Aniversario

Nancy Alonso

Del más reciente libro de cuentos de Nancy Alonso, Desencuentro, recién publicado por Ediciones Unión, presentamos un relato breve muy singular, “Aniversario”, que, al igual que el resto de las narraciones incluidas en el volumen, enfoca esas facetas desconocidas, cuando no sorprendentes, de las relaciones humanas, que pueden producir alejamientos, pérdidas y hasta conducir a situaciones límites.

De Nancy Alonso, nacida en La Habana en 1949, ya conocíamos Tirar la primera piedra (1997) y Cerrado por reparaciones (2007).


Se disputaban el privilegio de a quién se le había ocurrido primero la iniciativa, aunque una idea como aquella bien podía ser hija de cualquiera de ellos. Lo cierto fue que en una de esas fiestas improvisadas, Margarita, Tony y Mario acordaron celebrar el vigésimo quinto aniversario de la inauguración del instituto preuniversitario donde habían estudiado en La Habana. La cuarta parte de un siglo transcurrido desde que se conocieran. Como para celebrar.

Ellos tres, auto titulados “el comité organizador”, se encargaron de sentar las pautas que regirían el encuentro. La casa de Tony, cuartel general de reuniones, sería el sitio del festejo. Por delante, siete meses de preparación.

Decidieron convocar a condiscípulos y profesores fundadores que vivieran en el país, sin importar en cuál ciudad. A los que estaban en otros lugares ya les dirían después. Sería de mal gusto invitarlos a un jolgorio al que no podrían asistir. Una alegría, en cambio, cuando les contaran y recibiesen las fotos y hasta las invitaciones como recuerdo.

El tema de los acompañantes se discutió mucho. La presencia de intrusos podría impedir la espontaneidad de la reunión, pero excluirlos era un peligro para el encuentro. Mario dio una salida inteligente: aceptarían un acompañante por invitado, mayor de edad.

Listas, hicieron listas, por grupo, por cátedra, hasta registrar los noventa y siete estudiantes y quince profesores en una base de datos que daría entrada a nombres, lugares de procedencia, carreras universitarias, direcciones, ocupaciones, teléfonos. El correo electrónico y la red de redes facilitaron la tarea de localización. Sólo se les escaparon dos a quienes se los había tragado la tierra, metafórica o literalmente.

Disfrutaron mucho el diseño de la invitación. Portada convencional con el recordatorio del aniversario. En el interior, el rostro del destinatario recortado, por obra y gracia de la computadora, a partir de las fotos que conservaban desde el día de la graduación. Debajo, una inscripción rodeada de notas musicales, Yesterday, all our troubles seem so far away, y luego las precisiones, día, hora, lugar de la cita, máximo un acompañante (mejor ninguno), prohibida la entrada de menores, se aceptan iniciativas, pasa la noticia a los del grupo, ¡no faltes!

Treinta miembros del clan fundador reportaron a filas en persona la noche del convite, seis enviaron mensajes de adhesión y sus excusas por la ausencia. Hubo a quienes nadie logró reconocer hasta no escuchar sus nombres. Otros, casi igualitos que antaño, gozaban de una eterna juventud tal vez pactada con el diablo. Besos, abrazos, risas, fotos, bromas, historias del pasado común. Los acompañantes apenas simulaban el aburrimiento tras una sonrisa de comprensión. Tantas veces habían escuchado aquellas anécdotas que ya se las sabían de memoria.

La pasarela preparada a espaldas de los organizadores fue un éxito. Vestimenta y peinados al estilo de antaño, la misma forma de modelar de entonces, las mismas melodías de fondo. Al final, Edilia y Julio, cogidos de la mano, exhibieron el uniforme del preuniversitario ante los aplausos y la algarabía de todos.

Comieron, bebieron, pusieron música del recuerdo. No faltó el juego de “La verdad”, con la botella girando en el centro de la rueda que hicieron sentados en el piso. Las preguntas que respondieron quienes fueron señalados por el pico de la botella se remitían a despejar incógnitas del ayer. Los amores secretos. La primera declaración. La virginidad. Los miedos. Las esperanzas. Las travesuras. Los desacatos. Las mentiras.

Una guitarra y unas claves aparecieron como por arte de magia, las mesas se convirtieron en tambores, y entonces fue el delirio. Corearon a voz en cuello las canciones de siempre, las del “Fifa’s Combo”. Qué más daba una nota discordante, una palabra cambiada. Lo importante era cantar, gritar y hasta llorar.

Cuando el alcohol y el cansancio habían hecho lo suyo, alguien sugirió llamar allá, a Fifa, para que supiera de aquella reunión, que no la olvidaban, ni a ella ni a ninguno del grupo. Aunque los separaran las noventa millas más largas de la geografía, eran también las más cortas.

Fue Margarita quien hizo la llamada. Todo dispuesto para se oyera la conversación por unas bocinas. Fifa se alegró mucho y enseguida le dijo a Margarita que acababa de llegar de la fiesta por el aniversario veinticinco de la fundación del preuniversitario. Y Fifa le contó de los que habían asistido, alumnos, profesores, de los que estaban gordos, de los que se mantenían igualitos, de cómo se había enterado de cosas en el juego de “La verdad”, de los disfraces, de cuánto se habían divertido cuando ella sacó su guitarra e improvisaron el “Fifa’s Combo”. Antes de relatar su parte, Margarita preguntó dónde se habían reunido. En el preuniversitario, fue la respuesta de Fifa, consiguieron reunirse en el mismísimo preuniversitario. Ya le mandaría las fotos.