
Michel Foucault
(Poitiers,1926 - París,1984)
Lenguaje y literatura (fragmento)
Como ustedes saben, la pregunta, que
ha llegado a ser célebre, "¿Qué es la
literatura?", está asociada para nosotros
al ejercicio mismo de la literatura,
no como si esta pregunta estuviera planteada a
destiempo por una tercera persona que se interroga
acerca de un objeto extraño y que le
fuera exterior, sino como si tuviera su lugar de
origen exactamente en la literatura, como si
plantear la pregunta "¿Qué es la literatura?" se
fundiera con el acto mismo de escribir.
"¿Qué es la literatura?" no es en absoluto una pregunta
de crítico,ni una pregunta de historiador o de
sociólogo que se interrogan ante cierto hecho de
lenguaje.Es en cierto modo un hueco que se abre en
la literatura,hueco donde tendría que alojarse y que
recoger probablemente todo su ser.Hay,sin embargo,
una paradoja, en cualquier caso una dificultad.
Acabo de decir que la literatura se aloja en la pregunta
"¿Qué es la literatura?". Pero, después de todo, esta
pregunta es muy reciente; es apenas más antigua
que nosotros. En suma, la pregunta "¿Qué es la literatura?"
se puede decir que en líneas generales ha llegado
hasta nosotros y ha podido formularse sólo
después del acontecimiento que ha sido la obra de
Mallarmé. Mientras que la literatura no tiene edad, no
tiene más cronología o estado civil que el propio lenguaje
humano.
Sin embargo, no estoy seguro de que la propia
literatura sea tan antigua como habitualmente se
dice. Sin duda hace milenios que existe eso que
retrospectivamente tenemos el hábito de llamar
"literatura". Creo que es precisamente esto lo que
habría que preguntar. No es tan seguro que Dante
o Cervantes o Eurípides sean literatura. Pertenecen
desde luego a la literatura; eso quiere decir que forman
parte en este momento de nuestra literatura
actual,y forman parte de la literatura gracias a cierta
relación que sólo nos concierne de hecho a nosotros.
Forman parte de nuestra literatura, no de la
suya, por la magnífica razón de que la literatura
griega no existe, como tampoco la literatura latina.
Dicho de otro modo, si la relación de la obra de
Eurípides con nuestro lenguaje es efectivamente
literatura, la relación de esa misma obra con el lenguaje
griego no era ciertamente literatura.
Por eso, quisiera distinguir muy claramente tres
cosas.En primer lugar, está el lenguaje.El lenguaje
es,como saben,el murmullo de todo lo que se pronuncia,
y es al mismo tiempo ese sistema transparente
que hace que, cuando hablamos, se nos
comprenda; en pocas palabras, el lenguaje es a la
vez todo el hecho de las hablas acumuladas en la
historia y además el sistema mismo de la lengua.
Así pues, tenemos aquí, de un lado, el lenguaje.
Por otro, están las obras. Digamos que está esa cosa
extraña en el interior del lenguaje, esta configuración
de lenguaje que se detiene sobre sí, que se
inmoviliza, que constituye un espacio que le es
propio y que retiene en ese espacio el derrame del
murmullo, que espesa la transparencia de los signos
y de las palabras, y que erige así cierto volumen
opaco, probablemente enigmático. Eso es en
suma lo que constituye una obra.
Hay después un tercer término, que no es exactamente
ni la obra ni el lenguaje; este tercer término
es la literatura. La literatura no es la forma general
de cualquier obra de lenguaje, no es tampoco el
lugar universal donde se sitúa la obra de lenguaje.
Es de alguna manera un tercer término, el vértice
de un triángulo por el que pasa la relación del lenguaje
con la obra y de la obra con el lenguaje. Creo
que una relación de este género es lo que se designa
con la palabra "literatura" en su acepción clásica:
la literatura en el siglo XVII que, sin más, quería
designar la familiaridad que alguien,en el momento
mismo en que utilizaba el lenguaje corriente,
podía tener con las obras de lenguaje, el uso, la frecuentación
por la que recuperaba poniéndolo al
nivel de su lenguaje cotidiano lo que era en sí y
para sí una obra. En esta época la relación que
constituía la literatura en la época clásica sólo era
un asunto de memoria, de familiaridad, de saber:
era un asunto de recepción. Ahora bien, esta relación
entre el lenguaje y la obra, relación que pasa
por la literatura, a partir de cierto momento ha
dejado de ser una relación puramente pasiva de
saber y de memoria, se ha convertido en una
relación activa, práctica, por eso mismo, en una
relación oscura y profunda entre la obra en el
momento en que se hace y el lenguaje mismo.
En el orden de la cronología, el momento en que
la literatura se ha convertido en el tercer término
activo del triángulo así constituido, es evidentemente
el principio del siglo XIX, el final del XVIII en
el entorno de Châteaubriand, de Madame de Staël,
de Laharpe, en el recodo del siglo XVIII, en el
momento en que éste nos abandona, se cierra
sobre sí y se lleva consigo algo que ahora nos está
hurtado, pero que sin duda queda por pensar si
queremos pensar qué es la literatura.
Habitualmente se dice que la conciencia crítica,
la inquietud reflexiva sobre lo que es la literatura se
ha introducido muy tarde. En cierto modo en la
rarefacción, en la desecación de la obra en el
momento en que,por razones puramente históricas,
la literatura no ha sido capaz de darse otro
objeto que ella misma.
A decir verdad, me parece que la relación de la
literatura consigo misma, la pregunta acerca de lo
que es, formaba desde el origen parte de su triangulación
de nacimiento. La literatura no es para un
lenguaje el hecho de transformarse en obra, no es
tampoco para una obra el hecho de ser fabricada
con lenguaje; la literatura es un tercer punto, diferente
del lenguaje y diferente de la obra, un tercer
punto que es exterior a su línea recta y que por eso
mismo dibuja un espacio vacío, una blancura esencial
donde nace la pregunta: "¿Qué es la literatura?",
blancura esencial que a decir verdad es esta
misma pregunta. Por consiguiente, tal pregunta no
se superpone a la literatura, no se añade a ella
mediante una conciencia crítica suplementaria: es
el ser mismo de la literatura, originariamente cuarteado
y fracturado.
Bien es cierto que no tengo el proyecto de
hablarles de lo que eso sea, ni de la obra, ni de la
literatura, ni del lenguaje. Pero quisiera situar en
cierto modo mi lenguaje, que desgraciadamente
no es ni obra ni literatura, en esa distancia, en ese
apartamiento, en ese triángulo, en esa dispersión
de origen donde la obra, la literatura y el lenguaje
se deslumbran mutuamente, quiero decir, se iluminan
y se ciegan unos a otros, para que tal vez, gracias
a ello, algo de su ser llegue taimadamente
hasta nosotros. Acaso estén ustedes un poco sorprendidos
y decepcionados por lo poco que tengo
que decirles. Pero a este poco me gustaría mucho
que le prestaran atención, porque quisiera que llegase
hasta ustedes ese hueco del lenguaje que no
deja de socavar la literatura desde que él existe, es
decir, desde el siglo XIX. Querría que por lo menos
les resultara patente la necesidad de desembarazarse
de una idea preconcebida, de una idea que la
literatura precisamente se ha hecho de sí misma, y
esta idea es que la literatura es un lenguaje, un
texto hecho de palabras, de palabras como las
demás, pero palabras que son suficientemente y
de tal manera elegidas y dispuestas que a través de
ellas pase algo que es inefable.
Me parece que es todo lo contrario, que la literatura
no está en absoluto hecha de algo inefable:
está hecha de algo no inefable, de algo que por
consiguiente se podría llamar, en el sentido estricto
y originario del término, fábula. Está hecha, pues,
de una fábula, de algo que está por decir y que se
puede decir, pero tal fábula está dicha en un lenguaje
que es ausencia, que es asesinato, que es
desdoblamiento, que es simulacro, gracias al cual
me parece que es posible un discurso sobre la literatura,
un discurso que fuera algo distinto de las
alusiones que nos han repicado en los oídos desde
hace centenares de años,esas alusiones al silencio,
al secreto, a lo indecible, a las modulaciones del
corazón, finalmente a todos los prestigios de la
individualidad, donde la crítica, hasta estos últimos
tiempos, había arropado su inconsistencia.
Continua...
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