
La poesía es un llamado de alerta
Conversación con Héctor Hernández Montecinos
Claudia Apablaza
El escritor chileno Héctor Hernández Montecinos estuvo en
Cuba como parte de la presencia chilena en la Feria
Internacional del Libro de La Habana 2009, aquí la también
autora chilena Claudia Apablaza le hizo una larga entrevista
que, gracias a la gentileza de Jorge Enrique Lage, La Letra del
Escriba publica ahora en versión editada por el director.
Héctor Hernández Montecinos (Santiago de Chile, 1979) Doctor en
Filosofía, mención Teoría del Arte. Sus libros de poesía aparecen reunidos
en [guión] (LOM: Stgo., 2008; Marick Press, Detroit, 2009, en inglés) y
[coma] (2ª ed.LOM: Stgo., 2009). Desde el 2008 reside en México donde
da talleres, conferencias y es editor del sello "Santa Muerte Cartonera".
¿Qué diálogo tiene tu escritura con los poetas chilenos de los
noventa?
El único diálogo desde el comienzo fue cuando me dije que no
quería escribir así como ellos, no quería pasarme cinco años puliendo
diez poemitas como si fueran joyas, para luego publicar cinco creyéndome
que eran el mejor ejemplo de esa escuelita de la ultracorrección,
la moderación y el buen tino. Ellos creyeron que hacían obras
que decantaban todo lo mejor de la tradición lírica nacional,negando
todo exceso, todo desborde, toda mancha, acaso como si la vida
misma no lo fuera. Conocí a varios poetas de ellos, todos me decepcionaron.
No tenían un discurso sobre el ejercicio de escribir, no estaban
pensando el mundo, no querían construir nada en este nuevo
escenario nacional que era el "fin" de la dictadura. Sólo podían hablar
de literatura, y ni siquiera, sino que de historia de la literatura, de traducciones,
de editoriales y nada más. El sentido vivo de la poesía que
yo quería no estaba allí. Fueron la mejor escuela de lo peor para no
escribir como ellos lo hicieron.
¿Crees que la molestia que tienes hacia los noventa se justifica
en los textos de los poetas de los noventa o sólo en actitudes de
los mismos?
La poesía que se escribió en los noventa en realidad para mí no fue
más que borraduras, pactos de silencio y blanqueo que desactivaron
toda forma de dispositivo político y disruptor en la literatura de esa
época:narrativa y poesía.Evidentemente hubo obras,o partes de ellas,
que se escaparon,como las de Yanko González y Germán Carrasco,y
uno que otro más. Leo esas obras minúsculamente inofensivas -no
inocentes porque no lo son,de hecho es al revés- escritas con el miedo
a no querer hablar de un tiempo y un espacio al que pertenecían,
encerradas en sus bibliotecas mentales, sumamente literatosas, limpiecitas.
Allí no veo más que el aprovechamiento de un renacimiento
del campo cultural universitario (no digo academia porque en Chile
no existe), el cual se autoimpuso una labor de salvaguarda de la literatura
chilena, y en ese gesto violento y transaccional se dieron cabida
estas poéticas enlodadas en la tradición más líricamente reaccionaria.
Vi las obras de todos esos poetas y me parecieron tan nimias, muertas,
carentes de fuerza, de la vida misma que las llevaba a estar escritas.
El miedo escrito, que a mí me aterrorizó.
En algunas entrevistas y escritos,la novísima acusa a los noventa
de fascistas y los noventa acusan a la novísima de fascistas,¿por
qué crees que pasa esto? Yo lo veo como una necesidad de ambos
por deshacerse de un fantasma que anda rondando por ahí y del
cual nadie quiere hacerse verdaderamente cargo.
El fascismo es un fantasma que aún anda dando vueltas en Chile,y
en realidad es más que un fantasma, sino un monstruo real con nombres
y apellidos, pero existe un fascismo literario que tiene que ver con
el conservadurismo (escritural), la doble moral (entre el papel y la vida),
el afán enfermizo de economizar (lenguaje), el gusto por lo correcto, la
bella forma, la concisión del poema, entre otras muchas características.
Incluso para darle más sentido a lo de fascismo podría agregar
que la mayoría de ellos hace clases de literatura en universidades en
manos de ex militares y grupos ultra católicos de derecha, que sí son
fascistas. Entonces el fascismo que ellos verían en nosotros no sé de
donde vendría. ¿De recibir una beca del Consejo de la Cultura?, ¿de
salir en La Nación?, ¿de estar en YouTube?, de verdad, no lo sé.Habría
que preguntarles a ellos. Es más,en mucha de la poesía de hoy aparece
la palabra fascismo como tema, como metáfora, como tensión y
fuga de escritura; no hay miedo de él, pero si buscas en los libros de
ellos jamás verás una referencia a eso,ni a nada que tenga que ver con
las instancias del poder, en ninguna de sus aristas.Yo lo tengo superclaro,
incluso hasta puede ser una obsesión.
¿No crees que las poéticas de los noventa, digamos chatas, temerosas
y encerradas, como las describes, son producto del mismo
miedo histórico en que se gestaron? En ese sentido, creo que la
novísima fue afortunada porque se generó en otros espacios más
adecuados para presentar los proyectos de escritura (de democracia,
principalmente); es decir, de partida no se pueden equiparar en
términos de escenarios de gestación y desarrollo. Ahora bien, independiente
de eso, veo que no justificas el temor constante en los
proyectos de escritura de los de los noventa.¿No crees finalmente
que para que existiera la novísima debieron existir los poetas de
los noventa, son parte de un mismo recorrido?
No creo que su cobardía sea producto de ese miedo histórico, pues
si fuera así no se habría gestado la Escena de Avanzada o ciertas poéticas
muy arriesgadas desde mediados de los setenta hasta fines de
los ochenta. El contexto de catástrofe que se vivió fue uno de los alicientes
para que se iniciara esta indagación en y por el lenguaje. Es
decir, al ver la paranoia dictatorial por coartar el lenguaje, el habla, los
decires, tanto sociales, literarios, publicitarios,etc. los escritores quisieron
potenciar ese dispositivo de disidencia que ahí había, por tal sus
obras se densificaron en todos los niveles de expresión, y este fenómeno
no se dio en los noventa,incluso siendo que ya publicaron cuando
la dictadura militar había terminado. La propia década del noventa fue
donde se vio con una nitidez insólita la dictadura del mercado, la
misma que los cómplices de Pinochet idearon para seguir en los turnos
de poder, y de ahí hasta ahora no mucho ha cambiado. El blanqueo
en Chile funcionó y esas poéticas como esas narrativas de la
época fueron el coro fingido por un nuevo país apolítico,descomprometido,
y sin memoria,cosa que lograron. Es por eso que la novísima
tiene ese carácter político tan marcado, porque hay una deuda, un
tema pendiente entre el poder público y privado con respecto a la
disidencia y el inconformismo que nace desde las artes. El hecho de
que no estemos en dictadura no significa que haya libertad de expresión
así en términos prácticos, pues el ruido que se genera desde los
medios, las campañas políticas, la publicidad son formas de hacer
callar a los disidentes, aislarlos. Por tal la novísima tuvo que hablar fuerte,
decir con claridad y a vista de todos lo que pensaba, y eso fue lo que
aún molesta, el hecho de que hablemos directamente tanto en un
diario, como en los mismos poemas. A la otra parte de la pregunta la
respuesta es categórica: no. O sea, la novísima no nace como reacción
a los noventa, de hecho para casi nadie fueron tema, más que para mí
como gesto de corte y para un par más de nosotros. Los noventa no
nos importan, son sólo una parte del iceberg que sí nos importa y es
la relación entre poder, fascismo y escritura.
¿Qué es la novísima, quiénes son parte y en qué sienta sus bases?
La novísima fue un nombre que se le asignó a un conjunto de escrituras
que aparecieron desde el año 2000, emparentadas por la amistad
de sus autores y por la correspondencia en sus espacios inaugurales de
circulación. Una de sus señales es que acerca la noción de joven poeta a
lo que significa el inicio de la mayoría de edad, es decir, fue una instancia
en que muchachos y muchachas de alrededor de dieciocho o diecinueve
años comienzan a escribir sus proyectos personales con apuestas
estéticas más bien cercanas a la experimentación, la radicalidad, el riesgo
escritural. No es más que eso. Ha corrido mucha tinta sobre la novísima,
la mayoría malintencionada, pero está bien, era lógico que pasara.
Las poéticas de Paula Ilabaca, Diego Ramírez, Pablo Paredes, Felipe Ruiz,
Gladys González y algunas más son desde su momento mismo de
escritura una interrupción y una problematización desde varios ángulos.
No hay manifiestos, ni reuniones secretas, ni nada de eso, simplemente
un grupo de amigos primeramente, luego una pandilla poética
como dice Paredes y ya. Todos escribimos sumamente distintos, leemos
cosas distintas, nos movemos en discursos y tensiones distintas y eso es
uno de los valores agregados, su misma heterogeneidad nómade.
Algunos han querido aglutinarnos, pero sin duda el corpus se escapa
solo de esas categorizaciones. No es más que escritura honesta, sin
miedo al error formal, y siendo el soporte de nuevas formas de
rebeldías como el delirio y la ternura, entre otras.
¿Crees que un escritor deba trabajar como un gestor cultural en su
posicionamiento más allá de la publicación de sus libros? ¿Por qué?
En Chile la mayoría de los poetas somos gestores culturales, porque
nadie hace nada desinteresadamente por ella. Las instancias culturales
del Estado no organizan actividades de poesía abiertas ni masivas, tampoco
los privados, o sea nadie salvo los propios poetas que se mueven
para llevar a cabo empresas como el mismo festival latinoamericano
Poquita Fe que hacemos en Santiago, o como muchos más por ejemplo
el Riesgo País que se hace en el sur de Chile. Los mismos poetas estamos
obligados a organizar, por salud mental y ecología social, estas
zonas de diálogo y visibilización comunitaria de la literatura, pues tanto
el mercado, como las universidades y la misma indiferencia del medio
son el contexto aciago para que las escrituras sigan en las mazmorras
del silenciamiento o la ridiculización. No es farandulizar la poesía, sino
que devolverle su estatus de socialización de discursos en un contexto
artístico, en un contexto anómalo y que pone en jaque al mercado
como tal, y al literario que se solaza en el éxito de ventas de cierta narrativa
o de cierto tipo de ensayos o testimoniales. La generosidad de la
poesía consiste en abrir espacios para otros, para los que están y los que
vienen, también para los que ya estuvieron antes y fueron de igual
modo generosos. La poesía abre puertas y derriba murallas en cada
página, para que sea real se necesita de la parte de uno.
¿Por qué los novísimos quieren "fumigar" el pasado?
Los novísimos no queremos fumigar el pasado, pues ese gesto es
una forma totalitaria de hacerse de un presente, y no es necesario. Es
sólo renombrar zonas y escrituras que fueron silenciadas y dejar en
claro la anodina cobardía de otras que hoy hacen lo imposible por
adquirir un valor en el mercado literario, cueste lo que cueste. Y claro,
hay pasado y pasado, evidentemente nos molestan ciertas conformaciones
y sedimentos, por eso es que uno se refiere a ellas para problematizarlas
aunque de su parte no haya respuesta, pues temen a la crítica.
Eso de "fumigar" apareció en unas lecturas de ciertas poéticas
que hizo Felipe Ruiz amparadas en el fascismo escritural del que
hablábamos antes y a manera de devolverles el juego se hizo esta
referencia que evidentemente cayó mal a la primera y no fue leída con
la altura que necesitaba. También lo señaló Zurita, de que escrituras
más poderosas anulan, u obnubilan, a las que no lo son, y todo esto
tiene sentido en la manera de ver más simple la historia de la literatura,
no es ninguna acusación capital, ni nada que no se haya dicho con
menos disimulo:ciertas obras devoran como hoyos negros a las que
están a su alrededor, y basta mirar para atrás para darse cuenta. Es una
especie de selección natural de las escrituras en una carrera no con la
evolución sino que con la velocidad del mundo. No se puede seguir
escribiendo como hace cien años siendo que lo que sucede en la realidad
ya no tiene que ver con ese pasado, que por lo demás generalmente
está diseñado como maniobra. La poesía más que nunca es un
llamado de alerta a las condiciones de posibilidad del mismo género,
y de los espacios de libertad y creatividad. No son los novísimos quienes
fumigarán a estas poéticas mediocres y miedosas, sino que los lectores
que ven el mundo caerse a pedazos y ya no creen en la belleza,
el bien y esa verdad que el conservadurismo literario ha querido mantener
a la fuerza mediante beneméritos a sus cultores o al silenciamiento
o la parodia rabiosa a quienes la han combatido, y quizá ese
sea el lugar final de la novísima, haber sido hace diez años la piedra en el zapato a una continuidad timorata que también vio en la poesía de
los ochenta un exabrupto.
Continua...
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