Herbert, la intensidad de la parte

Ricardo Alberto Pérez

Uno de los poetas polacos más valiosos del siglo XX es Zbigniew Herbert (1924- 1998). Los títulos de algunos de sus libros son El estudio del objeto, Inscripción, Informe de una ciudad sitiada, y Epílogo de la tempestad. Publicamos ahora una selección de sus poemas traducidos por Desiderio Navarro. Incluimos además las reflexiones que, sobre una de estas composiciones en particular, "Don Cogito lee el periódico", escribió Ricardo Alberto Pérez.






Después de una lectura atenta de numerosos textos del escritor polaco Zbigniew Herbert he recordado más que nunca estos versos extraordinarios contenidos en el poema "Ventana", del nicaragüense Alfonso Cortés: toda la intensidad del cielo se resume en este trozo azul. Pues algo así me ha sucedido con la lectura de Herbert, toda la rica complejidad, y afán de escudriñar el mundo y su memoria lo he disfrutado a partir de uno de sus textos, que por esa extrañeza que nos relaciona a los poetas, aunque pertenezcamos a distintas épocas o latitudes me ha cautivado; y desde su atmósfera sorprendente, capaz de encerrar en breves líneas la misma intensidad y lucidez que una extensa y brillante obra narrativa, he querido mirar hacia este autor cuyo cuerpo y mente vivieron y sufrieron fuertes arremetidas de la historia, sobre todo en su fase de expresiones totalitarias. Al autor también parece interesarle abordar la historia como una opción de reconstruir al pasado e integrarlo a su polémica zona de lenguaje.

El poema elegido es uno de los tantos que conforman la parte de su escritura protagonizada por el célebre Don Cogito, una suerte de voz interna que el poeta corporiza y lanza a la palestra. Este tipo de sujeto que sobrepasa el estrecho margen de su psiquis y habla con el tono de una época, y sus aspiraciones, ya me ha cautivado en otros autores, como son los casos de "señor pluma" de Henri Michaux, y el valeroso Schwejk de Jaroslav Hasek, claro, ambos provienen de la prosa, por lo que puedo confesar que no había disfrutado nunca antes en el verso de este tipo de personaje que ningunea cualquier otro detalle estético y se impone en la franca grandeza de su singularidad.

El poema al que me estoy refiriendo desde el comienzo es "Don Cogito lee el periódico". Sólo de escuchar el título podemos visualizarlo fácilmente, sin dudas el espíritu de lo teatral lo promueve haciéndolo atractivo para el lector. El texto nos remite a una escena cuyo contenido filosófico es grande, pero en ningún momento empobrece el alto valor lírico del lenguaje, y se podría decir que este rasgo se repite una y otra vez en casi todos los textos que conozco de Herbert, virtudes que pocos poetas logran empastar como una sola, enriqueciendo y ampliando las posibilidades reales de la creación poética.

Don Cogito, al tomar el periódico, a lo primero que se enfrenta es a un pasaje de la guerra: han muerto 120 soldados. Es sin dudas la guerra uno de los grandes temas de Herbert, justo como los hombres fueron especializándose en odiarse, pero el poema va mucho más allá de esa descripción y se sumerge en un análisis de cómo podemos llegar a la más definitiva crueldad, a través de la aceptación de lo cotidiano dentro de una supuesta normalidad. Cogito ha tomado el periódico en innumerables ocasiones en las cuales se ha encontrado semejantes noticias de soldados muertos; el resultado es que ya este hecho no lo conmueve, y salta inmediatamente hacia otro tipo de morbosidad que persigue a casi todos los seres humanos y que se relaciona con los crímenes pasionales y sus descripciones detalladas. Herbert nos quiere decir que la condición anónima de los muertos en la guerra los confina a una incómoda penumbra, tal vez por eso proliferan en tantas partes del mundo los monumentos al soldado desconocido. La creencia en la patria es algo que inyecta constantemente su creatividad, de la que derivan muchas de esas preocupaciones que terminan por funcionar como soporte de una sensibilidad mucho más abarcadora, y hasta cierto punto, controvertida.

El poema finalmente nos dice que el número de muertos en la guerra ha crecido tanto que vuelve a ser cero, por lo que se convierten en una abstracción, es como si una colina insondable de cadáveres fuera demolida por la propia ley de la contienda; según él, el mundo ya no sólo carece de sensibilidad, sino, lo que puede ser aun más grave, carece de imaginación, y así puede ignorar todo el dolor acumulado sobre el relieve.

Herbert parece ser uno de esos poetas imprescindibles que nosotros los de lengua española apenas empezamos a descubrir, su sensibilidad y su original manera de interpretar al hombre y sus conflictos, se suman ya a la grandeza de otros nacidos en su tierra, sin los cuales sentiríamos profundas lagunas en nuestra percepción intelectual. Por eso, recibámoslo como ya lo hemos hecho con Chopin, Farol Szymanowski, Andrzej Wajda, Krysztof Kiëlowski, Miloszt, y Witold Gombrowiz

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