Poemas

Anna Ajmátova

Una de las figuras más destacadas de la poesía rusa del siglo pasado es Anna Ajmátova, de cuya obra la Colección Sur de Ediciones Unión ha publicado recientemente una selección titulada Poemas. De este libro reproducimos ahora, por su interés, el texto que ella escribiera sobre sí misma, y poemas también incluidos en esta muestra.

Brevemente sobre mí

Nací el 11 (23) de junio de 1889 cerca de Odesa (Bolshoi Fontan). Mi padre era por ese entonces ingeniero retirado de la marina. Cuando apenas tenía un año me trasladaron al norte,a Tsarkoe Selo. Allí viví hasta los 16 años.

Mis primeros recuerdos son de aquel lugar: la magnificencia verde y húmeda de los parques, el prado adonde me llevaba la niñera, el hipódromo, donde corrían los pequeños caballitos multicolores, la vieja estación del ferrocarril y algo más que después formó parte de la Oda a Tsarkoe Selo.

Todos los veranos los pasaba cerca de Sebastopol, a orillas de la bahía Strelestskaya, y allí me hice amiga del mar. La impresión más fuerte de esos años me la produjo la antigua ciudad de Jersones, junto a la cual vivíamos.

Aprendí a leer por el abecedario de León Tolstoi.A los cinco años, escuchando a la maestra enseñar a otros niños mayores, también aprendí a hablar el francés.

Escribí mi primer poema cuando tenía once años. Los versos comenzaron para mí no con Pushkin y Lermontov sino con Derzhavin (Al nacimiento del infante) y con Nekrasov (Helor-La nariz roja).Era lo que mi mamá recitaba de memoria.

Estudié en el gimnasio femenino de Tsarkoe Selo. Al principio era mala alumna, después mucho mejor, pero siempre estudié con desgano.

En 1905 mis padres se separaron, y mi mamá llevó a los niños al sur. Vivimos un año completo en Evpatoria, donde hice el penúltimo año del gimnasio, estudiando en casa, sentía nostalgia por Tsarkoe Selo y escribía muchísimos versos débiles. Los ecos de la revolución de 1905 apenas llegaban hasta la remota Evpatoria. El último año de la escuela media lo hice en Kiev, en el gimnasio Fundukleevski, el que terminé en 1907.

Ingresé en la Facultad de Derecho de los Cursos Superiores Femeninos en Kiev. Mientras tuve que estudiar Historia del Derecho y, sobre todo, el latín, estuve contenta, pero cuando empezaron las asignaturas puramente jurídicas, perdí el entusiasmo.

En 1910 (25 de abril de la era juliana) me casé con N.S.Gumiliov, y fuimos por un mes a París.

La construcción de los nuevos bulevares a través del cuerpo vivo de París (descrita por Zola) aún no se había terminado del todo. Werner, amigo de Edison, me enseñó en Taverne de Panteón dos mesas y dijo: "Estos son sus social-demócratas: aquí están los bolcheviques y allí, los mencheviques". Las mujeres trataban de vestir alternamente el pantalón (jupes-culottes) o casi empañaban las piernas (jupes-entravées). Los versos no le interesaban a nadie, los compraban sólo por las viñetas de los dibujantes más o menos conocidos. Yo ya comprendía que la pintura parisiense había acabado con la poesía francesa.

Al mudarme a San Petersburgo, estudié en los Cursos Histórico- Literarios Superiores de Raev. En esa época ya escribía los versos que formaron después mi primer libro.

Cuando me mostraron las planas del libro Cofre de ciprés de Innolenti Annenski, quedé deslumbrada, y lo leí olvidada de todo.

En 1910 se hizo evidente la crisis del simbolismo, y los poetas principiantes ya no se adherían a esa corriente para moverse, unos hacia el futurismo y otros hacia el akmeísmo. Yo me hice akmeísta junto a mis compañeros del Primer Taller de Poetas: Mandelstam, Zenkevich, Narbut…

La primavera de 1911 la pasé en París,donde fui testigo de los primeros triunfos del ballet ruso. En 1912 viajé por la parte norte de Italia (Génova, Pisa, Florencia, Boloña, Papua, Venecia). Me quedé enormemente impresionada por la pintura y la arquitectura italianas: parecía un sueño que una sigue recordando toda la vida.

En 1912 salió mi primer libro de versos, El atardecer, del cual se imprimieron sólo trescientos ejemplares. La crítica lo recibió favorablemente.

El 1 de octubre de 1912 nació mi único hijo, Lev.

En marzo de 1914 fue publicado mi segundo libro, Rosario. Le fueron concedidos cerca de seis semanas de vida. A principios de mayo la temporada peterburguense comenzó a extinguirse, todo el mundo poco a poco se iba de la ciudad. Esta vez la despedida con San Petersburgo resultó ser para siempre. Regresamos a Petrogrado, y no a San Petersburgo, del siglo XIX nos transportamos directamente al XX, todo fue distinto, comenzando con el aspecto de la ciudad. Parecía que el pequeño libro de un autor novel debía haberse hundido en el mar de los acontecimientos mundiales. El tiempo dispuso de otra manera.

Continua...