Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte.

Panorama de la poesía chilena

Este año, en la Feria Internacional del Libro de Cuba, el país invitado es Chile. Y la editorial Arte y Literatura presentará precisamente un panorama de su poesía titulado Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte, preparado por la poeta y ensayista cubana Damaris Calderón, que en estos momentos reside en Santiago, la capital chilena. D. Calderón señala en su introducción: “Enfrentar la poesía chilena hoy es aceptar encontrarse con un corpus móvil, proliferante, hecho de los más diversos cruces (y cruzas), un corpus que se apoya tanto en lo textual, en la reescritura del modelo que enfrenta, como en la parodia, el pastiche, el performance o la tradición. El presente trabajo, más que una antología o un panorama de la poesía chilena se propone como fervor, como una serie de lecturas de la poesía chilena, realizadas por una lectora atenta que quiere compartir con el lector cubano estas lecturas…” Les presentamos ahora una muy breve selección de los autores y poemas incluidos en esta valiosa muestra que nos entrega Damaris Calderón.

El hombre imaginario

Nicanor Parra Sandoval (1914)

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario
De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios
Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios
Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

En cuanto a la imaginación de las piedras

Gonzalo Rojas (1917)

En cuanto a la imaginación de las piedras casi todo lo de carácter copioso es poco fidedigno:
de lejos sin discusión su preñez animal es otra,
coetáneas de las altísimas no vienen de las estrellas,
su naturaleza no es alquímica sino música,
pocas son palomas, casi todas son bailarinas, de ahí su encanto;
por desfiguradas o selladas, su majestad es la única que comunica con la Figura,
pese a su fijeza no son andróginas,
respiran por pulmones y antes de ser lo que son fueron máquinas de aire,
consta en libros que entre ellas no hay Himalayas,
ni rameras,
no usan manto y su único vestido es el desollamiento,
son más mar que el mar y han llorado,
aun las más enormes vuelan de noche en todas direcciones y no enloquecen,
son ciegas de nacimiento y ven a Dios,
la ventilación es su substancia,
no han leído a Wittgenstein pero saben que se equivoca,
no entierran a sus muertos,
la originalidad en materia de rosas les da asco,
no creen en la inspiración ni comen luciérnagas,
ni en la farsa del humor,
les gusta la poesía con tal que no suene,
no entran en comercio con los aplausos,
cumplen 70 años cada segundo y se ríen de los peces,
lo de los niños en probeta las hace bostezar,
los ejércitos gloriosos les parecen miserables,
odian los aforismos y el derramamiento,
son geómetras y en las orejas llevan aros de platino,
viven del ocio sagrado.

Cafiche de la muerte

Oscar Hahn (1938)

Cómo carne de cóndores hirvientes
o de tordos quemados como cresta
del rojo al negro se cambió la fiesta
y en silencio se fueron los clientes.
Se nos vació no más todo el prostíbulo
se vaciaron las camas y los bares
y todas las que estábamos de a pares
sollozamos de a una en el vestíbulo.
Por el pasillo viene la señora
siempre tan maternal siempre a la hora
con su taza de té y un trago fuerte.
Para qué te moriste desgraciado.
Mira mi pobre cuarto desolado
tipo traidor: cafiche de la muerte.

Bar Jaque Mate

Carmen Berenguer (1946)

A las minas del bar (5 a.m.)

El devenir es un fantasma que no asusta a nadie.
(Permíteme decirlo)
con barniz amarillo
y renovado quedó el techo antiguo.
Sus espejos le devolvían el pasado.
Zócalos encubiertos con ribetes
de mierda de moscas: dejando una exudación,
a la entrega febril de una hora.
Es probable que se haya ordenado hacer el carnaval
postmoderno en la Plaza,
para perderlo todo
ribeteado de estrellas en el cielo azul.
Sin duda zócalos amarillos.
Asientos de vinil y lámparas
palmeras salmón.
¿Es Satie postmoderno?
(Puedo perder la vida por una nota)

Continua...