| II
¿Qué harías si los dos amigos se levantan y salen sin dejar un porqué, y las dos muchachas cuchichean y luego dicen a Cary que van al baño, que si viene, y Cary, que sí, cómo no, y te da un beso, mi vida, en seguida vuelvo, te dejo el cigarro?
¿Qué harías si se demoran y se demoran, y la ceniza larga del cigarro, que fue de Cary, tuvo que caerse y mancharte la camisa, porque en vez de soplar, procuraste quitarla con la mano, y allí, bien aferrada a la tela, se ve en la penumbra roja la mácula gris, y viéndola estás cuando se te para delante el que atiende las mesas, comprueba que la segunda botella expiró y pregunta, pongo otra?
¿Qué harías si uno de los muchachos vuelve, hay un taxi allá afuera, que te están esperando, no te ocupes de la cuenta, que ya ellos pagaron, dale, que te levantes rápido, o no vienes?
¿Qué harías si el taxi toma rumbo a Marianao con Cary sentada entre tus piernas, porque es ley que en el asiento de alante no puedan ir más de dos, sin contar el chofer, y en el asiento de atrás, no más de tres, que con cuatro detrás pudieran ponerse tan fatales que los pare un inspector o la policía y partan al taxista, tan buena gente, y fue Cary la que quiso hacer de polizón que no sabe por dónde lo conducen, y para no aburrirse anda muy entretenida entre tus piernas, o prefieres que me porte bien?
¿Qué harías si llegan a un lugar descolorido, es aquí, y tampoco permiten que pagues el taxi, silencio, y penetran por un pasillo entre casas donde Cary te vuelve a tomar de la mano, cuidado, y a cada rato tú y ella se detienen, no se ve nada, y casi van adivinando los ángulos de ese pasillo-laberinto, dame un beso, y te besa, no me vas a decir más mi cielo?
¿Qué harías si entras a un apartamento, que parece tener una sola habitación muy limpia y compuesta, con aire acondicionado, equipo de música, televisor a color, video, sofá esquinado, bar con botellas exóticas, butacón ancho, y el más flaco de los muchachos pone música, luz rojiza, de un rojo más definitivo que el rojo del Centro Nocturno, y que se sienta como en su casa el amigo de Kiqui el de K, y ves que los dos se quitan la camisa, sacan una botella, la número tres, mientras Cary te hace acomodar en el sofá, se descalza, sube los pies, quieres quitarte la camisa?
¿Qué harías si Cary te susurra, ven, y esta vez no te toma de la mano, hace señas con el dedito, y la ruta de Cary atraviesa una puerta disimulada en la pared, penetra en un cuarto que ni sospechabas, donde se abraza una de las parejas, la otra quedó en la habitación que imaginaste única, y tienes que pasar muy cerca del besuqueo con ropas colgando, y te apresuras, no porque las ropas que cuelgan sean cada vez menos, sino porque Cary, desde una puerta que acaba de abrir, donde parece que comienza otra habitación, ruega en susurro, no vas a venir?
¿Qué harías si Cary está desnuda al borde de una cama más enorme que ancha, en el cuarto tercero, un cuarto que es cama nada más, sin otros muebles, con un clóset, o algo que pudiera ser clóset que va de pared a pared, y sobre el piso, el azul y blanco de saya y blusa y blúmer y ajustadores, y escuchas la voz de Cary rumorando en inglés algo que apenas se entiende, porque ella pronuncia muy raro una canción de por sí rara donde se nombra varias veces a una madre superiora y se dice que la felicidad tiene que ver no se sabe cómo con pistolas calientes, o no has logrado todavía descifrarla?
¿Qué harías si al rato entra una de las llamadas niñas con un batón tirado por los hombros, entra sin tocar, sin anunciarse, sin dar tiempo a que te cubras, aunque tampoco hay sábana para taparse, y la sobrecama es un bulto parduzco en una esquina, y esa muchacha, haciéndose la que no le preocupa en lo más mínimo mirar, recuerda a Cary lo de alcanzar aquello cuando venga quien ella sabe, nosotros nos vamos para ir adelantando, que Cary no se demore, y ya en retirada la muchacha te observa sin recato, sin sorpresa, sin deseo, y guiña un ojo a Cary, y antes de desaparecer, vuelve con lo mismo, no se te va a olvidar?
¿Qué harías, Romero, si después de duchados en el baño que se dejó descubrir en una de las puertas de lo que tú diste por clóset, si después de vestidos, ella dice, te voy a preparar algo sabroso para que desayunemos fuerte, y quedas solo en la habitación, y sospechas por la forma del silencio, tú que eres un experto catador de silencios, que están solos en ese sitio de cuartos, y por simple curiosidad abres otra de las puertas de lo que parecía ser clóset, y ves, los ves, televisores, equipos de música, ventiladores, rollos de tela, ropa varia, cada cosa en su caja o en bolsas de nailon sin abrir, te parece, y es tanto el abarrote y la variedad que cuesta pasar la vista con cuidado por esa mezcolanza, y cuando sientes una mirada en la espalda y te vuelves, Cary sonríe, te mira a los ojos, te dice, por favor, son dos jabas, esas, pesan un poco, es llevarlas hasta el taxi, un Lada verde que dice en el cristal del parabrisas It's A Mustang, y regresa con el sobre que te den, anda, ya deben estar cansados de esperar, llevan como diez minutos, y Cary se acerca, te besa hasta el colmo, vas a hacerme el favor en lo que preparo cositas ricas?

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