II

El Señor Cogito lee el periódico

En primera plana
partes sobre una matanza de 120 soldados

la guerra ha durado mucho
uno puede acostumbrarse

justo al lado una información
sobre un crimen sensacional
con el retrato del asesino

la mirada del Señor Cogito
se desplaza con indiferencia
por la hecatombe militar
para sumergirse con gusto
en la descripción de las cosas
espeluznantes cotidianas

un obrero agrícola de treinta años
bajo la influencia de una depresión
mató a su mujer
y a sus dos pequeños

se presenta con minuciosidad
cómo aconteció el asesinato
la posición de los cuerpos
y otros detalles

a los 120 caídos
es inútil buscarlos en un mapa
una distancia demasiado grande
los cubre como una jungla

no motivan la imaginación
son demasiados
la cifra cero al final
los convierte en una abstracción

un tema para meditar:
la aritmética de la compasión

El Señor Cogito se lamenta de la pequeñez de los sueños

También los sueños se achican
Dónde están aquellos cortejos oníricos de nuestras abuelas y abuelos
Cuando coloridos como pájaros frívolos como pájaros subían alto
En las escaleras imperiales brillaban mil arañas
Y el abuelo ya sólo acostumbrado al bastón apretaba contra
el costado La espada de plata y a la abuela no amada que era tan amable
Que adoptaba para él el rostro del primer amor

A ellos
Desde nubes semejantes a humaradas de tabaco les hablaba Isaías
Y veían cómo Santa Teresa
Pálida como una hostia llevaba una verdadera cesta de mimbre

Lo que los amenazaba era grande como una horda tártara
Y la felicidad en el sueño como una lluvia de oro

Mi sueño: el timbre me afeito en el baño abro la puerta
El cobrador me entrega la cuenta del gas y la electricidad
No tengo dinero regreso al baño pensando
En el número 63,50
Levanto la vista y veo en el espejo
Mi cara tan realmente que me despierto con un grito

Si por lo menos una vez soñara con el jubón rojo de un verdugo
O el collar de una reina les estaría agradecido a los sueños

Informe sobre el paraíso

En el paraíso la semana laboral es de treinta horas
los salarios son más altos los precios están bajando constantemente
el trabajo físico no cansa (a causa de la menor gravedad)
partir leños es lo mismo que escribir a máquina
el régimen social es sólido y los gobiernos juiciosos
de veras en el paraíso es mejor que en cualquier país

Dicen que al principio era distinto:
resplandecientes círculos coros y grados de abstracción
pero no se logró separar con precisión
el cuerpo del alma y ella llegó aquí
con una gota de grasa con un hilo de músculo
hubo que sacar conclusiones
mezclar una pizca de absoluto con una pizca de barro
una desviación más de la doctrina una última desviación
sólo Juan lo previó: la resurrección del cuerpo

A Dios lo contemplan unos pocos
es sólo para los que tienen un pneuma puro
el resto escucha los comunicados sobre milagros y diluvios
con el tiempo todos contemplarán a Dios
eso cuándo llegará nadie lo sabe

Por ahora el sábado a las doce a mediodía
las sirenas aúllan dulcemente
y de las fábricas salen los proletarios celestiales
debajo del brazo llevan torpemente sus alas como violines

 

El Señor Cogito: el regreso

1
El Señor Cogito
decidió regresar
al pétreo seno
de la patria

la decisión es dramática
la lamentará amargamente

pero no puede soportar por más tiempo
los giros coloquiales
–comment allez-vous
–wie geht’s
–how are you

las preguntas aparentemente sencillas
exigen una respuesta complicada

el señor Cogito arranca
los vendajes de la indiferencia benévola
dejó de creer en el progreso
le interesa su propia herida

las exposiciones de abundancia
lo colman de aburrimiento

se apegó solamente
a una columna dórica
de la iglesia de San Clemente
al retrato de cierta dama
a un libro que no logró leer
y a un par de minucias más

por lo tanto regresa
ve ya
la frontera
el campo arado
las mortíferas torretas de tiro
el espeso matorral de alambre

las silenciosas
puertas blindadas
se cierran lentamente tras él

y ya
está
solo
en la caja de caudales
de todas las desgracias

2
pues para qué regresa
preguntan los amigos
del mundo mejor

hubiera podido quedarse aquí
establecerse de algún modo
confiar la herida
a los quitamanchas químicos

dejarla en una sala de espera
de los grandes aeropuertos

pues para qué regresa
–al agua de la infancia
–a las raíces enmarañadas
–al abrazo de la memoria
–a la mano al rostro
de los quemados en las parrillas del tiempo

las preguntas aparentemente sencillas
exigen una respuesta complicada

tal vez el Señor Cogito regresa
para dar respuesta
a los susurros del miedo
a la felicidad imposible
al golpe por sorpresa
a la pregunta insidiosa

El Señor Cogito acerca de la virtud

1
No tiene nada de extraño
que no sea novia
de hombres de verdad

de generales
de atletas del poder
de déspotas

durante siglos va tras ellos
esta vieja señorita llorosa
con un horrible sombrero del Ejercito de Salvación
amonesta

saca del cuarto de desahogo
un retrato de Sócrates
una crucecita modelada de pan
palabras viejas

–mientras que alrededor retumba una vida espléndida
rosada como un matadero en la mañana

casi se la puede enterrar
en el cofrecito de plata
de los recuerdos inocentes

es cada vez menor
como un cabello en la garganta
como un zumbido en el oído

2
Dios mío
si ella fuera un poco más joven
un poco más bonita
si marchara con el espíritu de la época
si meneara las caderas
al ritmo de la música de moda

tal vez entonces se enamoraran de ella
hombres de verdad
generales atletas del poder déspotas

si cuidara de sí
si tuviera una apariencia humana
como Liz Taylor
o la Diosa de la Victoria

pero de ella sopla
un olor a naftalina
ata con cordones los labios
repite un gran No

insoportable en su obstinación
ridícula como un espantapájaro
como el sueño de un anarquista
como las vidas de los santos

Traducción de Polaco:Desiderio Navarro