Estilo indirecto libre
Liliana Heer
Skizein (decálogo del año cero), y otros cuentos–Premio Iberoamericano de Cuento Julio
Cortázar 2008, Editorial Letras Cubanas–, reúne
los cuentos galardonados en este concurso,que
nos permiten acceder a historias,versiones más y
menos veladas del cuerpo social iberoamericano,
testimonios de una época con alto espectro
de movilidad imaginaria.
La tuerca gira una vez más. Los códigos se
multiplican alrededor de la clásica temática
sexo-muerte-memoria, con un denominador
común: la vía porosa del desencanto en clave
experimental.Ficciones que ponen en marcha
un arsenal de estrategias a través de las variadas
defensas subjetivas de los personajes, ya
sea mediante un actuar emboscado o partiendo
de posiciones solitarias con picoteos
eróticos. Francamente conjurado el lirismo, se
hacen visibles las construcciones irónicas, los
resortes satíricos y los artificios que encuadran
la trama en un intento de revertir la
leyenda atornillada de los planteos genéricos.
Una manera de interactuar con el lector atravesando
convenciones, bien acentuado
el quiebre de modelos y su consecuencia:
el naufragio de la relación con el
otro.Búsquedas innumerables de sobrevivir
en las que el auxilio artístico opera
de legado como voluntad de recuperación
y nexo entre generaciones pasadas.
Espléndida aventura textual: tres palabras
definen a "Skizein (Decálogo del año
cero)".Polina Martínez Shviétsova siembra
diez epígrafes en su cuento. Números y
letras orientan la trama esculpida bajo
shock,énfasis de escritura a diestra y siniestra,
intervenciones,citas,ensayo de guión y
sabiduría del corte.Como si el montaje formara
parte del plot.
"Skizein" comienza mientras la historia
mundial continúa, teñido por la resonancia
de aquella frase (inmencionada) de
Descartes: "Una sola persona posee juntos
un cuerpo y un pensamiento".Este concepto
permite que materia y espíritu sean usinas
complementarias. "Los textos desfilan
entre mis dedos y siento las contorsiones de la
muerte", escribe Shviétsova, como si le hiciera un
guiño a Julia Kristeva:"Hay que haber sido amada
por la muerte para nacer y pasar a la escritura".
Guiño,sonrisa,risa que estalla de inmediato con el
tambor alegre del sexo vivo, extenso. "Soy yo…
Estoy loca, pero soy yo." Goce del ser sin exigencia
alguna, aún habiendo enunciado la
frase de Nietzsche: "Cada uno es el ser más
distante de sí mismo". Porque justamente ahí,
en la locura de esa distancia aparece la fórmula
del misterio. Los interrogantes filosóficos
desfilan ensortijados por la habilidad de fluir,
condensar,hacer presente la realidad:Spinoza
y Diógenes al alcance de la mano,sin olvidar el
tono Bataille y su aroma pulsional.
Oliverio Coelho elige en "Sun Woo" exponer
la vida de un escritor argentino ante los
efectos de traducción.Visitante en trastorno:
lenguaje y cuerpo mutados, ajenos al secreto
extranjero. Un devenir fortuito irrumpe el
previsible pasar burgués del protagonista, lo
desvía. De París a Seúl, como si toda ciudad
contuviera la nostalgia de la Torre de Babel.
Abierto desde afuera permanece expulsado,
en auto-entrega progresiva: fuera de sí ante
la seductora prisión del rapto. "Cualquier
otro escritor habría buscado su cuaderno de
notas, Elías en cambio buscó un espejo…"
Más y más cerca del vacío, pantalla donde
hurto y donación conviven.
Y si de Cortázar es la convocatoria,un estilo de
homenaje es delinear travesías por el Sena recordando
lecturas,desde Los Miserables a Rayuela.El
paisaje americano desplegado en simultáneo.
"La Diabla en París" o Ladi Abla o la joven que
recibió una flor de mano del festejante -herido
por una de las espinas de la maldita flor,con infección,
dedo amputado y degradante desenlace-,
además de inventar su nombre,dibuja un final en
pretérito perfecto. Gran hallazgo de Patricia
Jiménez,su "He amado".Gesto cómplice,contrapunto
y vencimiento de la persecución pueblerina
en el hacer de narradora experta en doblajes.
El asombro ante un limonero crecido es la
primera señal de reconocimiento en el amanecer
de un protagonista –narrado en tono
becketteano– que no sabe quién es y observa
con mirada de scanner el ámbito que lo
rodea. "Un lunes cualquiera" de Carlos Costa,
cuento escrito en tiempo presente, con una
primera persona puesta en abismo.
Despierto en el momento de percibir –esse
est percipi–, diáfano de impaciencia, el hombre
reconoce su malestar, el dolor, el miedo,
pero lo acompaña una certidumbre no formulada:
comunicarse a través del silencio,
callar, atar cabos, fiel a la línea del proverbio
"El buey solo bien se lame". Abierta una ventana
sobre lo real, confía en el hábito, aquella
planta entre todas las plantas humanas
–según Proust– que exige menos cuidado y
es la primera en brotar de la aparente desolación
de la roca más árida.
El cambio de aliento de un viejo Buick es la
oportunidad del chofer, que atraviesa una
"Isla a mediodía", de consolarse auxiliando a
una mujer que hace autostop en la ruta y no
se llama Consuelo como la esposa, pero él
prefiere –en el diálogo fantaseado que mantiene
con ella– llamarla igual. Las preguntas
acerca de los parecidos y los reproches a la
ausente se alternan con breves diálogos con
la pasajera. "–Chofe, ¿hasta dónde llega? –Al
fin del mundo." Hay sorpresas en el camino,
Anisley Negrín compone una singular trama
triturando el canon del ternario amoroso
mediante la incorporación de un personaje
objeto. La pasajera obsequia al conductor
una muñeca inflable: Juliet será testigo y
parte de un vínculo nuevo, o casi. Como
decía Lévi-Strauss: lo esencial en una sociedad
es la circulación y el intercambio.
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