literatura pero también en la vida, sin él no valdría la pena ni levantarse de la cama por la mañana.

Sobre el periodismo, o mejor dicho, el columnismo, ¿qué disfruta?, ¿qué sufre?

Padezco porque el periodismo y el columnismo son trabajos muy exigentes, escribo dos columnas diarias y eso es mucho. Pero me gusta, escribir en los periódicos es lo mismo que tomar la palabra en público y es una responsabilidad, no puedes decir ninguna tontería, eso lo alabo del columnismo. En el periodismo tienes que aprender a no decirlo todo, escribir menos de lo que quieres; esa disciplina a mí personalmente me ayuda mucho a la hora de escribir ficción. En el periódico impreso Público, que tiene una versión en Internet, aparte de mis columnas aparece un espacio donde la gente puede hacer comentarios; eso me parece interesante, me gusta leerlos. Cada vez que escribo de Cuba hay 150, es un tema polémico. Me parece que Internet le va a dar una nueva vida al periodismo.

¿Cómo se puede a la vez redactar dos columnas diarias y una novela? El periodismo implica una organización muy diferente a la que precisa la literatura.

Yo soy muy trabajador, lo disimulo muy bien porque no me gusta presumir. Madrugo bastante, me levanto a las cuatro y media, cinco de la mañana, todos los días. A esa hora me pongo a trabajar. Se puede, todo es una cuestión de entrenamiento. Pudieran crearse antagonismos entre el periodismo y la novela, conozco muchos casos de gente que no puede compatibilizarlo tan bien. De momento he conseguido que mi trabajo en los periódicos me ayude a escribir mejor novelas y al revés; he conseguido que se cree una sinergia o un efecto de conjunto. Se ayudan uno al otro.

Continua...