|
II
..el modo verdadero de educar a las mujeres, que es habilitarlas para vivir con honradez, de labores naturales a su sexo hermoso, sin quitarles la gracia de reinas y el encanto, la fuerza pública, de sus cualidades femeninas: y quien quiera matar a un pueblo, eduque a las mujeres como a hombres: la animalidad y el egoísmo son los enemigos del mundo: se necesita crear en los pueblos el ala y el desinterés ¡Ay de Zoraida!, que echó la perla al mar y luego se pasó la vida en la orilla llorando por la Perla.(6)
El mismo nos hace reparar en ideas que antes no habíamos asociado al poema, en elementos que no habíamos visto. La moraleja de la fábula, el mensaje y la fuerza del poema, de hecho, comprende a ambos sexos. Pero este fragmento, que hace gala de la misma imagen que da lugar al poema, pone al descubierto un ángulo específico de los intereses de Martí, que se erige también en objetivo de la revista: la educación de las niñas, “las madres de mañana”. Refluye, tanto en el poema como en el fragmento citado, el resentimiento hacia la actitud de Carmen Zayas Bazán, en relación con el niño y el matrimonio de ambos. El poema, a la luz del fragmento, también nos dice que hay que saber crear en el hombre la espiritualidad.
La ubicación del poema “La perla de la mora” luego del cuento “Nené traviesa” tampoco es casual. Ocurre el redondeo de la enseñanza de un texto en el otro texto: Se debe cuidar –los objetos, los afectos, las relaciones– para aprender a querer. Ambas obras se ocupan del despertar –¿inevitablemente doloroso?– al mundo de los valores, a la plenitud de la espiritualidad. El estudio de la contigüidad, de las especificidades de las inserciones de los versos entre otros artículos de La Edad de Oro prueba que los poemas participan esencialmente del discurso central de la revista. Aquí la poesía es complemento del todo y síntesis del mundo.
No otra cosa puede decirse de “Los zapaticos de rosa”, iluminado por esas dos verdaderas joyas que lo escoltan: “El padre Las Casas” y “La última página”. En las tres obras no hay énfasis mayor que el de la trascendencia de las buenas acciones. Si el Padre español “parece que está vivo todavía, porque fue bueno”, Pilar ha hecho el bien “sin llamar al universo” para que lo vea, porque como dice Martí en “La última página” se “es bueno porque sí, y porque allá dentro se siente como un gusto cuando se ha hecho un bien... Eso es mejor que ser príncipe: ser útil.”
“Los zapaticos de rosa”, compuesto en redondillas, es quizá el poema más profusamente divulgado de José Martí, y uno de los más estudiados entre los que integran la revista, seguido por el comúnmente conocido como “La rosa blanca”, poema XXXIX de los Versos sencillos. Esa asombrosa oralidad (7) del poema de La Edad de Oro debía convencer a los incrédulos del poder real de la poesía. Algunos versos de “Los zapaticos...” se han convertido en verdaderos giros coloquiales, llenos de gracia y sello intertextual. Sirvan de ejemplos tres de los más difundidos: “Oh, toma, toma los míos:/ Yo tengo más en mi casa”; “Todo lo quiere saber de la enferma la señora”; “Va... de aro, balde y paleta.” Si al leerlo hurgamos en la memoria que cifró la infancia emerge aquella imagen tan plástica, tan gráfica del poema, y tan oscura y misteriosa a la vez: los zapaticos guardados en un cristal.
Sin referirnos a lo ya transitado, en aras de dejar límpidas nuestras más personales impresiones, podemos afirmar que en este poema se muestra lo mucho que puede lograr el escritor a través del elemental e insustituible recurso de la sugerencia. En estos poemas, dirigidos a un lector infantil, prima el elemento narrativo, son relatos o viñetas líricas de gran plasticidad, que cobijan sabiamente el elemento reflexivo. En “Los zapaticos...” las metáforas también han sido eludidas para dar paso, por ejemplo, a elementos caracterizadores que van creando un contraste: “La madre cogió un clavel/ Y Pilar cogió un jazmín”; “La madre se echa a reír,/ Y un viejo se echa a llorar” [Contraste que alude sutilmente a la posición acomodada de la familia de Pilar]; “¡Dí, mamá!/ ¿Tú sabes qué cosa es reina?” [Elemento que puede redondear la edad de la niña, esa edad de las preguntas y el estreno de la mente infantil en los conceptos (entre 5 y 8 años aproximadamente), y que también sugiere la posibilidad de que alguien haya llamado “reina” a la niña en el camino].
Sutiles y curiosos son también los elementos a través de los que caracteriza el lugar de la playa donde se bañan los ricos: turista francesa con criada, un militar con un bote, niña llena de adornos (bata ornada, lazos finos), señoras y señores. Así como la despedida entre madre e hija, sugerida en cuatro brevísimas palabras; “Gritan alegres las dos”, o la enfermedad de la niña pobre en boca de Pilar: “¿Es de cera?”, la imagen final del poema, en cierta forma ya comentada, donde se cifran dos ángulos semánticos no excluyentes: por un lado, la fijación de una buena acción tras la imagen de los zapatos en la urna de cristal, por otro, la muerte de la niña pobre, o esos dos importantísimos elementos dramáticos o leit motiv: “Lleva espejuelos el aya/ De la francesa Florinda” y “El aya de la francesa/ Se quitó los espejuelos.” Sólo a través de una sucinta descripción y un leve movimiento del aya se va en el poema de la indiferencia a la conmiseración. Se sugiere todo ese complejo proceso que experimentan la mayoría de “los personajes” del poema: Pilar, la madre, los turistas. Porque en “Los zapaticos de rosa” se verifica un viaje que va de la contemplación de la belleza física –ostentación de la misma por parte de algunos personajes (La madre y Pilar)– a la constatación de la belleza espiritual como esencia duradera y provechosa. Recuérdese que para Martí la virtud tenía que ser ante todo útil.(8)
Varios estudiosos, entre ellos Eugenio Florit y Fina García Marruz, han apuntado las posibles conexiones entre el poema de Martí y sus crónicas norteamericanas dedicadas a Coney Island o Bath Beach. Amablemente, el investigador Salvador Arias ha puesto a nuestra disposición sus hallazgos al respecto. Es decir, nos ha facilitado la ubicación de las crónicas que él estima influyeron de manera directa en la conformación del argumento del poema. Los siguientes fragmentos de la crónica “Por la bahía de Nueva York”, escrita el 3 de agosto de 1888,(9) recuerdan el panorama de la playa de “Los zapaticos de rosa” donde lastimosamente se convierte en estigma un pedazo de sol:
“Muy hermosas son esas playas y la de Atlantic City, donde va lo mejor de Filadelfia, y tanto más; ¡pero ha de conocerse también lo triste!
“hay muchas sociedades, de señoras sobre todo, que cuidan de enviar por días, y aún por semanas, a los niños pobres a la orilla del mar... Se quisiera ser lluvia de oro, sol y aire puro, y tienda de ropa, y zapatería, cuando se les ve llegar en fila, encogidos y medrosos, a los muelles de donde los llevan a las costas vecinas los vapores del río... De diez, uno tiene zapatos... las orejitas de las niñas, no tienen gota de sangre. Hay bocas que son llaga viva.” [p. 24]
Allí también se lee esta frase que de tan acabada y sentenciosa parece una de las moralejas del poema que cuenta entre soles y espumas: “El hombre acababa por envilecerse, y la mujer por afearse, cuando no templa de vez en cuando el amor exclusivo a su bienestar con el espectáculo de la desdicha ajena” [p. 24]. Y en otra crónica, “El verano en Nueva York...”, escrita el 8 de julio de 1889,(10) hallamos la imagen casi cinematográfica de su Pilar, un cuadro de trazos rápidos: “...envuelta en sus cabellos pasa una niña vestida de encaje, con los pies de flor desnudos, y la pala y el balde, para hacer panes de arena...”(11) Con su atinado detalle inicial: la irrupción de la niña con los cabellos al viento. Las coincidencias tan curiosas hasta aquí descritas, entre los poemas y las crónicas, hablan de la obsesión martiana por la escritura. Los motivos en su psiquis creadora a menudo eran raíces de otros motivos.
Luego de nuestro continuado acercamiento, acercamiento que contiene diversas edades, diversos estados de ánimo, se nos revela que en una revista donde se predica frecuentemente el valor de la poesía no podían faltar singulares entregas (12) líricas. En una revista donde se pretende relacionar al niño de una manera natural con el tema de la muerte, el mismo no podía faltar en los poemas: abiertamente tratado en su estela socio-filosófica en “Los dos príncipes”, dialécticamente aludido en “Dos Milagros” –la muerte transformada en vida– y como desenlace sugerido en “Los zapaticos de rosa”.
Nos atrae en estos versos la sutilísima pareja formas-intención, dado su destino para un público infantil y la cualidad de gran poeta que posee Martí, quien transforma dichas entregas en auténticos textos, válidos para cualquier lector. En ellos quizá lo que más se acerque al universo de la literatura infantil sean las lecciones de naturaleza moral contenidas en el plano ideo-temático de todos los poemas: Así el examen acucioso del mundo físico nos devela, como ocurre en “Dos Milagros”, que el bien puede nacer dentro del mal y la vida nace de la muerte. Así aflora también la lección de la fábula “Cada uno a su oficio”, que es más evidente, demostrándonos que el mundo es uno y diverso, y todos sus elementos cumplen una función. Sobre estas bases el poeta se interna en el mundo de los hombres y les habla de la muerte, para decirles sobre todo que también todos los hombres son iguales (“Los dos príncipes”), que deben aprender a amar lo que les rodea (“La perla de la mora”) y a amarse entre sí (“Los zapaticos de rosa”). Dichas lecciones de naturaleza moral no pueden acceder a la mente del niño si antes no se le sensibiliza. Ahí es donde aflora la manifestación del dolor humano, tema tan importante en su obra literaria, especialmente dentro de su poesía. El dolor es el tamiz por el que pasan el resto de los mensajes: la pérdida irreparable de los hijos en “Los dos príncipes”, la pérdida de lo que se tuvo y ya nunca se volverá a tener en “La perla de la mora”, el dolor ante la desdicha ajena en “Los zapaticos de rosa”. Como sabia manifestación de su pensamiento, en estos poemas, de forma inusitada, el escritor vuelve a decirnos: “Por el dolor se ve”.
¿Y qué busca mostrar Martí, qué ve el lector después de una lectura pausada y fruitiva? La idea de la unidad del mundo como telón de fondo de la mayoría de estos poemas, unidad que iguala al rico y al pobre, a lo pequeño y lo grande, unidad que funde vida y muerte. De todos emana una virtualidad esencial, ser la misma cosa, pertenecer a un orden único y dialéctico. Participar de la analogía cósmica.(13) Ya no nos queda duda: los poemas, al formar parte de una urdimbre de mensajes en gradación, complementan el discurso central de La Edad de Oro. Son, al cabo, manantiales a los que vamos a beber siempre, allí, en los mismos sitios, con la misma agua refluyente que todo lo libera y todo lo refleja, aún las mutaciones de nuestra conciencia de una ocasión a otra, las que particularizan y hacen nuevo cada vez el sabor de las aguas.
(1) Este poema, muy del gusto de quien conforma estas páginas, podía haber sido utilizado como exergo para el relato “Tres Héroes”. “Dos milagros” resume en forma lapidaria y abarcadora –recorre en imágenes– las ideas que se abordan en el relato: la necesidad de libertad de todos los elementos que conforman la naturaleza, la capacidad transformadora de la misma: muertes que se multiplican en vida. Hay una clave del relato, que magistralmente entreteje el poema: “El niño, desde que puede pensar, debe pensar en todo lo que ve“.
(2) José Martí. “La última página”, segundo número de La Edad de Oro. Obras Completas, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1963-1965, t. 18, p. 401.
(3) El poema en su esencia recuerda al haikú: “...Such a poem expresses a single idea, image or feeling, in fact, it is a kind of miniature ‘snap’ in words”. J. A. Cuddon. A Dictionary of Literary Terms, Penguin Books, Harmondsworth, Middlesex, England, p. 300, 1985.
(4) José Martí.”Historia del hombre contada por sus casas” en La Edad de Oro, Obras Completas, ed. cit., t. 18, p. 357.
(5) Maurice Blanchot. “Poesía y lenguaje”, en Falsos pasos, Editorial Pre-Textos, 1977, Valencia, p. 150. Hurgar en la memoria que cifró la infancia. El ambiente luctuoso de “Los dos príncipes”, rodeado poderosamente de la honda cadencia del romance, que en oleadas declamativas penetraba y salía de las pequeñas mentes, La musicalidad, el tono y la cadencia conspirando al lograr una “sensorialidad” inusual que enamora –gana– la mente del niño.
(6) José Martí. Obras Completas, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1963-1965, t. 12, p. 242.
(7) “Lo excelso que penetra o penetrando lo cotidiano –he ahí una de las principales funciones de la cultura y de la poesía, una de sus más esenciales formas de cristalización.” Caridad Atencio. “Recepción de Versos sencillos: poesía del metatexto”. En Anuario del Centro de Estudios Martianos, n. 19. (Tómese como nota curiosa el hecho de que todos los versos de La Edad de Oro han sido musicalizados. Aquí ha funcionado un sentido invertido a lo que ocurre cuando se musicalizan poemas: por lo general la canción promueve, hace más conocidos los textos. Aquí la asombrosa oralidad de los versos hace palidecer a las canciones más allá de la nobleza de su propósito.
(8) Probemos la afirmación anterior en los siguientes fragmentos del texto. Primera estrofa: “Pilar/ Quiere salir a estrenar/ Su sombrerito de pluma” [atributo externo]. Tercera estrofa: “Yo voy con mi niña hermosa” [atributo externo]. Quinta estrofa: “Ella va de todo juego,/ Con aro, balde, y paleta” [atributos externos]. Séptima estrofa: “...Pilar que viene y va/ Muy oronda” [La niña, llena de vanidad, va exhibiendo la belleza de sus galas, sentimiento que le provocan los atributos externos]. Estrofa veinte: “un sombrerito callado/ Por las arenas venía” [Se comienza a producir un contraste en relación con las estrofas anteriores: Ocurre la introspección, el examen de conciencia, la preocupación, el paso de la ligereza de la vida despreocupada a los asuntos de la vida]. Estrofa veintiuno: “Pilar que anda así, que viene/ con la cabecita baja? Estrofa treinta y cinco: “Vuelven calladas de noche” [El proceso de examen de conciencia se hace extensivo a la madre].
(9) José Martí. “Por la bahía de Nueva York” en Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 23-28. t. 12. Publicada en La Nación, Buenos Aires, el 19 de septiembre de 1888.
(10) “El verano de Nueva York...” en Obras Completas, ed. cit., pp. 271-276, t. 12. Publicado en La Opinión Pública, Montevideo, 1889.
(11) Ídem.
(12) En la revista las alusiones a la poesía, al verso y al poeta abundan: “poesía”, ocho veces; “verso”, seis veces; “poeta”, trece veces.
(13) Así el poeta en sus textos ha sido fiel a su prédica, ha hecho versos “no para decir que se está contento o se está triste, sino para ser útil al mundo, enseñándole que la naturaleza es hermosa, que la vida es un deber, que la muerte no es fea, que nadie debe estar triste ni acobardarse mientras haya libros en las librerías, y luz en el cielo y amigos, y madres”. José Martí. “La última página”, La Edad de Oro, n. 1, en Obras Completas, ed. cit., t. 18, p.349.
 |