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II
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El hecho de que la crítica tradicional aún se resista a concederle legitimidad a la blogosfera, es más o menos equivalente al poco interés que el mismo cine recibió de la gente más culta en la primera mitad del siglo pasado. Pero las circunstancias ahora son otras: vivimos en una época donde ya lo digital no es algo excepcional, sino que se ha incorporado a la vida del hombre como parte del acontecer más cotidiano. Por eso aquella proposición de Nietzsche –"leer menos y pensar más"–, hasta hace cinco o seis años podía parecer un despropósito, debido a la fetichización de la escritura que Occidente ha hecho (Martin Lienhard); pero en la actualidad, del fetichismo de la escritura se ha pasado sin la menor consideración al fetichismo de las nuevas tecnologías.
Eso ha traído canjes inevitables en el modo de concebir nuestra relación con el mundo que nos rodea, afectando ya no sólo la producción simbólica y su consumo, sino, además, la forma en que más tarde se percibe críticamente esa relación. Por otro lado, si antes era indispensable la presencia física del receptor en un museo o una sala de cine para hablar de la consumación del hecho artístico, hoy la proliferación de medios donde se anuncia que todos los caminos conducen a Internet, han terminado por modificar el pacto. Dentro de ese panorama, el crítico ya no es el centro emisor o monopolizador de conocimiento, sino apenas el moderador de una tertulia donde todos aportan. Pareciera entonces que el crítico ya nunca más impartirá conferencias magistrales, sino que, en todo caso, será partícipe de una conversación infinita.
Con ello, es posible que de alguna manera comience a vislumbrarse algo del reclamo que en 1964 hiciera Susan Sontag, pues en un contexto así, la hermenéutica apenas tendría cabida. Me apresuro a recordar que el grito de guerra de la Sontag no era contra la interpretación tal como la entendía Nietzsche –"No existen fenómenos morales, sino sólo una interpretación moral de fenómenos"–,(5) sino contra ese conjunto de convenciones reductoras que piensan el arte (y, de paso, el universo y la vida), de acuerdo a unos cánones estrechos heredados, y que convierten en el pie forzado a través del cual las películas terminan ilustrando lo que, por anticipado, ya afirmaban las teorías. "Por interpretación", explicaba irritada la Sontag, "entiendo aquí un acto consciente de la mente que ilustra un cierto código, unas ciertas ‘reglas’ de interpretación".
Mi criterio es que pretender suprimir la interpretación (amén de quimérico) tendría los mismos efectos negativos que querer abolir el goce de los sentidos en toda recepción. Después de todo, un buen intérprete puede ayudarnos a encontrar nuevos ángulos del hecho artístico, a pensarlo desde perspectivas hasta ahora insospechadas, y con ello devolverle al espectador parte de esa autoestima que ha quedado reducida a la nada, bajo el peso de la autoridad del crítico que recicla una y otra vez los mismos parámetros de siempre.
Veo el lado negativo que implica un abuso de la interpretación en el hecho de convertir a esta en el gran mito de la crítica, en el equivalente de ese progreso material al que la modernidad le quiso adjudicar la razón misma de vivir, olvidando que, para decirlo como David Bordwell, "a través del proceso interpretativo, el crítico trabaja principalmente como un artesano, no como un teórico. Utiliza lo que tiene a mano, incluyendo la ‘teoría’, para construir una interpretación aceptable y original".(6) Más interesante que interpretar "la obra en sí", nos sugiere Bordwell, sería establecer los nexos de ese fenómeno con toda una tradición o historia que en muchas zonas sigue siendo aún virgen.
Se me antoja que un blog, como herramienta, puede estar más cerca de esa "poética histórica del cine" que Bordwell propone a modo de alternativa al abuso de la interpretación. Verdad es que en la blogosfera ahora mismo no abunda la madurez, pues lo predominante por el momento es un "todo vale". Pero incluso en ese contexto, ya va siendo importante el modo en que se está logrando recuperar relatos hasta ahora suprimidos por el peso de la historia más oficial del cine, esa que ha priorizado el enfoque de un devenir signado por un autor o conjunto de espíritus superiores, en detrimento de un historia más "técnica", más material, más fangosa, y por ello mismo, menos atractiva para los intérpretes.
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Me gustaría culminar estas breves ideas imaginando el posible impacto de la blogosfera en el ejercicio de la crítica del audiovisual en Cuba. Será una manera de seguir dialogando con una de las reflexiones más sugestivas que ha propuesto alguna vez en su carrera de teórico Julio García-Espinosa. Me consta que Julio ha querido matizar su posición de antaño, como si temiese contrariar demasiado el ego de quienes ejercemos este oficio del siglo XX, pero aquella afirmación suya de que "por otra parte, el cine imperfecto rechaza los servicios de la crítica. Considera anacrónica la función de mediadores e intermediarios",(7) todavía mantiene el atractivo del primer día.
Admito que todo lo que mencione en este apartado, por el momento sonará a fantasía alucinante. En la isla, Internet todavía es un lujo de unos pocos, y para hablar con seriedad de blogosfera, lo primero que debe garantizarse es el libre acceso de todos. Pero aun así será una buena forma de imaginar un cambio en el actual orden de las cosas. Después de todo, la crítica tiene el deber de proponer visiones incómodas al imaginario más común, y eso no necesariamente tiene que ver con la sofisticación de enfoques metafísicos. Nada nuevo hay bajo el sol, pero buena parte de lo que hay ni siquiera lo hemos estudiado o pensado. Hora de regresar, pues, a tierra.
La primera ventaja que aprecio en la posibilidad de fomentar una red de blogs dentro del espacio crítico cubano, es que ayudaría a edificar, por fin, una verdadera cultura del debate. Pues si algo impide que la crítica cubana (o quienes la ejercen) consiga una presencia real en la esfera pública del país (que es como percibo la verdadera utilidad de un debate o crítica), es la casi nula variedad de enfoques. El tedio ha impregnado nuestras prácticas, porque no hay intercambio de criterios, ni interacción de las nociones que se puedan tener del fenómeno audiovisual. Hay críticos brillantes con pensamiento propio, desde luego, pero rara vez ese pensamiento alcanza a disfrutar de los contrastes. Todo es sospechosamente armónico. En este sentido, las conclusiones a las que llega Bordwell en su ensayo, pueden resultarnos útiles también a nosotros:
Si mi censura de la crítica dominada por la interpretación tiene sus fundamentos, resulta inevitable hacer ciertas recomendaciones más bien obvias. Los críticos, este escritor inclusive, podrían escribir con mayor precisión, rigor y vigor. Podrían elaborar sus investigaciones en torno a hipótesis y cuestiones en vez de basarse en "aplicaciones". Deberían ser más ambiciosos e incisivos desde un punto de vista teórico y procurar hacer una utilización más consistente de los términos especializados. Sobre todo deberían discutir más. El diálogo y el debate afilan argumentos, dirigen la atención hacia puntos más específicos e invitan al lector a ser escéptico.(8)
Esta última sugerencia ("discutir más") tal vez sea la más difícil de aplicar entre los entendidos cubanos. Nuestra crítica a ratos se confunde a sí misma con el Fin de la Historia, por lo que difícilmente pueda encontrarse una predisposición al diálogo y el debate con aquello que no coincida con sus presupuestos. Todo lo contrario: lo que impera es la pose defensiva, el discurso sordo desde la cómoda trinchera, o peor aún, la indiferencia. Por lo general, cada cual va mostrando apatía ante lo que contrasta con su propia visión, y cuando llega a existir una reacción, es para seguir aplicando el arte de la interpretación freudiana, esta vez con el fin de descubrir cuáles oscuros designios movilizan el interés de aquel que osa oponer algunos reparos a las prácticas del gremio.
Se trata de una mirada provinciana que sólo es funcional en aquellos contextos donde apenas un grupo reducido de personas tiene el privilegio de expresarse públicamente, ya sea en la radio, la televisión, o las revistas especializadas. Justamente la blogosfera está terminando con ese mayorazgo. Y de allí el primer gran mérito de ese espacio: la posibilidad de descubrir, casi en tiempo real, la existencia de otras voces que piensan el asunto desde otra perspectiva.
El otro gran reto que supondría la blogosfera al crítico tradicional, está en el hecho de obligarlo a superar ese lenguaje que sólo entienden los habitantes de la aldea, pero que fuera de esta, apenas se toma en cuenta. No hablo del lenguaje en su sentido más denotativo (ya sea transparente o críptico), sino en el connotativo. Necesitamos que nuestro discurso se haga coherente con el espíritu de una época que demanda la atención de todo aquello que la modernidad hizo a un lado, en su afán de articular grandes relatos. Hoy el crítico, si quiere de veras ser efectivo, ha de prestar más atención a lo que pasa a su alrededor, a lo que está al alcance de sus sentidos, por mínimo que parezca, que a lo que sospecha que está aconteciendo "más allá".
Por otro lado, es posible que al trabajar en este medio, la crítica de cine renuncie por fin a ser literatura que describe las impresiones que le causa esta expresión artística, para ser ella misma audiovisual, en tanto por primera vez el crítico tiene al alcance de sus manos la posibilidad de hablar sobre la imagen en movimiento explotando a la imagen misma, sin necesidad de mediadores técnicos. Con ello estaríamos evitando esa sensación de senectud a la cual aludía la Sontag, al mencionar el mal uso del presente, pues si ya entre nosotros la edad digital es un hecho (al menos psicológico), lo menos que se le puede reclamar a la crítica del audiovisual en Cuba, es que se ponga a la altura de ese presente.
Tomado de: Bloguerías, Editorial Ácana, Camagüey, 2009.
(1) Todas las citas han sido extraídas de Susan Sontang: Contra la interpretación, Seix Barral, Barcelona, 1969.
(2) Ibídem.
(3) Frederich Nietzsche: Epistolario inédito, Gráfica Excelsior, Madrid, 1917.
(4) Véase este fragmento de la carta que envía a su hermana en junio de 1884: “¡Quién sabe cuántas generaciones tendrán que pasar para hacer surgir unos cuantos hombres que sientan en toda su profundidad lo que yo he llevado a cabo! Pienso, con temor, que cuando eso llegue habrá también muchos que sin derecho y sin causa alguna se escuden con mi autoridad. Pero tal es el tormento de todo gran maestro de la Humanidad; saber que por distintas circunstancias tanto bien puede ser una fatalidad para los hombres como una bendición”. En su Epistolario inédito, pp. 216-217.
(5) Friedrich Nietzsche: Obras selectas, Edimat Libros, España, p. 324, [s.a.].
(6) David Borwell: El significado del filme. Inferencia y retórica en la interpretación cinematográfica, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona, 1995, p. 276.
(7) Julio García-Espinosa: Un largo camino hacia la luz, Ediciones Unión, La Habana, 1986, p. 29.
(8) David Bordwell: ob. cit., pp. 289-290.
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