Carpentier en letra y solfa
Radamés Giro
Los elementos fundamentales que conforman
la vasta cultura musical de Alejo Carpentier debemos
buscarlos en el ambiente cultural en que nace
y crece, y en su insaciable sed de conocimientos.
Un temprano dominio de la ejecución del piano,le
permitió ponerse en contacto con la obra de Juan
Sebastián Bach,Federico Chopin y otros compositores,
que ejecutaba con "cierta autoridad"; es
decir,que utilizó el piano "como medio de conocimiento
de la música".
Su estancia en París en compañía de sus padres,
le permitió ampliar sus conocimientos técnicos de
la música, a la vez que pudo ponerse en contacto
con profesores que lo introdujeron en las más
diversas disciplinas del arte de los sonidos.Lo que
en un inicio había sido estudios realizados por
medios propios,ahora se convertía en serias lecturas
de partituras, y audiciones ordenadas, lo que
complementó su ya amplia cultura musical.
De regreso a Cuba, el ya inquieto adolescente
se ve inmerso en el mundo cultural y político
que comienza a gestarse en la década del veinte,
y va a estrenar Alejo sus primeras armas
como periodista en el periódico La Discusión, y
en las revistas Carteles y Social. Ya con cierto
prestigio como crítico, asume la sección de teatro
de El Heraldo, ocasión en que el periodista y
crítico musical Isidoro Corzo lo presenta como:
"Entre las ocho o diez personas que en La
Habana escriben de música con conocimiento
de causa, ocupa un lugar distinguido el señor
Alejo T. Carpentier. Es un joven muy joven, alto
muy alto, delgado muy delgado. Su mirada
presta a su semblante cierta expresión melancólica
que su sonrisa franca y sincera se encarga
de atenuar."1
Este y otros elogios recibirá Carpentier, en los inicios
de su carrera, de las figuras ya establecidas de
la época, entre otros, Francisco Ichaso y Jorge
Mañach.
Lo cierto es que Carpentier, a los veinte años,
había demostrado tener talento, amplia cultura y
curiosidad para la búsqueda sistemática de información
actualizada sobre la literatura y el arte.
Atento, como ya se ha visto, de todo lo que sucede
en la época en que vive y escribe, esta curiosidad
y búsqueda sistemática de lo actual,le permite
escribir, en 1923, su primer artículo sobre el compositor
ruso Igor Stravinsky, sobre el que volverá
años después con cierta asiduidad; a la vez, divulga
los conciertos de las compañías de ópera extranjeras
que se presentan en La Habana, los de la
Orquesta Sinfónica, y también los que ofrece la
Orquesta Filarmónica de La Habana. De amplias
miras y carente de prejuicios acerca de la cada vez
menos convincente separación de lo culto y lo
popular, comenta, además,los conciertos de música
típica cubana. Ya aquí comienzan a definirse dos
rasgos que serán su constante como musicólogo:
ver las posibilidades que tiene la música popular
de enriquecer a la música profesionalmente producida,
y la relación de ambos factores en el surgimiento
de una música auténticamente nacional.
La lectura con fruición y sentido crítico del libro
de Eduardo Sánchez de Fuentes, El folklor en la
música cubana, 1923, aunque comparte el punto
de vista en cuanto a los valores folklóricos de la
música cubana que se destacan, le hace ya deslizar,
y esto será una constante en su ulterior pensamiento,
algunas discrepancias en la actitud de los
compositores hacia ella. Mientras Sánchez de
Fuentes insiste en que hay que conocerla para perfeccionarla
dentro de sus moldes, Carpentier propone
el estudio de la misma como materia prima
para la elaboración de una música sinfónica nacional;
es decir, para su transformación en música que,
conservando las raíces nacionales, sea capaz de
estar a la altura del desarrollo artístico universal
más avanzado.
En un desarrollo vertiginoso de sus ideas, Alejo
vuelca su pensamiento hacia el jazz y su relación
con los compositores modernos que dirigen su
mirada hacia esta música; a la vez que adelanta
una tesis sobre el son -que veremos después desarrollada
en La música en Cuba. Es decir,que él veía
en el son una posibilidad de ser integrado a una
música de tipo nacional, a través de composiciones
para orquesta sinfónica; análisis que tiene más
valor, si tomamos en cuenta que el son aún estaba
en su etapa casi embrionaria, y cuando este género
recién comenzaba a proyectarse en el ámbito
nacional.
En 1926 Carpentier, junto a Amadeo Roldán,
funda los conciertos de Música Nueva, que cobran
particular interés después de su viaje a México.Las
obras de Roldán y Alejandro García Caturla, siempre
suscitaron el entusiasmo y el apoyo del escritor.
Su interés por la música en todas sus manifestaciones,
lo condujo a ahondar, poco a poco, en el
estudio de los folklores sonoros de América Latina.
El de Cuba fue su primer objeto de estudio, por
cuanto los distintos géneros de la música popular
eran inseparables de "danzas y manifestaciones
poéticas y religiosas".
Cuando en 1945 llegó a Caracas, lo hizo con un
prestigio ganado a fuerza de talento,estudio y trabajo;
allí firmó la primera edición de La música en
Cuba, que según su autor fue "una puerta abierta
sobre un vasto campo de investigación".
En la capital de Venezuela trabajó,durante catorce
años, en El Nacional, en el cual escribió durante
ese período la columna titulada "Letra y Solfa". El
resultado de ese extraordinario quehacer,ha sido la
publicación de diez volúmenes en los cuales se
recogen la totalidad de los artículos (531 en total)
aparecidos en este órgano de prensa, incluyendo
dos dedicados a la música en los que aparecen los
artículos escritos por él entre 1951 y 1959,donde da
cuenta de su siempre actualizada información en
materia de música y su talento para relacionarla
con otros hechos concordantes con el eje central
de su exposición, y su peculiar manera de dar la
información e interesar al lector por lo nuevo y su
relación con el pasado,todos ellos recursos eficaces
que crearon escuela. Por otra parte, su riqueza de
lenguaje y su vasta erudición,no impiden una adecuada
comunicación de sus ideas con el receptor.
Alejo fue un incansable animador de la cultura
de su tiempo, un prodigio de conocimientos y el
buen decir,que siempre supo hablar el lenguaje de
su contemporaneidad,que hizo críticas duras,pero
que siempre supo reconocer los valores perdurables
de un artista o de un libro, aun cuando no
coincidiera con el autor.
Estos libros son un verdadero compendio de la
música de todos los tiempos y latitudes,y una gran
clase magistral de crítica, apreciación e historia de
la música.
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1 Isidoro Corzo: "Alejo T. Carpentier", El Heraldo, La
Habana, 28 de agosto de 1924, p.7. |