“Happiness is a Warm Gun”, Cary Says
Reinaldo Montero
La ínsula fabulante. El cuento cubano en la Revolución (1959-2008) es un volumen preparado por Alberto Garrandés y publicado por la Editorial Letras Cubana, que reúne una selección de narraciones significativas, representativas de la diversidad de miras y de la heterogeneidad de estilos de sus autores. Incluye el cuento de Reinaldo Montero que publicamos, “‘Happiness is a Warm Gun’, Cary Says”.
Reinaldo Montero (Cienfuegos, 1952) es narrador, poeta y dramaturgo. Entre sus libros publicados figuran, de Narrativa, Donjuanes, Misiones, Fabriles, Trabajos de amor perdidos y Música de Cámara; de teatro, Medea, Los equívocos morales y Fausto. Mereció importantes premios como: Casa de las Américas, Ítalo Calvino, Juan Rulfo y el Premio Nacional de la Crítica.
¿Qué harías si tropiezas con un tipo joven en la noche del sábado, y te dice, disculpe, pero tenemos tres niñas y nosotros somos dos, y a mí me parece que usted puede hacer de tercero, de El Tercero, me entiende?
¿Qué harías si asegura que las tres están bien, o que más bien están muy bien, y en definitiva nadie se ha puesto para nadie, porque las conocieron hará una hora, y desde entonces andan él y un socio fuerte con ellas, haciendo tiempo, porque a donde quieren entrar es por parejas, y no acaban de tropezar con amigo o conocido, y mira que han dado vueltas, por eso uno de ellos se fue alante, para buscar a alguien que pareciera tipo chévere, gente sin lío, fácil, decente por lo menos, no triple feo, te das cuenta?
¿Qué harías si te propone, un minuto, vuelvo en seguida, le digo a mi socio que se llegue, está esperando que le haga una seña al doblar de la esquina, o prefieres echar un ojo primero al material, podemos pasarte por alante, tú medio que te escondes, y nosotros caminando normal, sin verte, y si las niñas te caen bárbaro, sales, te plantas, saludas con aquello de descubrirnos, de toparte por casualidad con dos sociales, y si no te cuadra ninguna, no hay tema, nadie se va a ofender, está claro?
¿Qué harías si llega el amigo del joven sin necesidad de hacerle señas, y con desenvoltura se te planta delante, y sin disimulo te chequea como oficial que revista su tropa, porque parece que es él quien debe aprobar la elección, y los muchachos, a cual más flaco, con camisas de corte parecido, intercambian miradas, y se te hace evidente que les llevas como quince años, pero el que en definitiva es el más flaco de los dos, el último en llegar, te extiende la mano y pregunta cómo te llamas, para cuando ellas lleguen, porque vienen para acá, para en cuanto aparezcan decirles, miren, es fulano el de la calle tal, la calle K, por ejemplo, o el hermano del amigo de Kiqui el de la calle K, o el amigo del amigo, o cómo te parece que deba ser?
¿Qué harías si cuando ellos van pronunciando los nombres de las niñas con detalles de sayas y peinados, hacen su aparición las que han llamado niñas, y ocurren las presentaciones, y tu bautismo como el amigo de Kiqui el de K, que ellas de todas formas no conocen, y las muchachas sugieren, por qué no vamos para allá si estamos completos?
¿Qué harías si una de ellas, la de nombre con C entre Cora y Cary, la de saya que anunciaron con franja blanca y fondo azul, te declara igual a su primo, el que es ingeniero, un filtro, que además toca o tocaba muy lindo la guitarra, que juega o jugaba cancha cantidad, que sabía y sigue sabiendo de antenas como loco, y el tocaba y el jugaba te suenan a recordatorio que reza, usted no es tan joven como nosotros, esta no es tu liga, pero ella continúa hablando, explicando que le has traído el recuerdo del primo por la voz, cuando dijiste tu nombre, aunque no es solo por la voz, le parece, aunque seas más callado, si ya se le está olvidando el sonido de esa voz que le ha llamado la atención por ser tan bonita, de verdad, como la de mi primo, no me crees?
¿Qué harías si las otras dos parejas han llegado a la puerta de lo que llaman Centro Nocturno y parece que ponen en claro su lugar en la cola, y de pronto hacen señas a Cora o Cary y a ti, que andan rezagados, dilucidando coincidencias y diferencias con el primo, y apúrense, hay una mesa de seis, nos toca, gritan, y Cora o Cary te toma del brazo, vamos, te arrastra, corre, y por no verte así llevado como un niño, y por no zafarte de sus dedos, juntas tu mano con su mano hasta la puerta, qué oscuro, y aún después, es por aquí?
¿Qué harías si iluminado por la escasa luz rojiza, uno de los muchachos, el reflaco que te amistó con Kiqui el de K, habla de los precios de las distintas botellas y de los tragos posibles, y te pregunta, a ti que eres un fiel al ron, qué pedimos?
¿Qué harías si Cary, porque en algún momento le dijeron, alcánzame los fósforos, Cary, te saca a bailar sin indagación previa, y por fortuna, porque en ese arte eres más malo que peor, se trata de una pieza suave que tú y ella atacan con prudencia, al principio, solo al principio, porque después no sabrás si fue ella o tú o la acción combinada de ella y tú la que produjo el acercamiento, y algo que se fue denunciando como caricias en la espalda, y luego un beso, me dijiste mi cielo?
¿Qué harías si notas que las otras parejas no se besan ni apretujan tanto como ustedes, sino que conversan más o menos tranquilas y toman, se sirven bastante de la botella que no es eterna, y a pedir otra, y más refrescos de los prietos para ligar, mientras Cary va susurrando, vuelves a gustarme por la voz cuando dijiste mi cielo muy bajito, tan cerca, que sentí como si surgiera del fondo de mí misma, como si de siempre esa voz nombrando el cielo me hubiera crecido en lo profundo, y tú solo abrieras la boca para hacerla brotar, para que yo escuche al fin lo que estuvo deseando emerger y no podía, o no te gusta que me ponga romántica?
Continua...
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