El jazz neoyorkino de la palabra poesía
Ismael González
Castañer
Nunca se tuvo más razón cuando se dijo "todas
las artes tienden a la música"; en el sentido de
alcanzar su propia meta inefable, sin explicación,y
en el sentido de estructurar el arte propio como
ella,que,como una definición para el cuento,es de
"cielo acabado y perfecto como un círculo".
Con cincuenta y nueve poemas en tres bloques
antecedidos de una autopresentación,
Newyorker's Jazz (Letras Cubanas, 2007), de David
López Ximeno (Matanzas, 1970), es el cuento resultante
de un viaje de trabajo que su autor hiciera a
"la capital del mundo": Tras sus muros -aquilató
Ximeno- esconde una máscara adolescente que
ama y teme a sus propios laberintos.
Así, la gran urbe y su estilo, su aire o su luar, su luz
de luna o indefinida presencia de misterio, se revelan
mutuamente como sendos lados de un espejo:
New York es un jazz/ parteado del vientre
granítico en Manhattan.
New York es un jazz marrón/ con pálidos
transeúntes,negros,crepusculares.
New York es un jazz de préstamos/ de dioses
de petróleo/ repugnantes de lascivia.
New York es un jazz de gabán negro/ un
hombre musgo/ una mujer espigada.
Una paloma en gélida primavera/ que acude
a tu paso/ cantando otro jazz/ no importa
si sus ojos describen la ventana/ en que su
dolor descansa/ con íntima parsimonia.
New York es un jazz tan viejo/ como carne de
apóstol/ naufraga en la roca.
No importa cuan nocturno se cante.
Canción ? Canto escritural
Aun cuando Ximeno intitula -explícitamente- 26
poemas en las modalidades cancionísticas que tradicionalmente
se le adosan al jazz, ni estos ni los
treinta y tres restantes son letras para cantar
blues/spirituals/souls; no son ni parodia ni pastiche
ni refritos de esas especialidades musicales; sino
los depositarios -esto sí- de su mágico universo,del
ritmo de su lamento, de su etérea levedad -como
define él mismo en el Pórtico.
El problema de aunar jazz y poesía literaria (estos
de Ximeno, repito, no son textos poéticos para cantar
jazz/blues/spirituals/soul; sino versos escritos -
para el objeto libro- con esa clase de inspiración
morriñística), estriba en la contradicción de los
conceptos independientes de los géneros involucrados:
al jazz le es inherente en gran medida la
improvisación, el performance, la actuación única e
irrepetible en vivo; mientras que el poema libresco
(aun cuando haya sido sentido, imaginado y realizado
a la manera espontánea de lo onírico-surreal,
que, atención, tampoco es el caso de Ximeno),
queda "grabado" ya con la faz definitiva que el literato
le dio a la estructura y los signos para su presentación
(histórica) en la página artística. La
"improvisación" de un poema escrito estaría -y
para eso, del lado del lector- en su alta polisemia.
Pero David no ha poetizado con un sentido exuberantemente
abierto ni mucho menos.David ha
escrito con el doble justo de la comprensión y el
vuelo… de manera que el lector entienda, vea y
fije lo que estuvo en su pecho jazzístico, a la vez
que tuviera una mínima levitación -la sensación de
repentino crecimiento, al decir de Pound, que experimentamos
ante una obra de arte.
David no escogió la inquietud perturbadora del
bebop de Dizzy Gillespie; ni la calma atemperamental
y sumamente reflexiva del cool-jazz de
Miles Davis -a quien rememora en el texto "Miles
Davis en el Barrio West". Los poemas newyorker están más cerca del estilo íntimo, cálido y profundamente
personal del blues, aun cuando el de
nuestro "cantor" (la poesía -enseñaron los griegos- es
el lenguaje que canta) no sea un blues coloquial
ni trágico a la manera de ciertos precedentes afroamericosureños.
El discurso apenas se vale de giros
del habla vulgar, es culto; y los sentimientos dramáticos
fuertes, como la violencia y la muerte, se disimulan
tras mesuradas imágenes y metáforas de
limpia y elegante creatividad.
David también puso letra coordinada y sentimental
a la "jitanjáfora" que los jazzistas improvisan
con la boca en sus descargas o jam sesions. En
"Guaguancó a lo jazz" (Aná-baná, aná-baná, anábaná/
aná-a-ná) y en "Sacrificio del embori" (A-lanile-
yala-yala-yala-ya-la-lá), poemas en la segunda
parte del libro, parteados en soul, aparece el fraseo
típico que los rumberos -¿dije que Ximeno es
matancero?- emplean sobre todo al inicio del
canto, como saludo y presentación. Generalmente
se cree que dicho fraseo -utilizado también en los
interludios- no expresa un sentido concreto, que es
estrictamente musical, rítmico (el scat -solos interpretados
con sílabas vocales sin sentido- del cantante
jazz-pop Al Jarreau, por ejemplo; los raperos,
a su vez, a esta acción llamarían beat-boxin -sonidos
con la boca). Pero en el poema "Contestación",
con la intertextualidad recogida en la celebérrima
pieza del Benny "Rumberos famosos", López
Ximeno llena de sentido esos estribillos iniciáticos
e interlúdicos. Recordemos que la canción del
Benny comienza: "Que sentimiento me da… cada
vez que yo me acuerdo… de los rumberos famosos…"
Entonces David, a la primera parte -"Que
sentimiento me da…"- agrega un sentimiento distinto,
un hecho, o una circunstancia de otra clase
para que juegue con las estrofas propiamente
argumentales.
Ximeno -¿dije que es negro?- domina los ritmos
y por ello es capaz de inventar otros, como el construido
con el apellido Amstrong para su poema
"Amstrong" de celebración del "trompetista y cantante
de jazz -para muchos- más importante de la
historia": Louis (Satchmo) Amstrong (1900-1971),
reconocido por tocar asordinadamente su metal y
por su gravísima voz negra que también improvisaba
sin palabras.
Mujeres / El Jazz es femenino
David dedica su poemario todo, y el primer
texto del libro, "Poema color Brooklyn", a la escritora
Zoe Anglesey, quien le acompañara en su
peregrinar neoyorkino lo mismo que una
madre vigila tu juego en el parque. Con ella
nuestro amigo abrió una de las sendas más
entrañables del volumen: el de la justa aprehensión
de la mujer toda... De aquí destacamos los
títulos "Negra dama art nouveau", "Dibujando
algo hermoso","Nunca conocí a Ana Mendieta",
"Paloma newyorker" y "Una mujer calcinada".
"Negra dama art nouveau" se presta para asociarle
el valor del texto "Bellas mujeres negras"
de Amiri Baraka."Dibujando algo hermoso" está
dedicado -nuevamente- a Zoe Anglesey (incluso,
con una precisión: "a la juventud de Zoe
Anglesey") y habla de la primerísima figura del
jazz y el blues, la tristemente célebre Lady Day,
Billie Holiday (1915-1959), a quien en páginas
más adelante se le consagra uno de los textos
más tiernos que se le haya dedicado a nadie:
"Paloma newyorker". Por su parte, "Nunca conocí
a Ana Mendieta" se hizo a partir de una idea
que nuestra Nancy Morejón desarrolla en su
poema "Ana Mendieta" (cf. Estos otros argumentos,
selección de Teresa Melo, Ediciones
Santiago, 2005), y -a mi juicio- encuentra cabal
comprensión al asociarle el excelente poema
"Oración por Marilyn Monroe" de Ernesto
Cardenal. "Una mujer calcinada" es celebración/
homenaje de la hembra africana, "mujer
enhebrada al estilo del polvo" que -se nos olvida-
también es "Hija Perfumada".
"Bellas mujeres negras/ fallan, actúan", escribió
el otrora poeta beatnick afroamericano
Amiri Baraka; versos que legitimarían y sincronizarían
el sentido del poema "Negra dama art
nouveau" de David. Ambos poetas negros reconocen
el trabajo de los días feminegros en contraposición
a la belleza de la mujer negra y a la
locura producida por la rudeza de esos días;
ambos, con los poemas respectivos, ofrecen disculpas
-tanto propias como genéricas- por el
amargo trasiego negromujeril. Esta conciencia
culposa, podríamos extenderla igualmente al
poema "Nunca conocí a Ana Mendieta", si le
acoplamos el apreciado texto "Oración por
Marilyn Monroe", pues, aun cuando las situaciones
de cada poema en particular son francamente
distintas, se asocian por el uso del reproche:
Cardenal reprocha a la Providencia no
haber contestado la última llamada de la
Monroe a punto de suicidarse (o no); David,
como el amigo que incondicionalmente rápido
brinda apoyo incondicional, a la misma Ana ya
en los cielos reprocha suave:"¿Por qué no alcanzaste
mi mano/ tendida y cautelosa?"
Prevista en el poema "Dibujando algo hermoso",
donde "no existe paisaje más tranquilo que
el de sus ojos", en "Paloma newyorker", donde la
quietud insondable ahora es obsequiada por
"un paisaje con río tranquilo", la figura de la
amargamente sublime cantante (Eleonora)
Holiday, "grabada en el plomo antiguo de una
voz", se alza en un "singular encuentro en el
espacio" para que se iguale la "melancolía" del
poeta a la de la gran Dama fatal -la Day llevó una
vida terrible: violada a los diez años/ prostitución/
racismo/ alcohol y drogas… Desde 1987,
cuando el poeta habanero Carlos Augusto
Alfonso (1963) publicó El segundo aire, donde
aparece -con el mismo derecho a improvisar- el
sorprendente, emotivo y galopante poema tipo
flujo interior "Billie Holiday mangos y amapolas",
no escuchaba yo un texto-homenaje a la
artista que pudiera devolverme la profundidad
de sentimiento con que ella cantó -que ni la
Fitzgerald igualaría.
Música = Palabras principales
Desde antiguo sabemos cómo la música ha
hecho que la palabra se convierta en primordial.
Si recordamos las emociones evocadas por
una música vib (debido a que cada verti de la
mente, a aquella asociado, posee un sonido
particular que le crea resonancia); entonces,
una palabra con vibración característica (definido
carácter continente de un poder -como la
que se verifica en los primeros cantos o himnos
de la devoción y la fe/ la poesía es el lenguaje
que canta, recordemos), nos mantendría universalmente
despiertos. Y las palabras aquí son
"argento", "tortor", "parteado" y "alcor": la plata
que David ha torcido con denuedo en lo alto de
la sencilla colina que forman sus versos/ americanos.
Continua...
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